Anima-Animus en el Tango Danza. Una integración terapéutica
Por Ignacio Lavalle. Psicólogo. Egresado del la Maestría en Psicología Analítica. Promoción 2004.

Introducción

 

El Tango es un fenómeno que contiene en sí una cantidad de artes condensadas; poesía, drama, música, danza, en las que son reflejados numerosas emociones y sentimientos que compartimos. A la luz de las indagaciones en psicología profunda, es menester alertarnos en el beneficio que este pueda brindar a la esencia humana, proponemos que es una forma digna de acercamiento, una forma de estar atentos a las vicisitudes del alma.

 

El ser argentino es reconocido y reflejado en el tango más allá del dilema de la raíz de su origen y de la vieja discusión entretejida sobre si Carlos Gardel fue Francés, Uruguayo o si su alma está en Bs. As. Cabe aclarar que si bien es de suma importancia, en el presente escrito no nos interesa específicamente desentramar el “hecho” o “anécdota” histórico sino más bien su disposición anímica. Apelo a la danza dado que es un aspecto de este arte en el cual son posibilitadas, prestando atención a su forma y sus características de resurgimiento actual, un contenido de alto nivel simbólico.  De todas maneras, el franco abrazo en movimiento condensa todos los otros aspectos del arte y especulamos que hace a la integración de lo que C. G. Jung llamó anima y animus. El contacto pleno en constante comunicación de los cuerpos refiere a un nuevo lenguaje a ser elucidado, una forma de comunión difícil de rastrear en medio de la alienación de género en los tiempos que corren. La pregunta acerca de la potencialidad terapéutica del baile provino de algunos años de mi experiencia en el estudio y compromiso con esta práctica, cada vez que observo a alguien introducirse en ella, noto un cambio sustancial en el devenir de su vida. Curioso es prestar atención y develar a su vez el efecto que tiene en las relaciones humanas y sobre todo frente a la juventud.     

 

Para lograr tal objetivo nos es conveniente investigar dentro de lo arcaico y mitológico dado el sentido psicológico que estos aspectos nos brindan. Es donde se han asentado los últimos grandes descubrimientos de las profundidades psíquicas y justamente lo que se busca en el presente trabajo es revelar el trasfondo arquetípico y el calibre de su porte. El mito como tal representa un verdadero hogar de estas expresiones arquetípicas y nos es lícito ahondar en ellas para obtener una mayor comprensión del espíritu y alma tanguera.    

  

Enmarcaremos el análisis desde referencias teóricas a partir de la psicología que nos legó Jung en su obra. Éste fue una personalidad íntima y abierta, al mismo tiempo siempre en búsqueda de la integración del conocimiento, no solo de lo específicamente psicológico sino también rescatando aportes desde la alquimia, la filosofía, lo antropológico, lo mitológico y religioso. Promoviendo la posibilidad de integrar otras disciplinas, nos permite a su vez tomar nuevas acepciones de sus discípulos como de otras ciencias.  

 

En principio se aclararán algunos conceptos teóricos acerca de los arquetipos, puntualizando sobre ellos aspectos del tango para luego dar lugar a las vicisitudes de la práctica del tango danza en la actualidad.   

 

 

Arquetipos

 

El arquetipo del anima es depositario de cualidades y atributos femeninos contenidos en el hombre, así como el de animus hace a las características masculinas en la psique femenina. Si bien es imposible trazar una descripción certera de los arquetipos, intentaremos hacer un brevísimo ensayo. La búsqueda explícita e implícita del alma en el hombre de tango no se nos puede filtrar en nuestro análisis.[1]

 

Arquetipo quiere decir “primer sello”, la psicología arquetipal sostiene que nuestro inconsciente colectivo está compuesto por múltiples arquetipos que colindan  nuestra conducta tanto como nuestros complejos. Son “herencia psíquica” que sedimenta como se va formando la arena en una playa, modelos a seguir. Son “moldes psíquicos” de acción análogos a los instintos en biología, donde cada ser humano con su historia personal e inconsciente va  rellenando el continente con contenido (experiencia de vida). “El arquetipo es un elemento vacío en sí, formal, que no es sino una facultas praeformandi, una posibilidad dada a priori de la forma de representación. Lo que se hereda no son las representaciones, sino las formas que en este aspecto corresponden exactamente a los instintos determinados también formalmente. Del mismo modo que la existencia de arquetipos, puede también ser demostrada la del instinto, mientras que este actúa in concreto.” [2]

Por su lado, los símbolos[3] van a darnos apenas una idea del arquetipo, manifestándose mediante imágenes y representaciones mentales, éste nunca puede aprehenderse en su estado puro ni ser observado directamente. Pero los símbolos actúan como vía regia para tener referencias acerca de ellos, no se transforman ni son diferentes conceptualmente, van renovándose con el devenir del tiempo en “una moda” (la base siempre es la misma). Los mitos actuales desplegados en caricaturas, historietas y películas nos delinean una forma presente de la manifestación del arquetipo mediante el símbolo, transformador en su esencia. Concluimos que el arquetipo nunca puede ser “visto” ni es posible dar una descripción exacta del mismo, sino que se manifiesta a través de ellos. La noción de arquetipo se extrae del análisis y la observación de mitos, cuentos, sueños, delirios y leyendas de distintos grupos étnicos alrededor del mundo. Estos se repiten en motivos idénticos atrayendo y fascinando la psiquis humana. Anima y animus pertenecen tanto al consciente individual como al inconsciente colectivo, formando parte del patrimonio de la humanidad.  

 

Tanto los sueños como los cuentos traen contenidos emotivamente catectizados en forma de símbolos, los cuales en el devenir de su representación, producen efecto sobre el sujeto en su totalidad. Remueven desde los arquetipos contenidos inconscientes que pugnan por llegar a la conciencia. Desde esta perspectiva, los arquetipos se manifiestan como personalidad autónoma y llegan a actuar como complejos de tonalidad afectiva.  El símbolo, por su carácter indeterminado sostiene el conflicto entre los opuestos presuntamente incompatibles. Las características inherentes de amplificación que éste pueda tener son las que hace que exista: se da una y otra vez la fórmula símbolo-referente, símbolo-referente… (ad infinitum). 

   

Es interesante reflexionar ese matiz característico del arquetipo que es lo no definible, lo no aprehensible, lo cual remite una vez más a su carácter. Lo arquetipal “se vive” y nos cuesta poder dar cuanta de su accionar en una simple mirada despojada.  

 

Para concluir, citaremos una parte donde James Hillman sintetiza la duplicidad de las cualidades arquetipales alertando sobre la precaución acerca de su abordaje: “Los arquetipos son, semánticamente, metáforas, y tienen una doble existencia que Jung presentó de diversas maneras: (1) están repletos de oposiciones internas, polos positivos y negativos; (2) son incognoscibles y son conocidos por medio de las imágenes; (3) son instinto y espíritu; (4) son congénitos pero no heredados; (5) son estructuras puramente formales y contenidos; (6) son psíquicos y extrapsíquicos (psicoides). Estos desdoblamientos, y muchos más del mismo estilo que aparecen en la descripción de los arquetipos, no han de resolverse filosófica, empírica o incluso semánticamente; pertenecen a la contradicción interna y a la duplicidad de las metáforas míticas, de manera que toda afirmación relativa a los arquetipos ha de ser interpretada metafóricamente, anteponiéndole un “como si”.”[4] 

 

El Anima

El término anima refiere a alma, que en expresiones generales, el recorrido de la literatura y el pensamiento mencionan que es  lo que mueve, da fuego y da calor. Se la designa como mediadora entre lo consciente y lo inconsciente dado que posee receptividad y menor prejuicio hacia lo irracional, teniendo íntima relación con lo creativo. El poder de esta potencia radica en que es la propia representación de la Naturaleza: que fija la esencia y propiedad característica de cada ser.[5]

En un brevísimo recorrido por algunas etimologías podremos asestar el significado de lo que nos incumbe al momento: Seele (en alemán)  y soul  (en inglés) conjugan en saiwalla (del gótico) que es la fuerza motriz, vital. Por otro lado, tenemos aiolos (del griego) que quiere decir movedizo y abigarrado (tomentoso), deviene en Eolo, hijo de Zeus a cargo de los vientos.

 

Entre los principales arquetipos que designa Jung, se encuentra el de anima: es lo que refiere a lo eternamente femenino, lo antidogmático y a favor de la vida. Muchos cuentos fantásticos, de hadas, doncellas y otras apariciones nos dan la idea de imagen que remite al arquetipo de lo femenino.

Quisiera hacer un paréntesis y aclarar que es preciso no encuadrar de forma rígida los contenidos del inconsciente, porque justamente este aspecto del alma humana es todo lo contrario a algo estricto, más bien es algo que se  acomoda de forma orgánica con los otros componentes psíquicos. “Todo hombre lleva la imagen de la mujer desde siempre en sí, no la imagen de esta mujer determinada, sino de una mujer determinada. Esta imagen es, en el fondo, un patrimonio inconsciente, que proviene de los tiempos primitivos y, grabada en el sistema vivo, constituye un “Tipo” (Arquetipo) de todas las experiencias de antepasados de naturaleza femenina, un sedimento de todas las impresiones de mujeres, un sistema de adaptación psíquica heredado…” [6]

 

Las Valkirias nórdicas, las ninfas, sirenas, hadas, gnomos, ondinas, los llamados Seres Elementales de la Naturaleza se encuentran en las narraciones e interpretaciones artísticas tanto de mitos hindúes pasando por la antigua Grecia como en las Sagas de Arturo y Merlín. Vemos que asumen una característica seductora sobre la psiquis dada su belleza íntima. Tienen por cuerpos formas de energía como espectros (entes) y no necesariamente son encontrados en carácter material o físico. Es lo permeable pero difícil de captar. Muchos de ellos son traviesos por naturaleza y gustan burlarse o vengarse de la gente si no son tenidos en cuenta, pero suelen ser sumisos de verdaderos Magos, léase padres… “Lo significativo aquí es que las doncellas sienten el avasallante deseo de la batalla y, al escapar volando, arrastran a los hermanos tras de ellas. En el lenguaje psicológico, significa que el deseo de nuevos desafíos se hace sentir primero en lo femenino-inconsciente. Antes de llegar claramente a la conciencia, la lucha por algo nuevo y diferente se expresa generalmente en forma de una sacudida emocional, un impulso vago o un humor inexplicable. Cuando esto se expresa a través de un ser femenino tal como en “La Canción de Wayland” y muchas otras leyendas, significa que los movimientos inconscientes se transmiten a la conciencia por medio de un elemento femenino en el hombre, o sea su anima.”[7] 

Por su lado las hadas, hábiles en encantamiento y hechicerías, “inspiran a los curadores naturales sus extrañas y a la vez rudas artes, en donde se mezcla la intuición con el recuerdo mutilado de una ciencia perdida.”[8] La riqueza psíquica que traen los cuentos de hadas, a diferencia de los mitos, se manifiesta en que contienen mucho menos material cultural consciente específico, reflejando más crudamente la estructura.            

 

Sostenemos que estas cualidades que se manifiestan en los seres elementales nos remiten a las características del anima, las cuales envían constantemente mensajes de su existencia a la conciencia masculina. Es una instancia que puja por ser escuchada y de no serlo, pasa la cuenta. Es una solicitud que de no ser atendida correctamente, peligra entre producir fascinación o rechazo.

Es bien sabido que el hombre gusta de tener íntima relación con objetos (de estudio-trabajo-autos), más que con conservar relaciones afectivas, cualidad ajustada a lo femenino. El escuchar al anima puede facilitarnos con esta conexión sentimental para hacer las paces con el inconsciente de manera que este no nos traicione. En los avatares heroicos de nuestra existencia, predomina la consternación al respecto  del acontecer inconsciente y este “dar cuente de” es un componente importante para poder avanzar sobre el proceso de individuación.

 

A continuación voy a hacer referencia sobre algunos estadios que propone la Psicología Analítica, como para graficar las alternativas anímicas que subyacen en el tango. En “Psicología de la Transferencia” Jung remite a cuatro particiones de la figura del anima, lo cual resulta interesante en el contexto de su estudio. La primera es Eva, haciendo alusión a lo biológico como esposa-madre-tierra, representa a la mujer cuyo fin es “ser preñada” como personificación de una relación puramente impulsiva:

“En mi amado rancho, bajo la enramada, en la noche plateada, con dulce emoción, le canto al pampero, a mi patria amada y a mi fiel amor. Soy la morocha argentina, la que no siente pesares y alegre pasa la vida con sus cantares. Soy la gentil compañera del noble gaucho porteño, la que conserva el cariño para su dueño.” (“La Morocha” 1905 de Angel Villoldo y Enrique Saborido) 

 

La segunda es Helena (de Troya), representación del Eros con ya algunas cualidades y valores individuales pero en un nivel estético y romántico:

“Cuando yo te conocí te engrupía la “piu bella” me la tiré de pamela de charoles y bastón. Me contestaste por carta toda adornada de flores y unimos nuestros amores tan sólo en un corazón.” (“¡Que querés con esa cara!” 1915 de Contursi-Arolas)

 

La tercera es María que nos remite a lo cristiano-religioso-celestial como “eterno femenino”, elevando al Eros a lo más etéreo y espiritualizándolo en devoción religiosa:

“Una estrella que cayó del firmamento, echa carne por milagro de la vida en momentos en que mi alma estaba herida, con sus luces mi destino iluminó. Hoy no siento ya el dolor de mis heridas. Todo es alegría, un canto de amor.” (“Cuando el corazón” 1938 de Carmelo Santiago-Francisco Canaro)

 

Y por último menciona una instancia que aparentemente no podría “exceder” a la anterior; Sofía, la sabiduría, la sapientia. Dice que representa una espiritualización de Helena (Eros) y que es parangonada con la Sulamita del Cantar de los Cantares:

“Sus ojos parecían azul del cielo al mirar. Ningún gaucho jamás pudo alcanzar el corazón de Lucía. Hasta que al pago llegó un día un gaucho que nadie conocía. Buen payador y buen mozo cantó con voz lastimera. El gaucho le pidió el corazón, ella le dio su alma entera.” (“La Uruguayita Lucía” 1933 de Daniel López Barreto)

 

Quisiera incluir otro arquetipo el cual no lo propone específicamente Jung pero que me parece crucial para desentramar el embrollo del tanguero y que quizás es en donde la “milonguera” más se identifica. Es el arquetipo de Lilith: la mujer mágica, bella, encantadora, que rehúsa de la dominación sexual masculina para  seducir al hombre y después desecharlo. Leyendas “paganas” cuentan que fue la primer mujer de Adan hecha por Dios de la misma manera en que éste hizo al hombre: “Che, madam, que parlás en francés y tirás el dinero a dos manos, que cenás con champán bien frappé y en el tango enredás tu ilusión, sos un  biscuit de pestañas muy arqueadas, muñeca brava bien cotizada. ¡Sos del Trianón… del Trianón de Villa Crespo…, che, vampiresa, juguete de ocasión!” (“Muñeca Brava” 1928 de E. Cadícamo y Luis Visca)                 

Por último y precisamente en este caso no menos importante, tenemos la manifestación del arquetipo de la Hetaira, la cual también se podría incluir en el ejemplo anterior; es la prostituta sagrada. Se les llamaba así a las sacerdotisas de la diosa Afrodita en la isla de Pafos que se prostituían una vez al año cuando venían los viajantes para obtener dádivas para mantener el templo: “Yo soy la muchacha del circo. Por una moneda yo doy un poco de humilde belleza, un poco de tibia emoción. Yo soy la muchacha del circo. Por esos caminos yo voy, ceñida en mi malla de seda, repartiendo a todos flores de ilusión.” (“La Muchacha del Circo” 1928 de Manuel Romero-Greardo Matos Rodríguez)[9]  

 

Debido a la versatilidad de su expresión, podríamos extender infatigablemente la cantidad de ejemplos dentro de la poesía tanguera. Se hacen interminables los ejemplos que se pueden extraer tan solo de las letras con respecto a las diferentes estadios del anima. Acordamos que refleja una cultura centralizada en el aspecto anímico, son un masaje del alma. Es importante detenernos en este punto como para llamar la atención con respecto a la cualidad de la expresión tanguera, voz de alerta que le provee al hombre en relación al polo sentimental.

 

La expresión de los mitos es en donde apremia lo imaginal[10], es fruto de la creación espontánea y autónoma de fantasías. En el registro de la expresión tanguística encontramos un llamado, un grito constante y específico del componente anímico.          

Lo inconsciente, lo irracional, la receptividad, la apertura y el vacío son algunas de las características del tipo. Es también, lo unitario y  Maternal (madre hay una sola): 

No te quejes, bandoneón, que esta noche toco yo. Pa' que bailen los muchachos
hoy te toco, bandoneón. ¡La vida es una milonga!
Ella fue como una madre, ella fue mi gran cariño... nos abrimos y no sabe
que hoy la lloro como un niño…”
[11]

“La importancia de la Diosa como símbolo de la maternidad fue expuesta por Jung. La Diosa Madre como fuente sobrenatural del mundo es un concepto innato en la mente humana anterior al nacimiento, en parte porque la primitiva experiencia universal es la gestación; idea prenatal que se refuerza después del nacimiento cuando la madre alimenta con comida, amor y cuidado y el niño depende totalmente de ella (todo proveedora)[12]. En esta etapa la experiencia adquiere carácter numinoso, sentimiento de divinidad. Este proceso se refleja en los mitos que se refieren al comienzo del mundo, y de la conciencia emergiendo del caos, totalidad caótica que encierra bueno y malo, masculino y femenino. Madre buena y mala, o figuras ambivalentes, diosas que combinan ambos aspectos como Hera, Afrodita, Kali.”[13]

Perentorio es que el hombre trate a esta representación con reverencia, pero nunca cayendo en sumisión. Esa es la primera travesía de la cual debe destrabarse el héroe para poder enfrentar a sus contrincantes monstruosos, mentores de la energía arquetípica de la Gran Madre. Es crucial que él pueda instigar el desligue de esa madre ambivalente para comenzar el camino, recorrido que erramos si especulamos que sea lineal y directo. Los beneficios que traería su completa sumisión son tan eficaces como su repliegue. Cual figura atroz precisamos la mayor y más astuta pericia para poder encarar semejante efigie, labor que habitualmente acarrea toda una vida.      

En este trazo, se podría decir que el hombre fija más su proyección dadas las características unitarias del anima; de ahí la tragedia tanguera: “no va a haber otra igual”. Podemos decir que el hombre sí “sabe lo que quiere”, porque hay una sola, queda fijado y se le hace casi imposible reemplazar el modelo dado la rigidez de su imagen, se produce una fascinación hacia la epifanía. Pero también a su vez se encuentra una posibilidad de transacción (no concuerda quizás con ésta pero le brinda otros beneficios tales como que podría no ser tan bella, pero que trae tranquilidad al hogar). Todo hombre llega a ser un héroe trágico sin llegar a su estándar de perfección, busca lo predeterminado en su mente, la mujer cual horma, tiende a empatizar, lo copia e imita anticipándose para encantarlo. En cambio, podríamos expresar de la mujer, que no sabe precisamente lo que quiere, pero sí que lo suple con mayor facilidad (característica gregaria, de acción, propia del animus -ver animus-).

 

De esta manera referimos espiritu[14] a animus y alma a anima, en griego anemos;  neuma: viento, aire (pneumático), lo que da vida. Sostenemos también que psique y psico quieren decir viento, alma y mariposa que va a libar a la miel (pensamiento) (algo previo a, cuerpo formado por soplos invisibles, primitivos). Es lo que permanece dinámico y móvil, cosa contraria a la materia sin vida.

 

En conclusión, volvemos a la concepción del alma como motor de vida.

 

El Animus

En el otro polo sexual nos encontramos con el arquetipo animus que, como dijimos previamente, corresponde a las características viriles y masculinas que contiene la psiquis de la mujer y son nutridas primordialmente por la figura del padre. Como el anima en el hombre, este arquetipo (al igual que el resto de ellos, reconocido a través de símbolos) surge tanto en los sueños como en figuras fantásticas. Son también representaciones introyectadas de figuras masculinas significativas para el individuo dado sus dones espirituales, intelectuales y físicos. Es la acción, el Logos, lo que penetra en el sentido intelectual y de significado. Esta imagen paternal confiere  a la hija muchas veces de convicciones de aseveración y de severidad bajando un manto de frío y helado. Estas características se le presentan a la mujer en condiciones de “tomar las riendas” para desplegar su capacidad laboral e intelectual hoy en día, donde las posibilidades de reafirmarse en este sentido son mayores que en otros tiempos.

Si la mujer no cultiva ese referente espiritual queda tomada por su complejo activando negativamente su arquetipo, es aquí donde podemos decir que es “poseída” por él. De lo contrario, puede brotar una hiper-identificación con el mismo y por lo tanto, una sobre adaptación, lo cual nos remite a igual resultado.

 

Lo masculino nos consigna a lo gregario, es la acción, lo que se desplaza y avanza. A estas características intrínsecas es coartada la condición de la mujer con respecto a su imago[15] masculina. Con respecto a lo referido anteriormente, se puede decir que la mujer no sabe muy bien lo que quiere pero lo puede “recombinar” con mayor facilidad que el hombre. Lo propio del animus le permite atesorar en su psique esta flexibilidad de cambio, permite desplazar la proyección hacia otros referentes masculinos, que a la inversa del anima en el hombre, tiene mayor posibilidad de sustituirse. A modo de hipótesis también podríamos plantear que a nivel conciente se invierte la fijeza inconsciente del hombre y de ahí que sea “más infiel” que la mujer, gozando del estar con “muchas”. Por el contrario, la mujer, al tener a nivel inconsciente “muchos”, invierte su “infidelidad íntima” en “fidelidad” consciente al presentarse como “mujer de un hombre solo”.         

 

Sería importante que ella pueda instrumentar y discriminar bien las capacidades que el animus le provee para enfrentar el mundo, evitando dejarse conducir por éste de forma ciega y autónoma. Lo fundamental yacería en integrar tanto lo propio femenino como lo masculino, sin dejar relegada esta cualidad al servicio de la sombra

 

La mujer proyecta sobre el hombre estas características que en su totalidad nunca van a condensarse en una sola figura, entre otras cosas, dadas las cualidades colectivas tanto propias del arquetipo como del animus específicamente. Retirar la proyección es un trabajo difícil al cual tememos enfrentar pero necesario en cuanto queramos transitar el proceso de individuación.   Incorporar esta faceta significa abrir un nuevo campo, una nueva visión que conduce hacia la amplificación de conciencia (proceso del héroe-alquimia). Abrir un nuevo domino nos proporciona una respuesta sobre ese “qué hacer”.

La mujer en su centro conduce sus actividades de forma práctica y dinámica, esta dentro de su esencia, la cuestión es saber encausarla, camino que únicamente nos da el andar. Al igual que en el hombre y su anima, podremos ver cuatro aspectos del animus a saber; el poder físico (hombre musculoso), la iniciativa de planear y la acción, la “palabra” (profesor o sacerdote) y finalmente en la encarnación del “significado”. Al igual que el anima, este último estadio conduce a la mediación de la experiencia religiosa.                 

 

Entre otras acepciones, el espíritu (del latín spíritus) es el ser inmaterial dotado de razón  y objetividad. Se concibe como principio activo superior que en su máxima expresión es “Dios”. Se halla la expresión manifiesta de ese Dios-Padre de antaño presente en la religión, hoy vigente en la cotidianeidad de su vivencia como respuesta de acción frente a las exigencias actuales. La técnica como la insurrección  de la no-maternidad difluye toda esta energía femenina para encausarla a disposición de su poder. Este quantum de energía psíquica cala nuevos senderos que proveen, en el mejor de los casos una amplificación de la cultura y en el peor, su paulatina destrucción.    

 

Este es el momento en donde la mujer cimenta su poderío. Comienza un nuevo siglo de pertenencia para ella, pero es la sociedad entera la que dirá hasta donde llegaran sus zarpas. Se le plantea un “enfrentamiento interno” entre el Arquetipo de vida “vsus.” arquetipo del saber (Anciano Sabio).   “En los sueños modernos y la imaginación activa, el anima aparece con frecuencia en compañía de una figura paterna. Esto se puede interpretar como una insinuación de que detrás del elemento natural femenino yace un factor masculino espiritual al cual se le adjudica el conocimiento de las cosas ocultas que poseen estas criaturas femeninas elementales. Jung llama a este factor “el Viejo Sabio”, o el “arquetipo del significado”, mientras que denomina al anima como “el arquetipo de la vida” [16]

 

No es sin dificultades lo que se presenta, lejos de ser un trayecto módico, se torna en paulatino sacrificio. Camino que una vez más nos recuerda al recorrido del héroe.

Es natural que se encuentre descolocada y contradictoria, balanceándose entre lo acechante y lo sumiso. ¿Cómo integrar estas dos cuestiones? ¿Cómo romper ese castillo de cristal para entrar al campo de batalla? ¿Quién es el que trabaja? ¿Quién tiene “el poder”? ¿Quién actúa? o mejor dicho, ¿cómo actuar?  Definitivamente se nos abre un nuevo capítulo en la historia.

La integración de los dos aspectos descriptos arriba es a donde debería apuntar la psicología actual y sospechamos que el baile de tango nos provee tal cualidad. Tomar conciencia de sí, la aceptación del sentimiento por parte del hombre y la instrumentación del saber por parte de la mujer es nuestra primordial tarea a realizar. El conjuro de la naturaleza a favor de su preservación es una faena urgente a atender para detener la destrucción de la misma. La disección de la técnica no deja piedra sobre piedra, la codicia lidera cobrando las almas de los individuos. El estar presentes en cuanto al reconocimiento del otro nos predispone hacia el encuentro, la unión de dos fuerzas que mantienen el ciclo de la vida y de la muerte.             

 

 

El Rol de la Danza de Tango frente a las disquisiciones actuales

 

La danza evoca emociones que son comunes a la humanidad toda, por eso es  que este tipo de expresión se encuentra difundida y en actividad constante en la actualidad y en la historia. Pero ¿que es lo que diferencia al tango-danza de las demás? ¿Cómo es que su repercusión llama la atención de  tan disímiles raíces culturales alrededor del mundo?  

Para responder estas preguntas es menester dar cuenta primero de lo que la danza del abrazo genera desde lo fenomenológico, estudiar su particularidad. El contacto pleno en correspondencia con el cuerpo del sexo opuesto es el primer ítem que llama la atención. Que en la actualidad exista una demanda creciente de este modo de comunicación a través del cuerpo, en principio marca el contrapunto del vacío comunicacional existente y a su vez el reino de la abstracción.   

 

Todo un oleaje de jóvenes que acuden a las diferentes milongas de Bs. As (cada día en mayor cantidad) y de otras capitales provinciales hacen mella en mi curiosidad. Es una generación que recibe la influencia del mismo, a mi parecer, de un modo renovado. Hay una distancia y resignificación de la compatibilidad en este movimiento que se nos presenta, curiosamente, como algo nuevo. Frente a esto, no es de extrañarnos que hallemos un giro tal vez inesperado de toda una concepción que antaño fue considerada sacra. Este nuevo aire que se está gestando tiene mucho que ofrecer a una descendencia casi ignorante en el tema. Es como reencontrar algo muy preciado dentro, que siempre estuvo pero que nunca dimos cuenta, una pequeña luz en el desconcierto de lo impersonal. Situarnos a pensar sobre este fenómeno desde adentro nos aleja de lo extraño que podemos sentirnos con respecto a nosotros mismos. La construcción de una identidad se hace necesaria en los momentos de crisis y de edificación de un pueblo relativamente inmaduro. 

 

La propuesta es intentar dilucidar con cierta pericia la vuelta del tango. La gente va dando cuenta de estas décadas de desatención. La crisis es un empuje a esto, juega como disparador introspectivo hacia lo propio cultural, lo alimenta y lo refuerza. No nos olvidemos que de eso habla el tango; desarraigo, pérdida, desencuentro, desamor y reencuentro con la interioridad. El llanto de un alma herida, su viva voz y su bella expresión de tristeza. “En toda danza se da un nexo entre el hombre actual y el hombre arcaico. Es el nexo de la continuación de una vivencia que revela contra el tiempo histórico autónomo porque implica una nostalgia de los orígenes. El baile, como realidad concreta cumple la función de una repetición de un acto planteado y vivido por otro que conocía al hombre pero que no era hombre. Como tal, ese acto cumple también la función de la imitación. Es en definitiva el repetir y el imitar de los arquetipos. En base a estas dos funciones, la danza, particularmente la folklórica, da sostén a la tendencia conservadora del pueblo y a su valorización metafísica de la existencia humana.”[17]

 

Si bien el tango es depositario del dolor, su expresión a través del arte no deja de tener un tinte de vida, recordemos igualmente que no todos los tangos son exclusivamente dramáticos, muchos contienen elementos alegres y de esperanza.[18]

Sostenemos que el arte y el amor son vías regias hacia el camino terapéutico. El hallazgo tanto del joven intelectual sensible como del curioso que comienza a transitar los primero pasos (de baile) nos remite a una situación primitiva; la búsqueda del contacto, un abrazo, la contención, su afirmación como ser humano, su identidad y  razón de ser. “Todo esto hace del tango una danza introvertida y hasta introspectiva: un pensamiento triste que se baila. A la inversa de lo que sucede en las otras danzas populares, que son extrovertidas y eufóricas, expresión de algazara o alegremente eróticas. Solo un gringo puede hacer la payasada de aprovechar un tango para conversar o para divertirse.

El tango es, si se lo piensa bien, el fenómeno más asombroso que se haya dado en el baile popular.”[19]

 

Lo que tiene de importante la aproximación de la lo juventud al tango es que abre posibilidades con respecto a la expresividad, recreando la cultura. El poder, al menos “abreactivo” que genera la música implicada con nuestra historia y encima con la capacidad de resignificarla, no carece de valor.

 

En este punto sería interesante detenernos en el concepto de sombra propuesto por Jung. Es propuesto desde la teoría Junguiana que todo lo que surge desde lo sombrío abruptamente es de complicada índole y particularmente frágil debido a su desconocimiento e insurgencia. La sombra pertenece a la parte inferior de la personalidad… es “la suma de todas las disposiciones psíquicas personales  y colectivas, que no son vividas a causa de su incompatibilidad con la forma de vida elegida conscientemente y se constituyen en una personalidad parcial relativamente autónoma en el inconsciente con tendencias antagónicas.”[20]

Pero la dificultad se acrecienta cuando este florecimiento es colectivo, hay que recordar que el poder de lo colectivo asola con todo. El problema aparece cuando no prestamos atención acerca de las cosas que rechazamos, cosas que no nos son asequibles a la conciencia.[21] Paulatinamente se va produciendo un cúmulo, que,  en contraposición al posible  pensamiento de sentido común, las características apartadas no desaparecen sino que se depositan en esto que llamamos sombra, en los escondrijos no visibles de nuestra personalidad. A medida que estas van acumulándose se produce un peso insoportable que da camino a su estallido tornándose irrefrenable. Cuanta más cantidad de energía va tomando esta acumulación a colación de su paulatino aglutinamiento, mayor será la potencia de su explosión. Por ello es necesario tomar registro de los sentimientos adversos a los cuales solemos contrariar y el tango es una vía de reconocimiento hacia ello. Nos brinda la posibilidad de reconocer y examinar la falta, el dolor y el desamor, y a su vez,  brindarle a la desgracia una mueca, un guiño, una sonrisa.       

 

El burdel y su evolución

Aunque irreal como origen del baile, existe una impronta que dejó  asentada la danza en sus comienzos con referencia  al tema del burdel. Cabe remarcar la falsedad en la concepción de que el baile fue creado en el prostíbulo. El tango en su origen fue una expresión del pueblo, del negro, en palladas del campesino sobre las tardes de arrabal y conventillo, en última instancia, su nacimiento no fue unívoco.  

 

No obstante, el burdel fue una empresa que abrió a un montón de gente la posibilidad de descubrir y propagar el baile, amén de practicarlo, fue donde cobró  su matiz erótico y aletargado definitivo. Fue el lugar oportuno para que las distintas clases sociales se entremezclen, centro de pasión e instinto que no mediaba represión de lo primario. El lupanar[22] era  cuna de taitas y cantores donde resabios de “niños bien” y  profesionales de la clases medias iban a saciar sus apetitos mas bajos: cocaína champagne y sexo eran los platillos preferidos del día. “Cierto es que surgió en el lenocinio, pero ese mismo hecho ya nos debe hacer sospechar que debe ser algo así como su reverso, pues la creación artística es un acto casi invariablemente antagónico, un acto de fuga o de rebeldía. Se crea lo que no se tiene, lo que en cierto modo es objeto de nuestra ansiedad y de nuestra esperanza, lo que mágicamente nos permite evadirnos de la dura realidad cotidiana. Y en esto el arte se parece al sueño.”[23]

 

De esta manera el tango comienza su escalada social masiva, barco mediante, hacia el resto del mundo, haciendo su inaugural parada intemperante en aquel “sueño de Francia…”, podríamos decir quizás, la capital occidental que necesitaba detenerse en los avatares de la pasión para recobrar su humanidad.       

 

Esta pequeña reseña histórica viene a alertarnos  sobre la estigmatización del origen de la danza, pero a recordarnos que sin el cabaret el tango no sería lo que es hoy.

Es importante el pasaje que hace la danza a lo largo de su recorrido histórico el cual se podría sintetizar como del precalentamiento en el burdel para pasar al dormitorio, al reconocimiento de los sexos. Menudo pasaje… esto es lo que se incluye como evolución psicológica del tango. Cuando digo danza digo tango y digo argentinidad. Es también importante detenerse en este fenómeno y pensar sobre él en el curso de su transformación. Es hacer algo para encausar y acrecentar humanamente ese potencial. En este sentido, el arte hace las veces de barómetro en cuanto a las disposiciones sociales, lo cual nos sirve para comprender nuestra condición solo si tomamos conciencia acerca de tal. No podemos dejar pasar de lado este recorrido y pensar sobre ello, si es que se da de esta manera, tenemos al alcance la llave de la posible “curación”, o al menos es el primer paso hacia ella; el reconocimiento de nuestro padecer.

 

El Mandala y la Mandorla

Según el autor íntimamente ligado a la obra y persona de Jung, Robert A. Johnson, se podría decir que la mandorla es el equivalente occidental del mandala, el cual es una construcción específicamente oriental que hace referencia a un cuadro (en su sentido más amplio) de plenitud. Este fue tomado luego por el cristianismo como símbolo de sanación y aparece también en la arquitectura gótica. Por su parte mandorla quiere decir “almendra”, es la forma que da la conjunción de dos círculos (conjuntos), en donde se reconoce la intersección de dos mundos que denota específicamente la unión. Proviene del cristianismo medieval y podremos apreciar esta figura en muchas de las iglesias donde generalmente aparecen Cristo y la Virgen pero raramente podremos oír hablar de ella hoy. Es la incorporación de anima y animus, el enlace de los opuestos complementarios, mientras que el mandala es la zizigia (opuestos compl., dejando implícita su conjunción). La almendra, en griego amygdale, es un antiguo símbolo del encierro de valioso contenido en una cáscara muy dura, casi impenetrable. La radiante mandorla envolvente es una imagen mistérica de la concentración en la luz que irradia desde dentro con respecto al escondimiento de la verdadera naturaleza de Cristo en su corporeidad, también se tomó por la edad media como símbolo del germen humano encerrado en el útero (con su forma estilizada de vulva).[24] 

 

El baile de tango al religar los opuestos en pleno abrazo actúa en su doble faz; uniéndolos por un lado y graficando el cuadro completo por el otro. Ambos poseen capacidad curativa.[25] Tal capacidad es proveída por la enseñanza que lega para conseguir la reconciliación de los llamados “opuestos complementarios”: Cristo y la Virgen, Cielo y Tierra, etc. “El cristianismo hace una maravillosa afirmación del elemento femenino de la vida concediéndole un lugar en la mandorla, y la Virgen está majestuosamente sentada en la mandorla con tanta frecuencia como Cristo.”[26] Nos percatamos que ésta cumple la función de hacer unir lo que está separado y como tal Johnson refiere que la sanación debe comenzar a partir de una vuelta a unir mediante su paulatina y creciente superposición hasta hacerse más completa, un camino hacia “la experiencia religiosa más profunda que podemos experimentar en la vida.”   

 

Lo particular de la danza de tango esta en que tanto “estética” como “espiritualmente”  contiene un refinamiento privado, hay docilidad y fuerza a la vez, máxima presencia y ausencia del entorno. La pareja, en su abrazo y su andar aletargado nos oculta algo bien íntimo (un espacio reflexivo de la psique), pero desde otra perspectiva se nos ofrece como algo a ser mostrado y notado por un espectador. Hay un defasaje entre lo producido “como mucho mas elevado” de la gente que lo funda. 

 

También se suele decir que el baile es de a tres.[27] Es algo que trasciende la dicotomía sujeto-objeto; no se remite específicamente a la producción danzística de una parte o de la otra, es difícil seccionar el baile de uno de los partenaires, más bien se ve, al menos en una primera observación, el conjunto, una gestalt, algo más que la suma de las partes. Esto da para hacer referencia a la espontaneidad de lo propiamente intuido que nos brinda la danza en su accionar. Al perderse el uno en el otro se nos funde tal dicotomía en una aprehensión sintética que permite la vuelta a la unidad, la indiferenciación, diferenciada. La profundidad con la que esta se expresa contiene un alto potencial creativo que accede la interacción en el plano del otro.

 

Así, no es fácil pasar por alto estas peculiaridades que nos trae la danza. Si bien las letras y su música nos invitan al trance, la danza nos lleva más allá de una forma poética o musical artística, nos remite a un encuentro con el otro en su forma más placentera y deleitante, nos invita a conocer y respetar ese encuentro de forma consagrada.  Es volver a las formas más primitivas, primarias y puras (en lo evolutivo, hacia el encuentro con el otro) de comunicación de amor: el contacto físico, el abrazo. Es la vuelta al vientre materno. Cosa entrometida que se de dignamente en estos tiempos posmodernos donde reina la individualidad y el desapego más lastimoso lo cual golpea de manera contundente sobre nuestra psique, que al decir de Jung es el delgado hilo de donde pende el porvenir de la especie humana. 

 

El efecto tango

Por lo anterior, es de suma importancia darle lugar y fomentar la investigación científica de lo que nos traiga más acá a la vez de lo que nos eleve espiritualmente. Sospechamos que el baile de tango brinda un estímulo peculiar, dado el plus de energía que genera sobre la dinamización de ambos cuerpos. Podríamos decir que en el abrazo tanguero, en su circularidad y compás expresa sentimiento y produce energía, sinergiza[28]. Se inaugura una manera de bailar inexistente antes de él, la danza del abrazo.[29] Se podría decir con respecto al efecto tango  que al joven lo hace sentir y verse mayor, y a la gente mayor, mas joven. En el afán por mantener la virilidad la recompensa parecería ser la juventud. Se habla de y se sostiene la virilidad en cada expresión tanguística (de baile). En contrapunto, si nos ponemos a reflexionar acerca del joven que se arrima al tango, nos vamos a encontrar con cualidades específicas (vestimenta elegante, cortesía, seducción, “caballerosidad”, etc.) que no son comunes a toda la juventud pero sí contagiables. Podríamos decir que es sin dudas una persona hipersensible que siente de tal forma sin haber vivido “la cosa” (el desengaño, la vuelta a la casa materna, el exilio, etc.) De alguna manera la intuye o registra pequeños matices en su corta vida potencializándolos en su expresión. Toma  parte de la “herencia psíquica” que  va sedimentando y nos es puesta de manifiesto en esta voz tanguera resignificada. Tiene que ver con ese “efecto introspectivo” del que habla Sábato. Un viaje interior en la búsqueda de esa identidad incierta. Todos somos en última instancia, inmigrantes de nosotros mismos.

 

Promotor de identidad espiritual

Si bien de a poco, las reglas ritualísticas milongueras preestablecidas van modificándose (ej: desde la disposición del espacio físico de los salones de baile hasta el cabezazo, la exclusividad del hombre para invitar a bailar, el aguardar de la mujer sentada y sumisa, etc.), tomando un cariz laxo hacia una nueva significación del símbolo, lo que por un lado trae apertura confirmándonos la hipótesis de lo inagotable de éste y por otro permite que el tango se vuelva atractivo para el espíritu joven.

 

De lo dicho anteriormente rescatamos la consistencia que brinda el arte de lo propio a las nuevas descendencias, hoy todavía quizás un tanto inseguras en cuanto a lo “verdaderamente” propio, pero a su vez cosechando el registro y la certeza del transito, del devenir. Toda transformación hacia un paso evolutivo nos es dada siempre de a poco y con la desajustada inseguridad de no poder ser al mismo tiempo. El hecho de que se halle cuestionado el propio basamento del tango, no nos tiene que asustar sino más bien viene a confirmarnos la solidez del mismo.

 

“El yo es una síntesis consciente de infinito y finito que se relaciona consigo misma, y cuyo fin es devenir de ella misma.; lo que solo puede hacer refiriéndose a Dios. Pero devenir uno mismo es devenir concreto, lo que no se logra en lo finito o en lo infinito, puesto que lo concreto en devenir es una síntesis. Por lo tanto, la evolución consiste en alejarse indefinidamente de sí mismo en una “infinitación” del yo, y en retornar indefinidamente de sí mismo en la “finitación”. Por el contrario, el yo que no deviene él mismo permanece, a pesar o no suyo, desesperado. No obstante, en todo momento de su existencia el yo se encuentra en devenir, pues el yo en potencia no existe realmente y no es más que lo que debe ser. Por lo tanto, mientras no llega a devenir él mismo, el yo no es él mismo; pero no ser uno mismo es la desesperación.”[30]

La cita viene a colación de lo elaborado; no se puede ser “uno mismo” (lograr una síntesis del yo) si no es aceptado el lado espiritual de lo psíquico: la conexión con Dios, y una forma trasmutada de esta conexión nos es proporcionada por el baile de tango. El llamado de Shàngó[31] es oído en la actualidad por miles de jóvenes de todo el mundo y es la propuesta de nuestro tierno país la que se hace escuchar. Hay una necesidad irrefrenable de ser penetrados por lo divino… de saber, de obtener la consistencia que nos brinda la certeza de un Dios para evitar pecar de soberbia. Movimiento altamente necesario hacia la curación del alma y ponerle un freno a la avalancha de desesperación.

 

Para Jung, la capacidad del sujeto de enfermar, de provocar una neurosis, es debida a la incapacidad del individuo de realizar una nueva síntesis de vida, se equipara mediante una imagen: el agua del deshielo de la montaña la cual se ve detenida por un dique. Las crisis se engendran cuando hay dos fuerzas opuestas y el neurótico no está capacitado para enfrentar, resolver ni recrear esto. En contraposición, el “no neurótico” es la persona que funciona armónicamente con lo que lo rodea, el que está centrado en lo suyo o en su religión, intereses, etc, con la salvedad de que es estructuralmente igual de neurótico pero “cargando con una cruz más liviana”. De lo que concluimos que primero hay que darnos a nosotros mismos para luego poder tener, es decir lograr un paradigma, ver de cerca.      

 

El ser en el tango apela a tomar conciencia de nosotros mismos, de superarnos en cuanto a lo que padecemos ¿y de qué padecemos?, padecemos de nosotros mismos, “el hombre es el lobo del hombre” y en cuanto no tengamos bien en claro esta premisa no vamos a poder avanzar ni tomar las riendas de nuestra propia redención. Nietzche en su culmine “Así habló Zaratustra” formula la muerte de Dios, en este contexto podemos aceptar la propuesta de Nietzsche en el sentido de la incorporación de Él para atrevernos a devenir  en “superhombres”. La invitación es a superar creando para volver a los designios de la Tierra. “El superhombre es el sentido de la tierra (…) Tiempos hubo en que pecar contra Dios era el pecado más grave; pero Dios murió, y con él murieron también esos pecadores[32].”[33] En este sentido invitamos a que nuestro trabajo sea dar muerte al pecador, pecador de obviar el designio para el cual hemos venido al mundo, a lo primero, o sea, ser nosotros mismos. De esta manera volvemos a “Psicología de la Transferencia”, donde Jung hace una disquisición entre las cuatro etapas del eros heterosexual (anima) antes referida, en la que enuncia como primera instancia al arquetipo de  Eva como apelando a lo primero y lo maternal biológico, la tierra. Interesante es observar como Nietzche ya en su tiempo, al igual que el tango y posteriormente Jung, pregonen la vuelta a lo uno, a las bases, a lo primigenio; “Hoy ya vuelvo arrepentido hecho mas hombre y mas bueno a la vida del hogar. Perdoname, que tu hijo tiene un pensamiento fijo y nadie lo hará cambiar.” Pero a su vez, el tango insiste en la incorporación y reconocimiento del componente espiritual (Maria); “Alma, no entornes tu ventana al sol feliz de la mañana. No desesperes, que el sueño más querido es el que más nos hiere, es el que duele más… (sic)… ¡Deja esas cartas! ¡Vuelve a tu antigua ilusión! Junto al dolor que abre una herida llega la vida trayendo otro amor.”[34]                                   

 

 

 

Conclusión

 

El tango danza en la actualidad viene a proponernos una solución de un problema, quiero decir que en primera instancia apela directamente a algo que no miente, concreto y contiguo: el cuerpo. No nos desvía del objetivo primordial en abstracciones vacilantes, orientalistas ni pedantes sino que más bien nos remite a la conexión con el otro, el vínculo humano desde la posibilidad propia. A su vez promueve la proximidad del sentimiento (alma) y el espíritu. Este ofrecimiento a la juventud le suena extraña a la vez que tentadora dada la tendencia diametralmente opuesta que es ofrecida en la calle, y en eso radica la fuente del éxito tanguero que, por extensión, suscita una resignificación sobre el concepto de “tango” que la sociedad venía y viene sosteniendo.

 

Al menos en la Capital Federal y sus alrededores se pueden contar unas 150 milongas que abren sus puertas para que el público, en sus heterogéneas manifestaciones de edad, sexo, nacionalidad, clase socio-económica, pueda deleitarse al compás del dos por cuatro. Un espacio que permite no solo la interacción espiritual-artística sino la posibilidad de encuentro y vínculo social que formula paliar la escisión acechante. Es importante también tener en cuenta su contenido social; nos brinda la posibilidad de encontrar desde un amor o una amistad hasta una fuente de trabajo. Celebrando la riqueza de estrechar lazos que reconozcan al otro en su lugar, en su sexo, en su sentimiento, en su agonía y en su pasión.

 

No es porque sí que sea una danza única y atractiva para el resto del mundo. Cada vez hay mayor demanda y fascinación hacia ella, la danza del abrazo. Con todo esto es menester aceptar la cualidad terapéutica del fenómeno.

 

 

 

Bibliografía

 

*Sonia Abadi: “El Bazar de los Abrazos”. Lumiere 2001

 

*Hans Biedermann: “Diccionario de Símbolos”. Paidós 1993

 

*Cuadernos de Pensamiento Junguiano: “Gnosis” Revista de la Fundación C. G. Jung  de Psicología Analítica. Año a- No 1-1990.

 

*Rodolfo Dinzel: “El Tango una Danza. Esa ansiosa búsqueda de la libertad” Corregidor 1999

 

*José Gobello: “Breve Historia Crítica del Tango” Corregidor 1999

                         “Letras de Tango”. Centro Editor de Cultura Argentina 1999

 

*James Hillman: “Re-Imaginar la Psicología”. Siruela 1999

 

*Robert A. Jonson: “Aceptar la Sombra de tu Inconsciente”. Ediciones Obelisco 1998

                                “El Rey Pescador y La Doncella sin Manos” Ed. Obelisco 2001

 

*Carl Gustav Jung: “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”. Paidós 2004

                                “Recuerdos, sueños, pensamientos”. Seix Barral 1999

                                “Psicología de la Transferencia”. Paidós

                                “Símbolos de Transformación”. Paidós 1998

                                “Simbología del Espíritu”. Fondo de Cultura Económica 1998

                                “Psicología y Alquimia”. Plaza y Janes 1989

                                “El Hombre y sus Símbolos”. Paidós 1997

 

*Emma Jung: “Animus y Anima” Dos ensayos de Emma Jung

 

* Sören Kierkegaard: “Tratado de la Desesperación”. Edicomunicación 1994

 

*Jorge A. Livraga: “Los espíritus elementales de la naturaleza”. Nueva Acrópolis 1995

*Julio Mafud: “Sociología del Tango”. Editorial Américalee 1966

 

*Friedrich Nietzsche: “Así habló Zaratustra”. Altamira 1995

 

*Giovanni Papini: “Historia de Cristo” Editora Latino Americana 1969

 

*Roberto Puertas Cruse: “Psicopatología del Tango”. Sophos 1959

 

*Raul Scalabrini Ortiz: “El Hombre que está solo y espera”. Tráfico 1932

 

*Ernesto Sábato: “Tango Discusión y Clave”. Losada 1997

 

*Arthur Shopenhauer: “El mundo como Voluntad y Representación”. Biblioteca Nueva 1942

                 

 

[1] Quisiera aclarar que remitir todo a una cuestión fálica sería caer en un reduccionismo, si bien es cierto que habría un deslizamiento evidente en la trama tanguera entre los elementos falo-pene-hijo-dinero bajo la lupa del psicoanálisis tradicional, todo nuestro análisis no se  agota en éste.

 

[2] Estudios del instituto C. G. Jung de Zurich: Von der Wurzeln des Bewusstseins, 1954, pág. 576 y ss.

[3] La etimología de la palabra símbolo refiere a un término técnico de la lengua griega. Se trata de un fragmento de un utensilio de cerámica que el anfitrión regalaba a su huésped cuando éste partía para que, al volver, pudiese reconocer la casa que una vez lo acogió. La imagen está, ella misma, grávida de simbolismo. Si -como afirman muchas tradiciones religiosas- los hombres son viajeros que buscan a tientas volver al lugar de donde vienen antes -sea este lugar entendido como Dios, como una pre-existencia a la existencia terrestre, como útero seguro, como infancia grata, o como cualquier territorio que su inconsciente o sus sueños hayan fecundado- el símbolo es la promesa de volver a encontrarse allí, volver a ligarse con lo que ya no es. Re-ligarse. Inés Bortagaray. (www. henciclopedia.org.uy)

 

 

[4] James Hillman: “Re-Imaginar la Psicología”. Bilioteca de Ensayo Siruela. 1999. Págs. 316-317. 

[5] Diccionario de la Real Academia Española. 2001 Pág. 1568.

[6] C. G. Jung: “Seelenprbleme der Gegenwart”, 5ta ed. 1950, pág. 256 y ss.

[7] Emma Jung: “Anima-Animus”.

[8] Jorge A. Livraga: “Los espíritus elementales de la naturaleza”. Pág. 62 Ed. Nueva Acrópolis.

[9] Todas las letras sacadas de “Letras de tango” Selección (1897-1981) Por José Gobello. CECA. S.A.

[10] de imagen.

[11] Cadícamo-Troilo: “Pa` que bailen los muchachos” 1942. Todotango.com 

[12] La bastardilla es mía.

[13] Gela Rosenthal: “Mitos de las grandes Diosas”.

[14] Daimonion.

[15] Imagen internalizada.

[16] Emma Jung: “Animus y Anima. Dos ensayos de Emma Jung.”   

[17] Prof. Emile Briffa, M.A.:  “El baile-Símbolo” Gnosis, Cuadernos de Pensamiento Junguiano, Revista d ela Fundación C. G. Jung  de Psicología Analítica. Año a- No 1-1990.

[18] juego-milongas, alma-valses.

 

[19] Ernesto Sábato: “Tango Discusión y Clave”. Editorial Losada 2da. Ed. 1997

[20]C. G. Jung :  Recuerdos, sueños, pensamientos Barcelona, 1964 y 1999) p. 482.

[21] Por Ej.: valores propugnados específicamente por lo cultural y lo social.

[22]Meretrix era el término culto para designar a la “mujer liviana”, el vulgar era lupa (Voz lat.), loba, ramera. Los romanos referían lupanar a las casas de placer.

[23] E. Sábato: “Tango discusión y clave”. 2 da. Ed Losada 1997

[24] Diccionario de Símbolos,  Hans Biedermann pág. 290. Paidós 1993. 

[25] Ver R. A. Johnson: “Aceptar la sombra de tu inconsciente”. Ed. Obelisco 1998.

[26] Ibíd. Pág. 92-93.

[27] Ver Rodolfo Dinzel: “El Tango, Una Danza”. Corregidor Pág. 121

[28] De sinergia: Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales. Diccionario RAC.

[29] Rodolfo Dinzel: “El Tango una Danza”. Pág. 45. Corregidor 1999. 

[30] Sören Kierkegaard: “Tratado de la Desesperación”. 1994 Edicomunicación  Pág. 42

[31] Divinidad proveniente del Africa, más específicamente de la zona Yoruba de Nigeria, calificado como dios de las tempestades, conector entre lo divino y lo terrenal. Fue tomada en sincretismo por la cultura Afrocubana y de Recife (Brasil) y es una de las posibles influencias sobre la acepción de la palabra “tango”.  

[32] Incorporación de la sombra.

[33] Friedrich W. Nietzsche: “Así habló Zaratustra”. Editorial Altamira. Págs. 29-30. 

[34]Letra:  H. Manzi/ Victor Piuma Velez. Música: Rosita Melo: “Desde el Alma”. Vals. Todotango.com.