ARQUETIPOS DE LA MÁSCARA Y LA SOMBRA EN EL COMIC DE SUPERHÉROES

LUIS ROBERTO OROZCO . CARRERA DE ARTE TERAPIA

2010

INDICE:

     INTRODUCCIÓN

1- SUPERMAN: El Caballero Blanco o El Hijo de la Ilustración.

1.1 - El Origen

1.2- Clark Kent como Máscara y Lex Luthor como Némesis/Sombra de Superman.

2- BATMAN: El Caballero Negro o el Hijo de Romanticismo Gótico

 

2.1- El Origen.

 

2.2- Bruce Wayne como máscara y el Joker como Némesis/Sombra de Batman

3- De “La Liga De La Justicia” a  “La  Liga De  Los Caballeros Extraordinariamente Ambiguos”.

3.1- El Profesor X y Magneto: Polaridad Máscara/Sombra

3.2- Wolverine, Batman y la Hermandad De La Venganza.

4- A Modo De Conclusión

 

INTRODUCCIÓN

A la hora de hablar de los superhéroes y de los arquetipos de la máscara y la sombra, que aquí se han abordado, hemos de partir de la complejidad misma que nos presentan estas producciones. Tanto Superman y Batman, quienes han cumplido los setenta años de vigencia en la cultura de masas, como otros superhéroes, han sufrido un sinfín de readaptaciones de sus aventuras, dado que en los Estados Unidos se editan tiradas semanales de cada una de las revistas como así también tiradas mensuales de números especiales que se presentan de modo limitado. Esto sin contar con las novelas gráficas y las adaptaciones para televisión y cine en las cuales el personaje ha sufrido cambios, unas veces por exigencia del medio mismo y otras por la visión particular de cada realizador quienes no han sido ajenos al paso del tiempo y los cambios ideológicos que han vivido el mundo moderno y la cultura norteamericana. Independientemente de las variadas modificaciones que han sufrido estos superhéroes a lo largo de la historia, dichas modificaciones no han sido en realidad relevantes como para alterar el sustrato arquetípico de los mismos.

Como bien lo expusiera Umberto Eco en su libro “Apocalípticos e Integrados”, las aventuras de Superman (lo mismo para cualquier superhéroe del comic) están concebidas dentro de un mitologema cerrado; pues bien sea en un solo número de la revista o en varios, en la novela gráfica, en la serie televisiva o en la producción cinematográfica, el superhéroe siempre cumple con un mismo esquema.

De antemano sabemos que el superhéroe es un individuo prodigioso, que tiene una procedencia no convencional, que siempre lucha por el bien en contra del mal (encarnado en sus archi enemigos o en cualquier criminal de turno) y que, por lo general, rescata del peligro a la chica (dama o princesa). Todo esto inscrito dentro del modelo arquetípico del héroe mitológico descripto por Joseph Campbell. Así pues, después de setenta años de un infinito vaivén de las historietas y el mercado, podemos seguir observando los “elementos básicos” del superhéroe del comic.

Estas características anteriormente enumeradas serán algunas de las que aquí tomaremos como muestreo a la hora de cualquier planteamiento científico, el cual siempre estará enmarcado dentro de un enfoque cualitativo y un método hermenéutico- fenomenológico. El análisis de estos personajes, que se ha hecho a la luz de la teoría Jungiana de los arquetipos, y los resultados o reflexiones que de dicho ejercicio surjan, no pretenden ser la última palabra en cuanto a este fenómeno se refiere.

1- SUPERMAN: El Caballero Blanco o El Hijo de la Ilustración.

 

Cuando en el año 1938 los editores del fanzine “Action Comics” de Science Fiction  se decidieron ha darle la oportunidad a un ficticio personaje que cumplía con las características de algunos de los héroes de las mitologías clásicas como protagonista del relato titulado "El reinado del Superhombre”, tal vez nunca imaginaron que con ello darían con el nacimiento de lo que vendría a convertirse en la industria de los comics de superhéroes.

1.1 - El Origen

Superman nació en el planeta Kriptón con el nombre de Kal-el, siendo hijo del científico y líder Jor-El y de la antigua astronauta Lara Lor-Van. Cuando Kal-El tenía aproximadamente 2 ó 3 años de edad, Jor-El descubrió que en el interior del planeta se estaba formando un nuevo elemento químicamente letal para los kryptonianos debido a las altas presiones dentro del planeta, el cual a su vez estaba ascendiendo lentamente a la superficie, lo que ocasionaría su destrucción, por lo que trató de llamar la atención de los líderes del planeta, el Consejo de Ciencia. Estos, sin embargo, no le creyeron, y se negaron a advertir del peligro al resto de los ciudadanos de Kriptón, prohibiéndole además que lo hiciera para evitar que cundiese el pánico. Jor-El prometió que ni él ni su esposa Lara abandonarían Kriptón, aunque en secreto decidió usar el tiempo del que disponía para salvar a su hijo. Momentos antes de la explosión de Kriptón, Jor-El lanzó a Kal-El en una cápsula espacial con rumbo a la Tierra, sabiendo que la baja gravedad de la Tierra y su sol amarillo darían al niño extraordinarios poderes. La nave de Kal-El aterrizó en un campo cerca del pueblo de Smallville (Villa chica) y fue descubierta por Jonathan y Martha Kent. Ellos lo llamaron Clark (apellido de soltera de Martha) y después de adoptarlo legalmente, lo educaron en su granja hasta sus años en la preparatoria.

Tal y como ocurre con el héroe mitológico (Gilgamesh, Thor, Heracles, Horus, Beowulf, etc.) se nos revela un origen fantástico y lleno de peligros para el futuro Superman, el pequeño Kal-el. Con el mismo esquema arquetípico que en los mitos del rey Sargón de Agade (2550 a.c.) quien fuera puesto en una canasta de juncos y arrojado al Éufrates, para ser descubierto por Akki el agricultor y posteriormente ser favorecido en su juventud por la diosa Ishtar, para terminar siendo Rey/emperador coronado como un dios vivo; o como en el mito de Chandragupta (siglo IV a.c.), el fundador de la dinastía hindú Maurya, que fue abandonado en una vasija de barro en el umbral de un establo; o el Moisés hebreo que es puesto en una cesta de mimbre y barro para librarle de la muerte, el niño cryptoniano es puesto en una moderna cesta/cápsula espacial, quedando huérfano y destinado a ser criado por padres adoptivos, que han de ayudarle a potenciar sus capacidades especiales, (súper-poderes para este caso), en su futura madurez.

Como podemos ver entonces, al  igual que en el pensamiento primitivo no se cuestionaba el origen del héroe mitológico, en la civilización moderna “americanizada” no se cuestionó la procedencia del primer superhéroe. Dado que pareciera paradójico el jugo que se da, entre el origen de Superman y el nombre mismo. Pues si Superman es un extraterrestre ¿cómo puede llamarse el superhombre?, partiendo de la lógica de que KaL-El no es ni ontogenética ni filogenéticamente un ser humano. Sin embargo esto no es extraño cuando lo vemos desde una perspectiva arquetípica-simbólica, donde la predominancia es del mito por sobre el logos.

Según nos dice Campbell: “el héroe cultural primitivo de cuerpo de serpiente y cabeza de toro llevaba con él desde su nacimiento la fuerza espontánea creadora del mundo natural. Ese era el significado de su forma. El hombre héroe, por otra parte, debería descender a restablecer las conexiones con lo infra humano. Siendo este el  sentido de su aventura”[1]. Así entonces, tenemos en Superman una especie de hibridación de ambos. Pues de un lado se nos dice que el héroe desciende del espacio y de otro lado, aunque físicamente su imagen cuenta con la apariencia de un humano, sus poderes son inhumanos, naturales y cuasi-divinos.

Superman es un héroe cultural en tanto el slogan de sus poderes responde a la ideología de la cultura norteamericana ilustrada y progresista. “Más rápido que una bala, más fuerte que una locomotora, vuela tan alto como un avión” eran los atributos que en su momento hacían referencia al recién ideado superhéroe; al igual que su super-oído, su visión telescópica, microscópica y de rayos X, claras alusiones a los inventos/artefactos, como extensiones del hombre científico y conquistador de todos los misterios del universo; en otras palabras, un superhombre.

Por otro lado no deja de llamar la atención que cuando se lee la definición de superhéroe que aparece en la Wikipedia, diga literalmente “Un superhéroe es un personaje de ficción cuyas características superan las del héroe clásico[2]. Tomando esta definición, Superman no sólo está por encima de cualquier humano corriente sino que también lo está por encima del héroe mitológico; lo cual está desvirtuado puesto que Superman es un símbolo que recubre un arquetipo, sólo una vestimenta metafórica de un sustrato trascendente y no, el arquetipo en sí ni mucho menos puede estar por encima del mismo.

Esto tal vez se deba a que Superman, el primer superhéroe, fue gestado en medio de un humanismo ilustrado (el sueño americano). Pues el superhombre es una concepción filosófica del “oscuro matriarcalismo” Nietzscheano, pero que en aras del progreso, la historia y el pensamiento ilustrado, fue usurpado por el “fálico-patriarcalismo” del discurso ideológico moderno. Así entonces desde su comienzo Superman tiende a develar su oscura sombra.

1.2- Clark Kent como Máscara y Lex Luthor como Némesis/Sombra de Superman.

Pasado el tiempo, el joven Clark Kent descubre el bien que podría realizar con sus poderes y comienza a entrenarse para poder usarlos con sabiduría. Después de la graduación de la preparatoria, Clark se muda a la ficticia ciudad de Metrópolis para estudiar en la universidad. Durante estos años, se convierte en Superman y después de la graduación como periodista, es contratado como reportero del Daily Planet (diario El Planeta) logrando ser un notable escritor de libros. Tímido y torpe como Clark Kent duda entre el amor de Lana y Lois Lane, todo ello sin dejar de usar sus asombrosos poderes para luchar por la verdad, la justicia y el estilo de vida estadounidense.

Lex Luthor, o Alexander Luthor, en un principio y durante la adolescencia aparece como amigo de Clark Kent, luego con el paso del tiempo se convierte en el archi enemigo de Superman. Su primera aparición fue en Action Comics Nº 23 en 1940. Su historia ha sido varias veces cambiada o revisada desde su creación. Luthor es representado, en muchos sentidos, como el inverso de Superman: carece de poderes sobrehumanos de cualquier tipo, no tiene identidad secreta, su poder se basa en su dinero e inteligencia, es terriblemente orgulloso y vengativo y carece de principios éticos. En las versiones anteriores a las “Crisis en las tierras infinitas”[3], era básicamente un ladrón terriblemente peligroso por su inteligencia y capacidad de manipular a los demás. En cambio, en las versiones posteriores pasó a ser el "dueño de Metrópolis", al ser el propietario de Lexcorp, la corporación que controla toda la economía de la ciudad.

 

En ciertas versiones (el Superboy original, la serie Smallville), la enemistad entre Luthor y Superman se remonta a la juventud de ambos. En la versión actual del comic “Superman: Legado” se establece un nuevo origen canónico, unos jóvenes Clark Kent y Lex Luthor son amigos. Luthor es presentado como un joven incomprendido e inteligente, obsesionado con descubrir vida extraterrestre, para lo cual aplica cuanto principio científico y tecnológico tiene a su mano. Un accidente en su laboratorio hace que desaparezca de Smallville y borre todo rastro de su presencia anterior en su pueblo. Una vez reencontrados Kent y Luthor como adultos, Luthor parece no recordar a Clark ni su estancia en Smallville.

 

Un hito interesante de la historia, es que Luthor descubre que Superman es vulnerable a la Kriptonita, de la cual se procura un fragmento para usar en su anillo que con el tiempo le causa cáncer, primero en la mano y posteriormente en el resto del cuerpo. Destinado a convertirse en el peor enemigo de Superman, su padre el billonario Lionel Luthor, lo educa estrictamente para ser como él. Lex lucha durante las primeras temporadas para no ser como su padre pero finalmente a finales de la 4ª temporada y en la 5ª acaba sucumbiendo a su lado oscuro, clara metáfora de que Lex termina repitiendo la historia de su padre, o sea la continuidad del pensamiento y estilo de vida norteamericano.

 

Otro hito relevante es que, como se muestra en “Superman Returns” llevada a la pantalla en el 2007, Lex Luthor es quien descubre la fortaleza del cristal donde yacen los restos (a modo de diamantes) en los que están confinados una serie de memorias y mensajes que Jor-El (el padre de Superman) le había dejado a su hijo. Los cristales que se han de disponer a modo de teclados codificados de una especie de supercomputadora que parecieran contener el espíritu de Jor-El, permiten que Kal-El reciba los consejos de un sabio y fallecido padre. ¿Acaso esto último sería una simbolización de que para acceder al padre sinceramente habría que conciliarse con su sombra tomando consciencia de ella?; pues es Lex Luthor quien, aparte de Superman, puede escuchar algunos de los mensajes de Jor-El y se hace con fragmentos del cristal para crear su generador de energía super desarrollada.

 

A pesar de que, como hemos mencionado, Lex Luthor ha sufrido modificaciones con el paso del tiempo, no por ello deja de ser la némesis por excelencia de Superman, mostrando claras referencias a la sombra del mismo. En un comienzo sólo era un ladrón que se caracterizaba por su inteligencia y poder de manipulación, lo cual puede verse como la capacidad demagógica del político americano para manipular a sus ciudadanos. Por otro lado, desde un comienzo pero más acentuado en la actualidad, se nos revela a un Luthor completamente obsesionado con la obtención de un poder extraterrestre igual o superior al de Superman, para lo cual utiliza su inteligencia científica y los avances tecnológicos, amparado en el poder económico que le heredara su padre, el tecnócrata multimillonario dueño de Smallville (Villa Chica) o, en otras palabras, la aldea global.

Superman no es un hombre, es un símbolo, que sobrepasa a Clark Kent, de igual modo Lex Luthor viene a encarnar una situación metafórica del mismo símbolo. Por ello uno habría de preguntarse, si Superman se caracteriza por su fuerza física, ¿por qué Clark no utiliza la misma para ser un reconocido y exitoso deportista? y por el contrario, ¿por qué vemos a un tímido, introvertido y mediocre periodista que ni siquiera es capaz de confesarle su amor a su amada? Superman no es la máscara de Kal-El, es Clark Kent quien viene a ser la máscara de éste y quien, en realidad, nunca puede llegar a “revelarse” a sí mismo y a la sociedad como el superhombre que es por derecho propio de nacimiento. Pues, como bien lo observara Umberto Eco, “el lector/espectador medio se identifica con los complejos de un Clark despreciado por sus propios semejantes, a la vez que alimenta secretamente la esperanza de que un día de los despojos de su actual personalidad, florecerá un super-hombre capaz de recuperar años de mediocridad”[4]. De allí, es que tengamos en Lex Luthor la sombra de un super-héroe que lucha por los derechos a la libertad, la igualdad y la democracia.

Lex Luthor es un ser vengativo, sin escrúpulos, manipulador y obsesionado con un superhombre, cual Golem o Frankenstein, que no es otro que el super-hombre de la razón ilustrada. Éste es la sombra, lo negado de Kal-El, lo no reconocido del mismo. Lex Luthor encarna lo que en sí es la nación norteamericana. Una nación del político demagogo, de la búsqueda del reconocimiento y el éxito a cualquier precio, de la aplicación de la ciencia y la tecnología para la explotación de la naturaleza y del oscuro sentimiento de venganza (moral y ética) contra un padre (Dios) que nos ha abandonado a la suerte de un demiurgo falsificador que nos ha expulsado del paraíso. Pues no parece casual que justamente el padre de Kal-El, Jor-El, sea un científico que pretende llamar la atención sobre los peligros desatados por los científicos de un extinto Kriptón y a la vez se nos muestre a un multimillonario tecnócrata, Lionel Luthor, heredándole a su hijo sus más sombríos y oscuros deseos de poder.

Si el arquetipo máscara o persona es “aquel sistema de adaptación o aquel modo con el cual entramos en relación con el mundo. Así, casi toda profesión tiene una persona característica. Y el peligro está sólo en que se identifique uno con la persona, como por ejemplo el profesor con su manual o el tenor con su voz... Se podrá decir con cierta exageración: la persona es aquello que no es propiamente de uno, sino lo que uno y la demás gente creen que es[5]. Entonces podemos decir que Clark es la máscara del superhombre, identificado con la falta de reconocimiento por parte de los demás, la ausencia de éxito y un complejo de inferioridad compensado por el complejo de superioridad representado por Superman.

En fórmula complementaria de esto, Lex Luthor encarna nuestra época, la era del Progreso, una era en la que el mito de la máquina ha cautivado hasta tal punto la mentalidad del hombre moderno que ningún sacrificio parece suficiente. Una era en la que la invención del teléfono, la televisión, los misiles, las armas nucleares, los ordenadores, la fibra óptica y los materiales superconductores ha favorecido el desarrollo desproporcionado de una tecnología que nos aleja cada vez más de las raíces naturales comunes que durante milenios han respetado la vida sobre el planeta. Un ideal moderno de “progreso" que ha fomentado la creencia en el progreso tecnológico descontrolado, un progreso que ha terminado convirtiéndose en el imperativo moral y, al mismo tiempo, en la maldición de nuestra época. Lex Luthor entonces nos muestra el lado sombrío del super-hombre, que en aras del progreso se está conduciendo a su posible auto destrucción.

 

Esta es la metáfora de la procedencia de Superman, hijo de un científico que advierte de una desproporcionada explotación de los bienes naturales del planeta, pues no hemos de olvidar que Superman fue ideado previamente a la construcción de la bomba atómica y su posterior utilización en la destrucción total de Hiroshima y Nagasaki. Por otro lado, se nos dice que Lara Lor-Van (la madre de Superman) era un antigua astronauta; clara metáfora de la semejanza entre Superman y cualquier ser humano, pues él es hijo del “astro que navega”, tal y como nosotros somos hijos de la madre tierra, el astro que navega por el espacio y, por cierto, único hogar con el que contamos.

 

También hemos de ver la alusión que se hace a lo que después vendría  a ser la carrera armamentista capitalismo/comunismo y el paradigma de la conquista espacial, representadas estas en la nave espacial que encuentra un nuevo hogar para un niño extraterrestre, extrañamente semejante a un ser humano. No hemos de olvidar que la idea de Superman fue concebida en el año 1933 por los adolescentes Joe Shuter y Jerry Siguel y que sólo hasta el año 1938 fue publicado el primer número. Dándose con esto muestra de una suerte de sustrato arquetípico colectivo (psicoide) encausado por estos dos artistas. También es preciso mencionar que Superman vio la luz en un Fanzine de Science Fiction  de la denominada literatura “pulp”[6] que habría de convertirse en el caldo de cultivo y la amalgama de una suerte de mito-ficción postmoderna del hombre civilizado. Un asidero de los más diversos universos como el de los mitos clásicos, la ciencia ficción, las historias de terror, las novelas policiales negras, los cuentos fantásticos, etc.

 

Tal y como en el caso de de la ciencia ficción literaria, en la cual un Julio Verne visionó el submarino y los cohetes espaciales, mucho antes de que ello fuera realidad; o como en el caso de H.G Wells quien imaginara, el dinero magnético o la energía nuclear, con años de antelación, pareciera que los visionarios de Superman imaginaron los desastres que podrían devenir en la humanidad (representada en los kryptonianos) si no nos hacemos cargo de nuestra oscura sombra colectiva; como si el procedimiento de “continuidad retroactiva”[7] utilizada en la actualidad para dar cuenta de los cambios introducidos al comic, nos sirviesen a la vez como metáfora de la sabiduría de un inconsciente que nos muestra las dos caras de la moneda, de lo que puede llegar a ser y en lo que puede llegar a terminar el hombre y la civilización moderna.

 

El traje de Superman es otro de los signos que entra en escena en la representación del juego metafórico. Pues Superman, como cualquier otro superhéroe, necesita de éste como rango distintivo de cualquier humano corriente, tal y como Thor se caracteriza por su martillo o Arturo por su espada Excalibur[8]. Superman está encerrado en la fortaleza de su indumentaria, frontera entre la máscara (Clark Kent) y el héroe mismo, el extra-ordinario Superman, que sobrevuela los cielos y lucha contra las fuerzas destructoras del mal. El traje es parte integral de su condición y signo de poder. Sin el traje, Superman no sería más que un transeúnte común. El traje le confiere invulnerabilidad, a la vez que contrasta su fuero humano y vulnerable.

 

El traje es el signo de la alteridad; le hace superhéroe a la vez que resalta su condición humana. Superman necesita la capa roja y el traje azul para eliminar los restos del tímido y desapercibido Clark Kent; la máscara que lo acompaña y le oculta de sus enemigos, a la vez que de sus propios amigos. Fundamentalmente distintos, Superman necesita de Clark, pues éste le permite ser aceptado dentro de la sociedad dado que paradójicamente Superman es necesario y amado por luchar a favor de los más débiles, pero a la vez sería rechazado por toda la sociedad dado su origen extraterrestre.

 

El Superman de la ilustración necesita del un Clark Kent que objetivice su fuerza, valor y valentía, a la vez que le permita encajar en las normas de la sociedad democrática que se caracteriza por una doble moral, que por un lado habla de libertad e igualdad y por el otro persigue a todo aquel que se muestra diferente, cual inquisición moderna y sus respectivos herejes.

 

Superman aparece así encarnando la dualidad que constituye el ideal de los individuos contemporáneos, sumidos en el mundo de la producción, donde no son más que números de una gran serie. Irrumpe como canalizador simbólico, mediante los mecanismos de identificación y proyección del hombre común, que anhela salir del anonimato a través de poderes especiales, alcanzar el reconocimiento y la adoración de los otros y ser indispensable para el mantenimiento del orden en el mundo. Ser exitoso a los ojos de los demás aunque ello cueste traicionarse a sí mismo y negarse lo que se es realmente, como un Clark Kent universitario y periodista, pero cumpliendo con un rol social que no es precisamente lo que le da sentido a su ser.

 

 

2- BATMAN: El Caballero Negro o el Hijo de Romanticismo Gótico

  

Tras el éxito alcanzado por Superman en Action Comics los editores de DC Comics (que en ese entonces, 1939, constituía una división de National Publications),se vieron impulsados a crear nuevos superhéroes para otros comic-books y es así, como aparece de la imaginación y la tinta de Bob Kane y Bill Finger el segundo y, para algunos, más grande de todos los superhéroes: Batman.

 

2.1- El Origen.

 

Bruce Wayne es hijo del Dr. Thomas Wayne y su esposa Martha, dos empresarios exitosos y reconocidos en la sociedad de Gotham City. Su infancia transcurre en medio de privilegios y riquezas predominantes durante su estancia en la mansión familiar. A los ocho años, al salir de una función de cine, sus padres son víctimas de un asalto en el que pierden la vida, asesinados por el delincuente Joe Chill. Bruce promete hacer todo lo posible para lograr que su ciudad sea un lugar más seguro combatiendo el delito en cualquiera de sus formas. Con el afán de cumplir su sentencia, se somete a un riguroso entrenamiento físico y mental aunque luego se percata de la necesidad de una identidad secreta ya que, según Wayne: “Los criminales son supersticiosos y cobardes, por lo que mis habilidades tienen que aprovechar sus temores para intimidarlos. Debo ser una criatura nocturna, oscura e impactante [...]”[9] En ese mismo relato, la intromisión repentina de un murciélago que entra a través de la ventana de su cubículo influye en su idea de convertirse en el nuevo héroe: Batman.

A diferencia del origen de Superman, el de Batman nos dice que éste es un ser humano del común, que tras un acontecimiento extra-ordinario ha de convertirse en el superhéroe que conocemos. Bruce Wayne no posee super poderes y al igual que cualquier mortal es vulnerable y propenso a la muerte. Por ello podríamos ver el origen de Superman y sus poderes dentro del sustrato arquetípico del héroe mitológico, mientras que Batman podría verse más en un sustrato arquetípico próximo a la leyenda o el cuento de hadas.

Como en el caso de “El libro de la selva” que comienza cuando, huyendo del ataque de Shere Khan (el tigre), dos esposos pierden a su hijo pequeño, éste aparece en la cueva de unos lobos (Papá Lobo, Ramma, y Raksha, El Demonio) quienes no sólo lo salvan de las garras de Shere Khan sino que a su vez lo acogen como a su propio hijo o como en la leyenda de Rómulo y Remo los fundadores de Roma que son criados por una loba; Bruce, si bien no es criado por un murciélago sí es inspirado por este animal, en otras palabras se ve identificado cual Tótem personal. Pues, para Wayne el murciélago representa el nuevo espíritu que él ha de encarnar para llevar a cabo su destino de justiciero nocturno.

Un niño huérfano, Bruce Wayne, que ha de ser criado, protegido y cuidado por su mayordomo Alfred; como ha de ocurrirle a Arturo con Merlín o al futuro Khan de Mongolia, el Héroe Gamil y su protector Nádir o, como en el caso del cuento de hadas el gato con botas que protege a su amo y futuro rey o, como el Kamaru que es salvado por la hechicera Maimuna en “Las mil y una noches”, etc. queda como único heredero de las riquezas de sus padres. Pero Bruce, que ha entrado en el estadio del arquetipo del huérfano descrito por Carol Pearson, ha de oscilar entre éste y el estadio del Guerrero sin llegar a integrar a Alfred y así alcanzar el estadio del Mago.     

Batman se origina como superhéroe en la dolorosa toma de conciencia de su situación de huérfano a manos de la brutalidad irracional del hombre, que encarnada en un ladrón asesina a sus padres, dejándole con una herencia de riquezas materiales, las cuales no han de mitigar el oscuro deseo de venganza y justicia que ha de tomarse por cuenta propia. Al igual que en el mito del vampiro Drácula de Bram Stoker donde vemos a un Conde llamado Vlade Tapes que va a la guerra en nombre de un Dios del cual ha de renegar y despreciar por haber dejado morir a su amada Mina, convirtiéndose a sí mismo en el inmortal de la noche; Bruce es un inocente, pues “los inocentes se transforman en huérfanos cuando descubren que Dios ha muerto o es indiferente, que el gobierno no siempre es bueno, que las leyes no siempre son justas o que las religiones no cumplen con lo que prometían.[10] Por ello, el origen de Batman se encarna precisamente en la desilusión de todos los ideales que defiende Superman, el superhombre ilustrado de la sociedad norteamericana. Batman se gesta en el seno del romanticismo, por eso ha de identificarse totémicamente con el murciélago y su casa/cueva, la noche  y su ciudad ha de ser Ciudad Gótica.

El murciélago es según la ley mosaica el animal impuro convertido en el símbolo de la idolatría y el pavor. De allí que el artista hubiera puesto en palabras del propio Bruce Wayne lo que veía en este símbolo. Pero “el murciélago también representa a un ser detenido en una fase de su evolución ascendente: no es ya el grado inferior, pero tampoco aun el grado superior. El murciélago es la realización de un mal vuelo, de un revoloteo incierto como dice Buffon. El murciélago es también para Víctor Hugo, el ser maldito que personifica el ateísmo”[11]. En otras palabras una suerte de heraldo de la muerte de Dios proclamada por Nietzsche. En su origen Batman es “parido” por la madre-caverna/noche, en oposición al fálico-patrarcalismo/ilustrado de Superman. Batman es el caballero de la noche, el hijo pródigo del romanticismo-gótico.

 

2.2- Bruce Wayne como máscara y el Joker como Némesis/Sombra de Batman

A diferencia de Kal-El que nació siendo Superman, Bruce Wayne no nació siendo un superhéroe por derecho propio, sin embargo al igual que Superman necesita de la máscara de Clark Kent para encajar socialmente, Batman necesita de la máscara de Bruce Wayne. Si bien es verdad que es en el antifaz/máscara que el individuo Bruce encarna las características del murciélago, se identifica y se hace con ellas, es en el millonario altruista que se pone la máscara. Pues Bruce Wayne no es bondadoso de corazón ni lucha por los ideales de justicia, verdad e igualdad, como lo hace Superman, ni tampoco lo hace por los oprimidos; Batman es movido por su venganza, por un profundo sentimiento de desilusión con una sociedad a la cual ve corrupta.

No debemos dejar de ver en la máscara, una mediación que revela a la vez que oculta, un elemento regulador de la intimidad y a la vez un aspecto de la conciencia que nos ayuda en términos de la comunicación. Se trata de una ventaja que nos permite interactuar con los demás. La sociedad depende de las interacciones entre la gente a través de la personalidad. “La persona/máscara es un complejo funcional que surge por razones de adaptación o conveniencia personal”[12]. Por ello ha de verse más “sincero” el antifaz de Batman que aparece a modo de contra-máscara de Bruce Wayne; puesto que Bruce sólo se convierte en Batman tras el homicidio de sus padres. Es más bien un ser disociado, típica representación del individuo moderno. Por ello una de las diferencias cualitativas de Batman con el héroe mitológico, es que este segundo no usaba máscara.

 

La máscara usualmente presenta aspectos ideales de nosotros mismos, es decir los que presentamos al mundo exterior. Es un complejo que abarca lo que los demás dicen de mí, lo que yo creo que soy, lo que desearía y creo que debo ser. Si esto último fuera el caso de Bruce no necesitaría de Batman, pues si de ayudar al oprimido se tratara ¿por qué no usar su fortuna, su inteligencia, sus centros de ciencia y tecnología para socorrer a cuanto ciudadano de Gótica lo necesitara?

 

Esto no ocurre porque no funcionaría como superhéroe comercialmente para el mercado de masas, esto ocurre porque Batman es un símbolo que encarna el modo de ser, sentir y actuar del hombre contemporáneo. Aquel que bajo las sombras de la noche se cree en el derecho de ajusticiar a los “malos” del mundo, a policías corruptos, a los violadores, a los políticos sin escrúpulos, a los traficantes, a los marginales, a los malos vecinos, al mal novio de una amiga, al conductor del colectivo, a la familia, a la pareja, etc. Batman se pone la máscara de Bruce Wayne del mismo modo que nosotros nos ponemos la máscara de altruistas y buenos ciudadanos y desde el rincón oscuro de nuestras huérfanas existencias señalamos a quienes son los culpables del mal de este mundo. Es de esta guisa que ha de surgir la némesis, la sombra de Batman, encarnada en su antítesis el Joker o Guasón.

 

Como bien lo ha declarado el mismo Bob Kane, el Joker está inspirado en la obra del romántico francés, Víctor Hugo, “El hombre que ríe”. Más específicamente en la película del mismo nombre que la Universal Studios realizara en el año 1928. “El hombre que ríe” nos narra la historia de Gwynplaine, un hombre que ríe con una risa forzada; la cual es en realidad una cicatriz que le hicieran los compra niños, cuando éste fuera raptado de su condición de “noble” y vendido a los mismos. Gwynplaine es un miserable, pero en su desgracia es el ser más feliz, su risa es la imprecación de los oprimidos a los opulentos.

 

El origen del Joker ha variado en el comic y las producciones cinematográficas, sin embargo nunca se ha dejado bien en claro cuál es este. Incluso en la novela gráfica de Alan Moore, en la cual varios de los enemigos de Batman están encerrados en un manicomio y éste ha de resolver una serie de pruebas en los sótanos y pasillos del mismo; se insinúa una posible conexión sanguínea entre el Joker y Batman o más bien Bruce Wayne. Sin embargo es en la película “Batman el caballero de la noche” en la que se nos expone un Joker en su más representativa encarnación de sombra, a través de los diálogos y lo que este mismo concibe.

 

En dos escenas de las que habla del origen de sus cicatrices da dos versiones diferentes, en una dice que su padre era un alcohólico y que una noche tras apuñalear a su madre le dijo que no estuviera tan serio y le corto el rostro; en la otra dice que tenía una hermosa esposa que le debía dinero a los prestamistas, los cuales le cortaron el rostro como represalia, por lo cual él, a modo de demostrarle su amor y que ella supiera que sus cicatrices no eran un problema, se corta las mejillas, tras lo cual su esposa lo abandona. En otra de las escenas el joker le dice a Batman que él (Batman) es su otro lado, que ambos son agentes del caos. A esto Batman responde que en nada se parecen, pues para Batman el Joker es sólo un psicópata. Pero el Joker le reprocha que ellos (tanto Batman como él) son diferentes a todas las personas que se dicen civilizadas, las cuales olvidarán sus códigos éticos y se comerán unos a otros cuando las cosas se pongan mal. Al secuestrar a Harvey (fiscal de Ciudad Gótica) y a su novia, quien era su futura esposa, y poner a Batman a elegir a cuál de los dos quería salvar, el Joker pone a prueba un código moral de la sociedad, representado en la mujer del prójimo y lo que Bruce Wayne siente hacia ella. Cuando Batman le recrimina al Joker que él sólo es basura, éste le dice que no hable como ellos (refiriéndose a la sociedad) pues él es diferente, aunque quisiera ser como todos. El Joker, como sombra, sabe los más oscuros deseos de Batman, pero a la vez le recuerda que el mundo nunca volverá hacer como antes, puesto que él (Batman) cambió las cosas para siempre.

 

Del mismo modo cuando el Joker habla en el canal televisivo para amenazar con volar un hospital si uno de los ciudadanos no asesina al hombre que pretende revelar la identidad de Batman, se nos muestra como aflora el lado más sombrío de los ciudadanos de Gótica, que temen por sus familiares en los hospitales de la ciudad, llegando a intentar asesinar al informante. Una escena en la que la sombra social se hace evidente y contundente a la hora de cuestionar los principios morales de lo que está bien y mal en muestras sociedades contemporáneas. Sin embargo en la escena en la que Batman captura al Joker y éste espera a que la gente de los ferrys se vuelen, unos a otros, esto no ocurre; Batman le recrimina que lo que él quería demostrar no le ha salido, que en el fondo no todos son como él, pues él está solo, puesto que los ciudadanos de Ciudad Gótica no son unos enfermos como él y lo han demostrado. A lo cual el Joker en medio de risas, cual bufón infernal que le recuerda al rey sus debilidades y vicios, le dice a Batman que él no tiene las agallas para dejarlo caer, para matarlo, pues eso es lo que pasa cuando una fuerza imparable se enfrenta a un objeto inamovible y que al parecer ellos dos están condenados a ese juego eternamente. Batman dice que Gótica ha demostrado estar repleta de personas que creen en el bien, a lo que el Joker responde que eso sólo será hasta que sus espíritus se den por vencidos y que su inteligencia deductiva (la de Batman) le ha fallado, pues en ese momento se revela que en realidad el principal objetivo del Joker era corromper al fiscal de distrito Ben Harvey, llamado por los ciudadanos el caballero blanco. Un hombre que encarnaba los ideales de ley, orden y justicia.

 

Ben Harvey, quien había perdido a su amada novia en manos de los criminales sin poder hacer nada por evitarlo, se había convertido ahora en el “Dos Caras” y toda Ciudad Gótica vería como su máxima esperanza de los ideales de un humanismo ilustrado se desvanecían en la manos asesinas del fiscal. Dos caras representa así una síntesis de Bruce Wayne y de su némesis el Joker. Pues el fiscal, al igual que Bruce Wayne, no ha podido trascender el sentimiento de impotencia al no poder evitar la muerte de sus seres amados. La nueva síntesis, se caracteriza más por su cara decadente, que por la cara que acepta el mundo tal y como es. La cicatriz en el rostro del fiscal es una metáfora de su cicatriz espiritual, una cicatriz que no sana. Del mismo modo el Joker exhibe en su rostro la cicatriz que hace de Bruce Wayne un Gwynplaine, un miserable, que en su desgracia es el ser más feliz, pues su risa es la imprecación de los oprimidos a los opulentos, una risa que se desvanece en la “seriedad” de Batman.

 

Una característica típicamente romántica, pues el romántico se caracteriza por ser el portador de una “verdad” inescrutable, la cual nadie podrá quitarle. Podrá ser un marginal, pero nuca un infeliz que pasa sin pena ni gloria por este mundo. De allí que la línea entre las acciones de “justicia”, por mano propia en Batman y la anarquía del Joker, se vean bifurcadas por momentos, para lo cual cabría la deconstrucción que del superhéroe norteamericano, hace Alan Moore en su obra “The Watchmen”, en la que aparece la pregunta “¿quién vigila a los vigilantes?”

 

Batman, al igual que el héroe romántico, se mueve en el terreno de la ambigüedad. Pues salido de su cueva se presenta de la manera más estruendosa ante los demás y reclama ser seguido por todos, o por lo menos por los que considera dignos de seguirle. Este reclamo no lo hace por medio de los convencionalismos de la sociedad/estado, pues considera que estos son demasiado corruptos. Este reclamo no lo hace a luz del día público, este reclamo lo hace en medio de las sombras de la noche, que le permiten ser una más de ellas. Su vocación es la de líder, pero los ciudadanos de Ciudad Gótica ignoran su voz, para ser seducidos por los escándalos públicos del magnate Playboy Bruce Wayne, quien representa el ideal de hombre “exitoso” y “feliz” de la sociedad contemporánea.

Si alguien ha sentido en su interior el deseo de ser un héroe, éste ha sido el romántico Bruce Wayne. Frente a la espontaneidad de los héroes de antaño, el romántico desea serlo fervientemente. El romántico -y no es casual que reivindicaran a Don Quijote como uno de sus antepasados y modelos- se lanza a la búsqueda de su destino de héroe y casi siempre tiene un referente, un ídolo más o menos declarado al que se propone imitar, de la misma manera que Alonso Quijano se lanza al camino con la cabeza llena de héroes librescos a los que desea emular; y así como éste raya en la locura para cumplir con su función simbólica, así también el joker representa el agente caótico de reivindicación humana que contiene Batman/Bruce Wayne, recordándonos, como lo hiciera el romanticismo en su momento, que el hombre no puede declararse bueno a priori, pues la oscuridad de nuestros instintos siempre está ahí con nosotros. Es por eso que el Joker le dice a Batman que todos los ciudadanos que se dicen buenos, muestran su verdadera naturaleza cuando el caos del destino irrumpe en sus vidas.

El heroísmo romántico de Bruce procede, en gran medida, de su soledad. El héroe se encuentra dolorosamente solo con una verdad que le llena pero que es incapaz de hacer comprender a los otros. Se asemeja a la figura de los profetas, cuya voz retumba en los espacios pero no conmueve el corazón de los hombres. La función profética del héroe romántico Batman es la de transmitir a los demás hombres la verdad que le ha sido revelada. Pero así como el romántico del pasado, Bruce no puede dejar de sentirse despreciado por una sociedad insensible que se ríe de su patetismo. De allí que el Joker cuestione su moral y sobre todo su ética de justiciero anónimo, en medio de risas y carcajadas, recordándole lo que la sociedad hace con los leprosos. Pues cuando el joker hace de la ciudad un caos exigiendo el desenmascaramiento de Batman, los ciudadanos de Gótica no dudan un momento en ceder a su petición; entregando a su superhéroe con tal de que todo vuelva hacer como antes, de que todo regrese a la supuesta normalidad; tal y como hicieron los judíos con un Cristo revolucionario y a su vez los fariseos al elegir a Barrabas por sobre Jesús, pues el primero representa el orden de las cosas como siempre han sido y el segundo representa la difícil aceptación del cambio, de la evolución y trascendencia conscientes del hombre y la sociedades. Es acá donde el héroe romántico Batman se toca con el héroe mártir.

El romántico prefiere dejarse matar antes que fingir ante los otros que se pliega a sus designios si cree que estos son falsos. El concepto de honor calderoniano tuvo un gran atractivo para los románticos y es fácil entender el porqué. Cualquier hipocresía, cualquier convencionalismo, es motivo de lucha para el romántico. El Werther goethiano es expulsado de la sala de baile de los nobles que no le quieren entre ellos. Werther se va y se va orgullosamente; se va despreciándolos profundamente, sintiendo que son ellos los que no son dignos de estar en su compañía. Del mismo modo que vemos al final de la película a un Batman que prefiere cargar con el peso de lo que ha hecho el caballero blanco de Ciudad Gótica. Se hace a la huida llevándose consigo una verdad que sólo el jefe Gordon sabe. Pero él, como héroe romántico que es, no dejará que su “verdad” muera, así tenga que cargar con el peso de ser perseguido por la propia justicia de los ciudadanos a los que a su vez defiende.

La soledad del héroe romántico tiene ese carácter trágico que se expresa en la figura del Empédocles hölderliniano arrojándose a las llamas del Etna después de haber sufrido el rechazo de su pueblo. Sin embargo, el romántico consigue hacer de su fracaso social un signo de triunfo. Ser rechazado acabará siendo síntoma de estar en posesión de una verdad profunda que, por su propia grandeza, se vuelve incomprensible a los demás, a todos aquellos que no están a su altura.

El poeta Friedrich Hölderlin manifestó ese rechazo, a los que le desprecian, en su poema el consenso público: “¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza, las almas serviles sólo respetan lo violento. Únicamente creen en lo divino, aquellos que también lo son”[13]. Así como, al final de la película, Batman le dice al jefe que lo que ha muerto con Harvey debe quedar como símbolo de esperanza para Ciudad Gótica, pues se muere siendo un héroe o se vive lo suficiente para convertirse en un villano. Ben Harvey es venerado como héroe ante la sociedad, se lamenta su muerte y se declara a Batman como un criminal que ha de ser perseguido. Criminal que encarna lo que ha muerto con Ben. El único modo de que el caos y la locura irracional del Joker no gane la batalla por el espíritu de ciudad Gótica, es que Batman cargue con el peso simbólico de lo que necesita nuestro mundo moderno, un superhéroe de lo trágico, de lo romántico, un superhéroe de la oscuridad.

“La verdad no basta, la gente merece que se le recompense su fe”.                          -¿Por qué huye Batman?- pregunta el hijo de Gordon. -Porque debemos atraparlo- contesta su padre. -¿Pero por qué?- vuelve a preguntar el hijo. -Porque él es el héroe que se merece la ciudad, pero no el que necesitamos ahora, así que lo perseguiremos hasta el final de los días, porque él no es un héroe, él es un guardián silencioso, un vigilante protector, un caballero de la noche.-  

3- De “La Liga De La Justicia” a  “La  Liga De  Los Caballeros Extraordinariamente Ambiguos”.

 

El mutante es un concepto que aparece en los años 30 en el imaginario de la literatura de ciencia ficción. Tomado de la jerga científica para metaforizar la condición de los “diferentes”, en un mundo cada vez mas totalitario, fascista e intolerante al “Otro”. El mutante no es otro que el judío, el negro, la mujer, el marginal, el utópico, el poeta, el revolucionario, en otras palabras, todo aquel que se sale de los márgenes del estereotipo de lo que puede y debe ser un ser humano “normal” para el pensamiento único del mundo moderno.

Tras el lanzamiento de “La Liga de La Justicia” en 1960 por parte de la DC Comics, habrían de aparecer en los comics norteamericanos los diferentes “grupos” de superhéroes que lucharían conjuntamente por la humanidad. Sin embargo, hemos de observar las significativas diferencias de estos “grupos” entre sí.

Cuando en el año 1963 la Marvel Comics decide lanzar el primer número de la serie X-Men, se daría un paso importante en la concepción del superhéroe moderno. Si bien en ese mismo año habría de nacer el otro “grupo” de superhéroes de la Marvel llamado “Los Vengadores”, el cual está conformado por superhéroes que podríamos llamar mutantes de la ciencia: como es el caso de Hulk, quien aparece como una suerte de “Dr. Jekyll y Mr. Hady” al estilo del siglo XX; o como en el caso del Capitán América que adquiere sus poderes gracias a una formula científica que busca encontrar el super soldado durante la segunda guerra mundial; o como en el caso de Iron Man que se hace superhéroe gracias a sus conocimientos científicos y tecnológicos. Es en los X-Men que la idea del mutante toma forma como representación social del mundo moderno globalizado y americanizado.

Pero a diferencia de lo que pasa con las mutaciones de los superhéroes ya mencionados, en este caso se expone una alteración genética del orden natural, pues en su mayoría los superhéroes de este grupo nacen ya con sus poderes. Ciclope, Tormenta, Gambito, Bestia, Jean, Ángel, Hombre Hielo, Xavier, Magneto, Dientes de sable, etc. incluso uno de los más emblemáticos de este grupo, Wolverine se nos muestra ya nacido con la “alteración”, sólo que manipulada por un científico militar con matices frankensteinianos.

A diferencia de los superhéroes de “La Liga de La Justicia” de la cual forman parte Superman, Flecha Verde, Batman, La Mujer Maravilla, Flash, Linterna Verde, Aquaman y Detective Marciano; los superhéroes de Los X-Men aparecen desde un primer momento con serios cuestionamientos de su existencia y su rol en el mundo. En el caso de La Liga, encabezada por Superman, podemos observar los mismos delineamientos ideológicos de su líder: el orden, la justicia, el bien, la libertad, etc. Son sus consignas, de allí que siempre haya sido difícil encuadrar a Batman dentro de la liga misma. Lo mismo pasa con Los Vengadores, que encabezados por el Capitán América, luchan por los ideales de la american dream. Otro es el caso de los X-Men, en el cual aparecen las polaridades de los ideales mismos de la sociedad norteamericana.

Esto lo podemos ver reflejado en el planteamiento de los mutantes “buenos” y los mutantes “malos”. Mientras los primeros encabezados por el Profesor Xavier buscan una aceptación de los humanos y salvan a estos de los mutantes “malos” y de otro sinfín de villanos; los mutantes “malos”, encabezados por Magneto, reclaman su lugar en el mundo, por la fuerza y las armas (las cuales se representan en sus propios poderes). Tanto un bando como el otro son marginales, rechazados por los humanos y perseguidos por “robots” (llamados los centinelas). Las polaridades de estos subgrupos y todo lo que ellos representan son encarnadas por sus respectivos líderes, El Profesor X y Magneto.

3.1- El Profesor X y Magneto: Polaridad Máscara/Sombra

A diferencia de los demás grupos de superhéroes en los X-Men podemos ver una clara división entre los individuos que encarnan las diferencias que les hacen superhéroes. Si de estos tomamos únicamente a sus líderes podemos observar como sus antagonismos aparecen en una especie de juego de superposiciones de máscara y sombra de los mismos, que a su vez representan dicho juego entre los demás miembros del grupo y los mecanismos de identificación y proyección que con ellos trasladan los lectores/espectadores contemporáneos.

En un primer momento podría parecer que Magneto aparece como la sombra del “Hombre X” y Xavier como su máscara. Sin embargo, el juego es un poco más complejo que eso, pues en realidad cada uno representa un polo complementario y opuesto que debe ser integrado y equilibrado si el “Hombre X” de hoy pretende hacerse un verdadero héroe de su proyecto de vida. Pues podemos observar las complementariedades que se dan entre uno y otro en cuanto a sus ideales, actitudes y poderes.

Mientras que Xavier se caracteriza por su pacifismo, Magneto lo hace por su enérgico modo de reclamarse un lugar en el mundo; Xavier tiene sus poderes en el poder psíquico pero su cuerpo esta invalido, Magneto en cambio tiene su poder en la materia al contar con la facultad de manipular todo metal a través del magnetismo de su cuerpo; Xavier recluta a sus mutantes marginales en una no poco lujosa escuela con todos los beneficios mínimos; mientras que Magneto prefiere reclutar a los suyos en una base secreta en el bosque, donde sus marginales mutantes viven de una manera no muy lujosa u ostentosa; Xavier cree que el poder de los mutantes debe estar al servicio de la humanidad, Magneto por el contrario cree que esta es una humanidad mediocre que no se merece a los mutantes y de hecho debe ser aniquilada; Xavier cree fervientemente en que el modo de trascender las “diferencias” es la educación, Magneto por el contrario cree que el modo de trascender estas diferencias es a través de la revolución.

Si tomamos al “Hombre X” como aquel o aquella que ha de lograr una trascendencia a través de la mutación, podemos ver claramente como en estos se encarna el juego luz-sombra que antes apareciera por separado en la ilustración heroica de Superman y el romanticismo reivindicativo de Batman. Xavier defiende los ideales de los hombres que le desprecian y persiguen, mientras que Magneto desprecia toda la hipocresía de la moral humana. Xavier es un enciclopedista ilustrado que cree en la naturaleza benigna del hombre y el poder de la educación, Magneto en cambio es un romántico que cree sólo en la revolución que lleve a una destrucción de los supuestos a priori, o sea la reivindicación de la naturaleza misma. Xavier reivindica el poder de la razón en la psique, pero se “olvida” de la materia, la condición animal y sus instintos (de allí su invalidez o cuerpo que de nada le sirve o no utiliza). Magneto, por el contrario, sólo cree en la reivindicación del poder mismo de la naturaleza y sus mutaciones, de lo instintivo, el deseo y la voluntad, (de allí que su cuerpo sea el portador de todo su poder, aunque no es menos inteligente que Xavier).

Así entonces Xavier representa la máscara de unos ideales ilustrados que si se dejan fijar se convierten en muy nocivos para su portador, pues estos parten de la premisa de que todo ser humano tiene las mismas capacidades y condiciones como para ser educado bajo las mismas inferencias; también cae en la “trampa” de la moral y la ética paternalista, donde Yo ,(el estado, las instituciones, etc.), sé lo que mis hijos necesitan (los ciudadanos, los empleados, los estudiantes, etc.) y que no. Por el contrario, Magneto representa la sombra del “Hombre X” moderno, ese que se siente así mismo como un mutante marginal, discriminado y perseguido por ser “diferente” y que busca su reivindicación o conquista de su lugar en el mundo a través de la revolución armada; el mutante, que no es otro que el “terrorista”, que busca que su dignidad se le reconozca a cualquier precio y ese precio ha de pagarlo la humanidad misma, a la que considera inmerecedora de su amor y perdón, pues todos han sido partícipes de su marginación, todos le han dado la espalda a la hora de buscar miradas de aprobación. Bajo su piel hay una alteridad por la cual se siente completamente diferente al resto de los hombres.

Por ello uno de los más emblemáticos íconos de los X-Men es Wolverine, pues su ambigüedad recoge todos los matices ya mencionados, tanto de Xavier/Superman como de Magneto/Batman. Wolverine no recuerda nada de lo que le ocurrió (la caída o expulsión del paraíso) y se siente psicológicamente desorientado; pelea con “los buenos” mutantes pero no se siente identificado con ellos; no ama a los humanos, pero tampoco quiere exterminarlos; no pelea por la ley, el orden y la libertad, sólo lo hace por sí mismo, por su propia desorientación, por la búsqueda de respuestas a la pregunta de quién es él realmente. Pues se ve a sí mismo como un mutante que ha desarrollado un poder único, que a veces le salva la vida y otras le lleva a comportarse con desmedida e incontrolable violencia.

Este superhéroe conjuga los matices del superhéroe ilustrado y del romántico. Al igual que Superman nació siendo “diferente” al resto de los humanos, pero al igual que Batman sufrió una pérdida que lo condujo a su alteridad. Wolverine es mutante natural como los otros X-Men pero también sufrió una alteración de carácter científico-tecnológica como el Capitán América o Spiderman. Por ello, no es ni lo uno ni lo otro y encarna por sí sólo toda la ambigüedad que subyace en el interior del hombre contemporáneo, aquel que divaga entre el estadio del huérfano, el vagabundo, el mártir y el guerrero, pero sin llegar nuca al estadio del mago.

3.2- Wolverine, Batman y la Hermandad De La Venganza.

Wolverine al igual que Batman se hace superhéroe tras una pérdida, aunque sus poderes ya los tiene de nacimiento. Wolverine busca desesperadamente su identidad, una respuesta a la pregunta de ¿quién es él realmente? y en ello no quiere que otros pretendan darle o indicarle cuál es el mejor camino. Es un huérfano que pierde a sus padres y después a su amada esposa, es un vagabundo que llega a la escuela de Xavier por casualidad, es un mártir que termina ayudando a los humanos por un profundo sentimiento de lo que está bien y lo que no, es un guerrero que con sus garras de metal penetra el mundo y lo avasalla.

Wolverine comparte con Batman su oscuro deseo de venganza y sentimiento de orfandad, pero esta vez su venganza es contra una sociedad científica en la que el avance tecnológico en manos del poder militar le ha provocado la pérdida y todo su dolor, tal y como ocurre a millones de seres humanos que deben padecer todo tipo de pérdidas a consecuencia de las guerras y de toda la tecnología que en ellas se despliega. Según la historieta, Wolverine asesinó a su verdadero padre sin saberlo, tras este haber matado al hombre que él creía que sí era su padre, después de ello su madre se suicida. Wolverine se vuelve un nómade hasta encontrar a la mujer que lo amaría; pero a ésta también la pierde por culpa de los militares que en realidad le han engañado para hacerse de su cuerpo y experimentar en él con “adamantium”[14]. Finalmente las cosas no salen como se esperaba y Wolverine recibe tres disparos del mismo adamantium en su cabeza. No muere pero sí olvida todo. Clara metáfora del estado de orfandad y la pérdida de memoria por parte del héroe, que ha de reconquistar el mundo (despertar su alma) y recuperar lo perdido (el paraíso). Pero esta reconquista del paraíso perdido se ve cada vez mas complejizada y lejana dado el estado en el que se encuentran las sociedades contemporáneas.

Por ello han de “aparecer”, en la misma línea de ambigüedad de Wolverine y Batman, otros superhéroes como HellBlazer, Daredevil, The Punisher, The Thing, Spawn y The Crow: Jhon Constantin (HellBlazer) es un hechicero o exorcista carente de moral, poseedor de valores cuestionables y métodos poco ortodoxos, es un antihéroe atrapado en la estética del detective clásico. Daredevil se hace superhéroe tras el asesinato de su padre y la corrupción que empaña su posibilidad de litigar como abogado. The Punisher surge a consecuencia del asesinato de su esposa e hijos en manos de la mafia. The Thing surge como consecuencia del ataque de unos maleantes, los cuales a su vez asesinan a su esposa. Spawn se hace héroe gracias a una segunda oportunidad que le brinda el demonio, mostrando un modo no muy puritano de asesinar a cuanto criminal se cruce entre los oscuros callejones de su nuevo hogar-gueto, donde convive con toda clase de marginales. The Crow se nos muestra como un muerto no muerto, que regresa de las profundidades del infierno para aniquilar, sin ningún matiz de compasión, a los asesinos de su esposa, el bebé que llevaba en su vientre y de él mismo.

Como podemos ver estos superhéroes se caracterizan por un sustrato arquetípico completamente diferente al superhéroe del bien, la ley, el orden, la igualdad y la justicia que encarnan las instituciones del estado/nación. Estos superhéroes se caracterizan por dejar ver, a flor de piel, qué los mueve en lo más profundo de su ser. Para ellos lo único que cuenta es la ley propia, la justicia del más fuerte y la igualdad que conocen es la de ponerse al mismo nivel de los criminales, donde todo vale y cualquier método es permitido. Mientras que en Superman, Flecha Verde, Linterna Verde, Capitán América, Iron Man, Spiderman, Thor, etc., se nos muestra claramente las líneas divisoras del “bueno” y el “malo” encarnadas en sus métodos, consignas y enemigos; en estos superhéroes lo que se pone de manifiesto es la propia alteridad, ambigüedad y sombría búsqueda de respuestas del ser humano moderno. Estos superhéroes se caracterizan por una sombra poco delimitada, una sombra que si bien aparece en los antagonistas de turno, está más representada en el superhéroe/antihéroe mismo. Una sombra que es la sombra misma de la ambigüedad del Estado/Nación norteamericano que representan. Un Estado que sabe mucho del terrorismo al que señalan y persiguen, pues no hay peor terrorismo que el de Estado; un Estado que sabe mucho de criminales sociales, puesto que en sus curules políticas alberga los peores y máximos representantes de la corrupción de la sociedad. Una Nación Estado donde no está claro quién es quién en el juego del terror.  

Los métodos de violencia contra la violencia de estos antihéroes, los sentimientos de venganza, odio y rechazo de toda norma, les llevan a emparentarse con el anarquismo del último Joker que aparece en Batman. El caos para lidiar con el caos, la ambigüedad para poder tolerar la búsqueda de un sentido sin sentido, la máscara que oculta la monstruosidad del propio rostro, la ropa de cuero negro que reivindica lo instintivo y animal, la oscuridad de la ciudad, de los callejones, del pantano que envuelven una y otra vez al superhéroe en una lúgubre atmosfera de insania. Un laberinto pesadillesco en el cual se encuentra perdido el héroe buscando la luz, su identidad y ser interior.

Con el surgimiento de otros superhéroes como Hellboy, Darkness, Lobo y Ghost Rider, entre otros, la guisa del superhéroe/antihéroe moderno termina de estar servida. Hellboy es un pequeño demonio que viene de una dimensión infernal y es puesto al servicio de la humanidad. Darkness narra la historia de un poder milenario que yace en la oscuridad y se encarna en un portador por los siglos de los siglos. Lobo es un extraterrestre que llega a la tierra y recurre a todo tipo de brutalidades para ajusticiar a los criminales, la violencia es un fin en sí mismo para él. Ghost Rider es un motociclista que ha hecho un pacto con Mefisto, al cual le vende su alma y cada noche ha de encarnar las fuerzas de la oscuridad, con las suyas propias, para azotar a los criminales de la ciudad.

Todos estos superhéroes/antihéroes se caracterizan por la ambigüedad, la alteridad, la utilización de las fuerzas del infierno y la lucha contra el mal apropiándose de la noche y la oscuridad que les brinda sus ventajas. Estos superhéroes transitan por los caminos de una herencia romántico-gótica, que los lleva por oscuros laberintos de ambigüedad, pero que a la vez les hace libres de cierto modo; no sin pagar el precio del señalamiento y de la persecución  por parte de la sociedad. Este papel o rol lo deben aceptar con todo lo que ello implica. Por lo general estos superhéroes, a diferencia de los que “trabajan” a plena luz del día, no son ovacionados por la sociedad como sí lo hacen por los anteriores (La Liga de la Justicia y Los Vengadores).

Tanto el “grupo” de los X-Men, como estos superhéroes/antihéroes individuales, difieren sustancial, simbólica y metafóricamente de los superhéroes de La Liga de La Justicia y Los Vengadores, pues en los primeros no se nos presentan tan claramente los delineamientos del juego de máscara y sombra, mientras que en los segundos se hacen más claros los “límites”. Pero tanto en los unos como en los otros, los arquetipos del héroe, la máscara y la sombra se hacen evidentes a la hora de analizarlos con detenimiento. Reconociendo, por supuesto, las claras y marcadas diferencias que hay entre unos y otros. Tanto de un grupo al otro, como de un superhéroe al otro.

 

 

4- A Modo De Conclusión

A si pues, como hemos visto, tanto en Superman como en Batman y los demás superhéroes del comic norteamericano, podemos encontrar la pervivencia del material arquetípico propio de los mitos, las leyendas y los cuentos de hadas.

Estas historietas, series y películas son los “nuevos cuentos” para las generaciones de un mundo moderno que se caracteriza por la pérdida total de la tradición oral y que en su reemplazo desplegaron la novela y las artes visuales. En el universo de los superhéroes, los individuos de hoy pueden encontrar las historias de aquellos seres prodigiosos que, al igual que en el caso del primitivo, le hacen identificar y proyectar en el modelo o la imagen exterior, el sustrato de su imago interior. Esos modelos arquetípicos que Jung identificaría en las mitologías del hombre antiguo y los sueños de la psique del hombre moderno.

No parece pues que fuera casual que los superhéroes se hubiesen gestado en la matriz del universo del fanzine del cuento de ciencia ficción, las aventuras policiacas negras y el relato de terror. Pues las aventuras de estos superhéroes recogen y amalgaman todos los anteriores en una suerte de caldo arquetípico postmoderno. Pues no sería sino ojear otra de las producciones modernas emblemáticas del comic para ver esto, The Sadman,  serie que cuenta historias de terror, pero que posteriormente evoluciona al género fantástico, incorporando elementos de la mitología clásica y contemporánea, como también elementos propios del ciberpunk.

El hecho de que los superhéroes representen un sinnúmero de aspectos de la sociedad norteamericana, hace que estos sean válidos también para los países latinoamericanos, pues al fin de cuentas las mismas máscaras y sombras se comparten cada vez más en la aldea global.

La disociación que se representa, tanto en el heroísmo ilustrado de Superman y los superhéroes de la “luz” de la razón, como en el heroísmo romántico–gótico de Batman y los superhéroes de la “oscuridad” del sentimiento, nos recuerdan los grandes desafíos que tenemos, en nuestra actualidad, si queremos en verdad un mejor y próspero mañana para nuestras herederas generaciones

La ambigüedad del antihéroe; la alteridad de lo trágico; el fabuloso origen; las diásporas de la tecnología encarnadas en el cyborg; la resolución de acertijos al estilo policíaco negro; las urdimbres de ciencia ficción; las tramas delirantes terroríficas; el despliegue de atmósferas azarosas; la superposición de aventuras que se dan una y otra vez dentro de un mitologema cerrado; el acoplamiento de escenarios fabulosos; los trajes de cuero, tachas y cadenas, como extensión de una animalidad instintiva; se amalgaman en un “universo fantástico/heroico” en el que es posible el montaje de lo onírico/plástico; como si la industria del entretenimiento trasladara de la psique de sus artistas, a la revista y la pantalla, la imaginería propia de lo inconsciente, a modo de parque temático de lo fantástico/absurdo. Donde enmascarados, cyborgs, fantasmas, demonios, dioses, artefactos prodigiosos, naves, seres extraterrestres, científicos locos, ciudades y planetas ficticios, armas futuristas y un largo etc. conviven armoniosamente en ese universo fantástico en el que todo está permitido.

“Universo fantástico/heroico” en el que los mecanismos de identificación, proyección y aún de introyección del espectador/lector, se activan, debido al despliegue de una suerte de industria de “mitología/artística” moderna, que sirve de pantalla para el material arquetípico del inconsciente colectivo. Una industria “mitologizada” pero caracterizada por el consumo de masas, el “relleno” del tiempo libre y la falta de una verdadera reflexión sistemática por parte del lector/espectador, que desperdicia con ello la oportunidad de modificar, desmontar e integrar lo que en su personalidad encuentre análogo/espejado en los simbolismos metafóricos de las aventuras de su superhéroe preferido.

Hubiese sido interesante saber  la opinión o reflexión de Carl Jung acerca de este fenómeno que si bien ya existía para cuando él murió, no había tomado todavía la fuerza y sobre todo la ambigüedad de nuestra contemporaneidad postmoderna. Sin embargo, lo que sí es cierto y como ya lo hubiera dicho Mircea Eliade, es que el superhéroe del comic moderno sigue conteniendo en esencia, aunque de un modo “degenerado”, todas las características del arquetipo primordial. De allí que este fenómeno sea necesario verlo, no sólo como productos de entretenimiento y evasión de un mundo deshumanizado, cruel, intolerable y sin sentido, sino también como un fenómeno/espejo en el que nos identificamos, proyectamos y representamos nuestros miedos, deseos, valores, fortalezas, pasiones y obsesiones. Todo ello a nuestra imagen y semejanza.

 Bibliografía.

·        Campbell, Joseph; El héroe de las mil caras (Paidos Editores, Barcelona,1985)

·       Wolfman, Marv; Pérez, George; Giordano, Dick y Ordway, Jerry.  Crisis on Infinite Earths (Crisis en las tierras infinitas)  (DC Editorial, 1985) 

·       Eco, Umberto; Apocalípticos e Integrados (Emecé Editores, Buenos Aires 1995)

·       Jung, Carl Gustav; Símbolos de Transformación (Paidos Editorial, Barcelona 1955)

·       Batman Confidential. Action Comics (DC comics 2003 EEUU) n 14.

·       Pearson, Carol; El Héroe Interior (Humanitas Editorial, S.L Madrid 1995)

·       Chevallier, Jean; Diccionario de los Símbolos (Herder, Editorial. Barcelona 1988)

·       Hölderlin, Friederich; Poesías Completas. (Tauro, Editoriales; Barcelona 1967)

 

[1] Campbell, Joseph; El héroe de las mil caras (Paidos Editores, Barcelona,1985), Pág. 85.

[3] Wolfman, Marv; Pérez, George; Giordano, Dick y Ordway, Jerry.  Crisis on Infinite Earths (Crisis en las tierras infinitas)  (DC Editorial, 1985)  

[4] Eco, Umberto; Apocalípticos e Integrados (Emecé Editores, Buenos Aires 1995) Pág. 128.

[5] Jung, Carl Gustav; Símbolos de Transformación (Paidos Editorial, Barcelona 1955) Pág. 55.

[7] http://es.wikipedia.org/wiki/Retcon

[8] http://es.wikipedia.org/wiki/Excalibur

[9] Batman Confidential. Action Comics (DC comics 2003 EEUU) n 14.

[10] Pearson, Carol; El Héroe Interior (Humanitas Editorial, S.L Madrid 1995) Pág. 89.

[11] Chevallier, Jean; Diccionario de los Símbolos (Herder, Editorial. Barcelona 1988)

[12] Jung, Carl Gustav; Símbolos de Transformación (Paidos, Editores; Madrid 1950) Pág. 63.

[13] Hölderlin, Friederich; Poesías Completas. (Tauro, Editoriales; Barcelona 1967)

[14] http://es.wikipedia.org/wiki/Adamantio