TESINA DE GRADO 

ENCONTRARSE EN EL CUERPO:

LA DANZA MOVIMIENTO TERAPIA COMO UN CAMINO HACIA LA INDIVIDUACIÓN

MAESTRÍA EN PSICOLOGÍA ANALÍTICA CON ESPECIALIZACIÓN EN ARTETERAPIA

 Tesina de graduación de Carolina Saavedra ( Colombia )

Buenos Aires, octubre de 2007

 

 Solamente lo que somos en realidad,tiene el poder de curar.

Carl G. Jung

  

A mi madre, por creer en mí y darme el impulso para volar con mis propias alas.

 A Luis, por acompañarme en la gran aventura a bordo de mi misma 

GRACIAS!!

  

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo tiene como objetivo investigar sobre la relación establecida entre el cuerpo y sus lenguajes de expresión como ejes fundamentales para tener en cuenta al interior del proceso de individuación planteado por Carl G. Jung.
Para esto, he decidido concentrar la temática del cuerpo  alrededor de la Danza/Movimiento Terapia y dos de sus principales exponentes, a saber: Mary Whitehouse y Blanche Evan. Ambas, bailarinas norteamericanas que se dedicaron a trabajar y explorar el terreno de la danza como terapia en sus estudios particulares con pacientes a nivel individual y grupal.
Si bien el punto de encuentro se centra principalmente en estos tres autores, también encontré fuentes de inspiración en diversas voces provenientes del mundo de la arteterapia, el  yoga y el trabajo con el cuerpo desde otras experiencias, que aparecen mencionados a lo largo del texto y, por supuesto, en la bibliografía.
En un segundo momento y ante la necesidad de traer algo de color al ensayo, tomé la decisión de introducir con más fuerza la voz de la pintura a través de uno de sus más interesantes y prolíficos representantes; Marc Chagall, quien con su encanto y ritmo, nos lleva por el mundo infinito y mágico del color y del cuerpo suspendido en el aire del eterno presente.

 

ENCONTRARSE EN EL CUERPO

LA DANZA MOVIMIENTO TERAPIA COMO UN CAMINO HACIA LA INDIVIDUACIÓN 

“No dejaremos de explorar
Y al final de nuestra búsqueda
Llegaremos a donde empezamos
Y conoceremos por primera vez el lugar.”
        
                                                                    T.S Elliot

                                                                                              

                           “Sólo los sentidos pueden curar el alma, al igual que sólo el alma puede curar los sentidos”.

 Oscar Wilde  

El propósito la presente investigación es ahondar en torno al papel fundamental que juega el cuerpo al interior del proceso de individuación. Pare esto, se orientará el trabajo hacia dos ejes disciplinares fundamentales, a saber: la Psicología Analítica desarrollada por Carl Gustav Jung, y la Danza/Movimiento Terapia  con dos de sus principales exponentes, a saber: Mary Whitehouse y Blanche Evan.
La perspectiva del cuerpo como guía que ilumina y genera procesos de transformación y auto-conocimiento a nivel individual y grupal, abre ante nosotros un horizonte de infinitas posibilidades para explorar en y desde el movimiento, diversas formas de auto-conocimiento e indagación. Lo anterior, nos invita a pensar el trabajo con el cuerpo en el marco de la Danza/Movimiento Terapia como un camino –entre otros- hacia el proceso de individuación.
En algún momento de nuestras vidas, todos hemos sentido la apertura, expansión y alegría que nos puede provocar mover nuestro cuerpo de manera espontánea y creativa. Incluso, es posible que hayamos conectado esa danza con nuestras emociones y su lenguaje de expresión. La Danza/Movimiento Terapia en palabras de Berger (1992) nos invita a:

                   Enfocar la conciencia individual y la exploración reconociendo la sabiduría y la información escondida en el cuerpo, la importancia del ritmo como nuestro lazo con la tierra y con otras personas, y por último, a confiar en la autenticidad y el poder de expresión del movimiento. (p. 2)

Partimos de la base que es a través del movimiento que los seres humanos podemos comunicarnos, siendo así el cuerpo el lugar en donde ubicamos el lenguaje. Uno de los objetivos centrales en Danza/Movimiento Terapia es que el individuo pueda ampliar sus posibilidades de movimiento, ampliando así, sus posibilidades de relacionarse con el entorno y consigo mismo. Un cambio mental produce un cambio corporal y viceversa.  

En Danza/Movimiento Terapia se trabaja con el cuerpo y su lenguaje de movimiento como vía de abordaje terapéutico y con la danza y la palabra como vía de expresión de esa relación.  Dado que el movimiento refleja estados internos de las personas, si se logran producir cambios en el movimiento, se pueden llegar a producir cambios en las emociones. No obstante, la única forma de entrar en el proceso es con el cuerpo mismo, ya que no podemos saber mucho de él a menos que lo movamos. (Reca, 2000)
Isadora Duncan, una de las principales pioneras del trabajo en danza como posibilidad de expresión de algo profundo y como lenguaje del alma  (1995) comenta de qué forma:

Pasaba días y noches enteras en el estudio, buscando aquélla danza que pudiera ser la divina expresión del espíritu humano a través del movimiento corporal [...] busqué el manantial de la expresión espiritual para encauzarlo en los canales del cuerpo, inundándolo de una luz vibrante: la fuerza centrífuga que reflejara la visión del espíritu [...] no era un espejo del cerebro sino del alma. (p. 89-90)

El movimiento corporal como medio esencial de expresión humana se despliega de acuerdo al esquema fundamental de la vida y la existencia. Desarrollar una visión interior implica ser conscientes del fluir de la vida y de la contribución creadora que podemos aportar. Como lo afirma Laban (1960): “la vida consiste en una cadena de acontecimientos”. (p.103)  

Todo nuestro cuerpo es un mundo que está ahí esperando a que le demos la opción de escucharlo de manera consciente, atentos a sus mensajes y devenires.  Fiszbein (2004) afirma cómo:

La necesidad de expresión en el área que sea, procede de dentro. Es un deseo de comunicar, de estar con el mundo. De que la mirada propia y de los otros complete lo creado, cierre el círculo de la comunicación y el conocimiento. (p. 24) 

La posibilidad de conocernos y completarnos como seres humanos involucra la habilidad para escuchar la voz interior. Una vez la descubrimos y le damos libertad para expresarse, algo mágico sucede,  surge un nuevo sentido de confianza en nosotros mismos y en nuestro propio proceso de crecimiento y auto-descubrimiento. En palabras de Reca (2005):

                   Crecimiento que se realiza desde el movimiento y por el movimiento de un trabajo que nos compromete en la búsqueda de nuevas formas de percibirnos a nosotros mismos en el mundo, porque lo creado nos crea y nos recrea a su vez. (p. 149) 

Es justamente este proceso de crear nuevas formas de vernos a nosotros mismos y de ver el mundo lo que nos va llevando a capas cada vez más profundas de nuestro ser, que se pueden ir integrando como unidad y totalidad del mundo psíquico. En el fondo de nuestro ser generalmente sabemos y conocemos el camino así como los pasos que nos llevan al mismo. Como lo afirma Campbell (2006): “cada uno lleva el todo dentro de sí mismo, por lo tanto puede buscarse y descubrirse dentro de él”. (p. 338)

 Este auto-descubrimiento está planteado justamente como uno de los objetivos en Movimiento Auténtico, una  de las principales corrientes al interior de la Danza/Movimiento Terapia. Su pionera, Mary Whitehouse se formó como bailarina con Mary Wigman y Martha Graham, pero gradualmente se fue desvinculando de la técnica como eje central, y pasó a preguntarse por el origen del movimiento desde el interior del sujeto, buscando así su conexión con el psiquismo y con el inconsciente. Influenciada por sus estudios junguianos en Zurich y por su propio análisis, se basó en la técnica de imaginación activa creada por Jung para posibilitar el diálogo consciente-inconsciente, expandiendo la misma, al incluir la dimensión del cuerpo, el movimiento y las sensaciones físicas. (Chodorow, 1991) 

De trabajar con bailarines como maestra, pasó a interesarse por trabajar con sujetos como danzaterapeuta. En sus propias palabras (1991):

                   Fue un día importante cuando descubrí que no enseñaba danza, enseñaba a personas[...] esto indicó la posibilidad que mi interés primordial podía tener que ver con los procesos y no con los resultados, que quizás no era arte lo que estaba buscando sino otro tipo de desarrollo humano. (p. 122) 

El propósito central en Movimiento Auténtico es permitir que el cuerpo se exprese desde otro lugar distinto al habitual y conocido, producto de la cotidianidad y de la historia personal y colectiva. Dicho movimiento, debe comenzar desde adentro, con la escucha atenta a las necesidades y voces del cuerpo, creando así, un significado propio esencial. Estar abiertos y conectados con nosotros mismos, nos permite entregarnos a lo desconocido y novedoso confiando en nuestro cuerpo como posibilitador y generador de nuevas experiencias. (Chodorow, 1991) 

En palabras de Whitehouse (1963): “El movimiento para ser expresado tiene que ser encontrado en el cuerpo, no ser puesto desde afuera como un vestido o un suéter. Existe en nosotros aquello que nos ha movido desde el origen, aquello mismo que nos puede liberar.” (p. 53.) Las emociones serían pues una de las fuentes desde la cuales nos movemos, pero a su vez, al movernos, ellas se ven transformadas y resignificadas por nuestros movimientos.  

En este punto, comienza a plantearse la estrecha relación del movimiento auténtico con los contenidos inconscientes de la psique. Es desde ahí que tanto Whitehouse como Jung, plantean la necesaria labor de ahondar en las expresiones que provienen del inconsciente y que surgen como manifestaciones del mismo. En palabras de Jung (1963):

La tarea del individuo es volverse consciente de los contenidos que emergen del inconsciente. No debe persistir en su inconsciencia, ni tampoco permanecer idéntico con los elementos inconscientes de su ser, evadiendo así su destino, que es crear más y más consciencia. Tan lejos como podemos discernir, el único propósito de la existencia humana es poner una luz en las oscuridades del ser. Podemos asumir que así como el inconsciente nos afecta, también el aumento de nuestra consciencia afecta al inconsciente”. (p. 358)

En una sesión de movimiento auténtico la persona se encuentra en un espacio abierto donde tiene toda la libertad para moverse con el único compromiso de cuidarse a sí misma tanto física como psíquicamente durante el proceso. En el transcurso de la experiencia, se invita a la persona a cerrar los ojos para así fortalecer la conexión con su mundo interior. San Juan de Cruz, mucho tiempo atrás dijo que si un hombre desea estar seguro del camino que recorre debe cerrar sus ojos y caminar en la oscuridad. Y qué pertinente nos resultan sus palabras en este momento! . Desde ese silencio paciente, el sujeto puede comenzar a sentir que algo sucede adentro y que es desde ese lugar que su cuerpo puede hablar y expresarse con sus movimientos. Esto implica pasar de la sensación del yo me muevo a la de yo soy movido. (Adler, 1994) 

Uno de los principales aportes de este enfoque es que propone la presencia de un testigo como uno de los ejes fundamentales al interior del proceso. El testigo-terapeuta, observa sin juzgar el movimiento del mover-paciente. A medida que quien se mueve –mover- va desarrollando un testigo interior, la presencia de un testigo exterior es crítica pues la exploración de lo desconocido genera temor y asombro. El testigo aporta, desde su lugar, contención, seguridad y balance al mover. Para el testigo, observar es también una experiencia, pues mientras lo hace, está también en contacto con sus propios sentimientos, emociones, imágenes y pensamientos. (Musicant, 1994)

Sentir que somos vistos, reconocidos y aceptados por otro, hace posible construir un camino valioso para vernos y aceptarnos a nosotros mismos. El testigo interior comienza así a gestarse y surge entonces la posibilidad de observar a otro a la vez que me observo a mí mismo. El anhelo pasa de ser visto como soy, a ver a otro como es, a verme nuevamente a mí mismo como soy. Janet Adler, describe así su experiencia con Whitehouse (1994): “en el momento en que cerré los ojos, fue como volver a casa: me reconocí a mi misma y Mary, como testigo, me vio verme a mí misma”. (p. 87) 

Como afirmaba al comienzo, el soporte fundamental a nivel teórico y terapéutico en Movimiento Auténtico está dado por la Psicología Analítica.  El trabajo teórico de Jung se basa en el esfuerzo de toda su vida por expresar la sabiduría que recibió durante el proceso de imaginación activa y su expresión de contenidos inconscientes por medio de imágenes. En sus palabras (1963): “Mi vida es una historia de la auto realización del inconsciente. Todo en el inconsciente busca una manifestación externa, y la personalidad también desea evolucionar fuera de sus condiciones inconscientes y experimentarse a sí misma como un todo”. (p. 17) 

Para esto, Jung no tuvo reparos en explorar e indagar todas las posibles formas de expresión de ese mundo interno que buscaba manifestarse y, sin duda, como él mismo lo narra (1963) : “Los años en los cuales perseguía mis imágenes internas fueron los más importantes de mi vida –en ellos, todo lo esencial se decidió”. (p. 225). Fue esta experiencia de ahondar él mismo en sus propios contenidos internos lo que le permitió ir desarrollando sus ideas respecto al proceso de individuación.  

Lo interesante acá es ver de qué forma vida y obra se fueron dando como un proceso simultáneo en Jung.  Como él mismo sostiene (1963):

 Mi vida es lo que he hecho, mi trabajo científico; ambos son inseparables. El trabajo es la expresión de mi desarrollo interior, pues el compromiso con los contenidos del inconsciente forman al individuo y producen sus transformaciones[…]. mis trabajos pueden tomarse como estaciones a lo largo del camino de mi vida. (p. 249)

 A raíz de la ruptura con Freud, Jung se sumergió en un proceso interior muy fuerte de confusión y duda. Revisó los detalles de su vida entera dos veces hasta que deliberadamente se abrió a los impulsos e imágenes inconscientes que le llegaran. Recordó que alrededor de sus 10 años le encantaba construir pueblos y ciudades enteras. En plena adultez, al sentirse desconectado de su fuerza creativa, sintió la necesidad de restablecer contacto con su niño interior y la única forma que encontró para hacerlo fue jugando nuevamente como cuando era niño. Era el año 1913. Pasó días enteros sentado a orillas del lago frente a su casa en Zurich construyendo una aldea en miniatura.  (Jung, 1963) 

Como lo afirma Robertson (1998):

De 1913 a 1917, Jung vivió en su mundo simbólico. Exploró todos y cada uno de sus sueños y visiones: no ignoró ninguna imagen por temor o pereza […] se permitía viajar por el extraño y aterrador país del inconsciente. Una y otro vez se veía casi inundado por extrañas fantasías que invadían sus pensamientos. Fue como si el mundo nocturno de los sueños hubiera invadido el día. Eso le dejaba en un estado permanente de ansiedad, preguntándose cuándo vendría el siguiente ataque. No obstante, vio que sobrevivía a una batalla interior tras otra, y que un tipo de fuerza y propósito iba tomando cuerpo [...] al ir transcurriendo el tiempo, fue capeando las tormentas que estallaban en su interior y desarrolló lentamente un centro psíquico donde siempre reinaba la calma, incluso durante las tormentas…durante la peor parte de sus batallas interiores, descubrió que siempre que podía recoger las emociones que le embestían y traducirlas en imágenes se sentía más calmado. ( p. 177-178) 

Este juego resultó ser el comienzo de un profundo proceso psicológico que le permitió conectarse con los asuntos no resueltos de su infancia y entrar en relación con aspectos no trabajados de sí mismo. En los años venideros, fue refinando y ampliando cada vez más la técnica de imaginación activa para emplearla al interior de los procesos terapéuticos con sus pacientes. Lo maravilloso de dicha técnica, es que puede ser utilizada a través de diferentes escenarios creativos, como lo son la danza, la pintura, la escritura, el trabajo con arena conocido como sandplay y el modelado con arcilla, entre otros, así como con pacientes de diversas edades y características psíquicas. (Robertson, 1998) 

La imaginación activa nos lleva a un encuentro con nuestro mundo interno, nos invita a escucharnos y a seguirnos en ese andar silencioso, en el cual la mente se corre del rol protagónico al cual está acostumbrada, para dejar que sea esta vez, el corazón el que nos hable. En palabras de Woodman (1990):

                   El corazón sabe qué es real. Late en la realidad del ahora y cuando pensamos con el corazón no miramos hacia atrás a través de los confusos pasadizos de la mente. Estamos en la realidad del ahora; lo que fue real ya es real para siempre. (p. 256)

Seguir la voz interior y permitir que vaya tomando forma en el cuerpo es imaginación activa en movimiento. El trabajo con Movimiento Auténtico consta de dos momentos fundamentales. En una primera etapa, se invita  al individuo a ser receptivo, dejando que la conciencia descanse para así poder escuchar las sensaciones e imágenes que van apareciendo. Estaríamos hablando de el arte de dejar que las cosas sucedan, como dice un antiguo proverbio chino. (Chodorow, 1991). 

La segunda etapa del trabajo, nos invita a observar aquello que apareció anteriormente, tratando que esa forma tome conciencia por sí misma y nos diga algo de nosotros mismos y de nuestro estar en el mundo. Esta actitud implica no tratar de entender o explicar qué sucedió, sino más bien permitir que el símbolo nos hable, que el sentido se devele a sí mismo. Es tratar de ver de qué forma esto que fue integrado en el movimiento puede ser conectado con la propia vida. (Fleischer, 2005)

Es en este acto de entrega y confianza al dejar que las cosas sucedan por sí mismas, cuando realmente la esencia de cada individuo puede manifestarse en su verdadera naturaleza. El énfasis está puesto en la apertura. No se trata acá de orientar o conducir sino más bien de dejar fluir y entregarse a la experiencia de ser y de estar en este momento presente. Woodman (1990) afirma:

Cuando el yo aprende a dejarse guiar desde dentro, la relación con las imágenes internas pasa a ser un aspecto natural de la conservación de la vida. En su interior descubre un mundo que tiene un orden propio, un mundo que se manifiesta con leyes muy distintas de las que rigen el mundo de lo transitorio. Allí cada minuto es nuevo, cada minuto es ahora. Nada es inmutable. Lo que está bien en un determinado momento puede estar mal en el que le sigue. El proceso de aprendizaje para responder física y psíquicamente a ese mundo es un proceso constante, que consiste en escuchar el diálogo interior y permitir que una flor se vaya abriendo, pétalo a pétalo, en el corazón. (p. 145) 

Esta apertura y escucha respetuosa de lo que nos sucede adentro, a los latidos de nuestro corazón, ha sido siempre una fuente de sabiduría infinita, particularmente en las comunidades indígenas, tan íntimamente conectadas con la Tierra y con sus ritmos naturales. Fiszbein (2004) cita una tradición oral indígena norteamericana que dice:

Pon tu cabeza en la almohada y escucha

el fluir de la sangre en tus venas.

Escucha el latido de tu corazón.

El mago dice: escucha el latido de tu corazón,

pega el oído a tu corazón y escucha.

¿Cómo fue que no escuchaste los mensajes que cada día

te enviaba el latido de tu propio corazón?

¿No podías ver lo que tenías frente a ti cada mañana?

¿Ni sentir las maravillas que te rodeaban cada noche? (p. 90) 

Es en el silencio de los ruidos externos y de la mente con su inagotable hablar que el inconsciente puede comenzar a tomar forma desde el movimiento. Por esta razón, una de las características del trabajo en Movimiento Auténtico consiste en invitar al mover a que haga el proceso en silencio, es decir, sin ningún estímulo musical. Si bien al comienzo la experiencia no es fácil y genera sensaciones diversas de incomodidad, ansiedad o temor, lentamente se va sintiendo cómo el movimiento comienza a nacer desde adentro.

 El concepto crucial aquí es dejar que lo que tenga que suceder suceda; llegar paulatinamente a saber qué es lo que necesita decir el cuerpo en este momento, y dejar que lo diga, con la menor interferencia posible. Esto implica confiar en el proceso mismo. Respetar el propio tiempo, sin prisa. Confiar en la sabiduría interior.  

Proust, citado por Chodorow (1991) afirma que: “nuestros brazos y piernas están llenos de memorias durmientes del pasado” (p.2), lo cual nos lleva a pensar que hay ciertos recuerdos y experiencias que están guardados en el cuerpo y que pueden ser redescubiertos a través de sus movimientos. Pero todo esto es un andar que tiene su propio momento, individual y personal pues cada camino es único como lo es cada individuo. 

Como sostiene Von Franz (1984): “Así, en medio de la vida exterior corriente, nos sentimos cogidos, de repente, en una emocionante aventura interior; y como es única para cada individuo, no puede ser copiada o robada”. (p. 209). Esta aventura no es más que una invitación a un viaje a bordo de nosotros mismos, a seguir el hilo en el laberinto de nuestro propio camino para llegar al centro de nuestra existencia, para convertirnos en quiénes somos realmente. Como lo afirma Campbell (2006): “,así sucederá con aquellos cuyo trabajo es el difícil y peligroso oficio del descubrimiento de sí mismo y de su desenvolvimiento, pues han de atravesar el océano de la vida” (p. 29) 

La Madre (1878-1973) como se le conoce actualmente, es una de las maestras y guías espirituales más importantes en India. Fundadora junto con Sri Aurobindo del Yoga Integral y de todo un camino de toma de consciencia personal, a lo largo de sus escritos y conversaciones habla constantemente de la importancia de que cada individuo siga con persistencia y tenacidad su propio recorrido en búsqueda de sí mismo. A este recorrido lo llama también una gran aventura. En sus propias y sabias palabras (1991):

                   Hay personas que aman la aventura. Es a estos a quienes llamo y les digo los invito a la gran aventura. No es una cuestión de repetir espiritualmente lo que otros han hecho antes de nosotros, pues nuestra aventura comienza más allá. Es una cuestión de una creación nueva, totalmente nueva; con todos los eventos inesperados, riesgos y eventualidades que esto implica. Una aventura real, cuya meta es ciertamente la victoria pero cuyo camino es desconocido y debe ser trazado paso a paso en lo inexplorado. Algo que jamás ha existido en este universo presente y que nunca será de nuevo en la misma manera. Si esto les interesa, entonces suban a bordo. Lo que les suceda mañana, no tengo idea. Deben dejar de lado todo lo visto, construido y conocido por otros, y luego iniciar su viaje caminando en lo desconocido”. (p. 1) 

Jung nos recuerda esto constantemente también; cada camino es personal, a cada uno le corresponde sumergirse en las profundidades de su ser, consciente de que es un océano infinito e inagotable, pero lleno de riquezas y tesoros.  En su propia historia (1963) nos dice que

         […]lo puedo formular como una afirmación de las cosas como son: un sí incondicional a todo lo que es, sin protestas subjetivas – una aceptación de las condiciones de la existencia como las veo y las entiendo, una aceptación de mi propia naturaleza como soy […] cuando uno sigue el camino de la individuación, cuando uno vive su propia vida, los errores son parte del todo, la vida no sería completa sin ellos […] entendí lo importante que es afirmar el propio destino”. (p. 329)

 Su trabajo dio credibilidad al uso del arte como instrumento mediante el cual el paciente se podía convertir en objeto para sí mismo. El acto creativo evoca material que está disponible para el análisis y es al mismo tiempo sanador. (Musicant, 1994).

 La propuesta de Jung de dar valor terapéutico a la experiencia artística al interior de todo proceso de individuación es esencial para la teoría y la práctica de la Danza/Movimiento Terapia. Jung, citado por Chodorow (1991) afirmó:

                   Cuando el gran golpe ha llevado a un individuo al mundo de los misterios simbólicos, nada viene de ello, nada puede venir de ello, a menos que pueda ser asociado con la tierra. A menos que haya sucedido cuando el individuo estaba en su cuerpo[...] y así, la individuación sólo puede suceder si primero regresas al cuerpo, a tu tierra, sólo ahí se vuelve verdadero.” (p. 145) 

Si bien los detalles de nuestra vida nunca cambian, nuestra relación con ellos si puede cambiar y acá encontramos un punto central del trabajo terapéutico. Así surge una posibilidad reparadora que nos permite abordar nuestra vida con otra mirada, sin juicios ni reproches, más bien con la intención de expandirnos a la vez que sanamos viejas heridas y resolvemos asuntos inconclusos de nuestra historia.  

Reconocer la sabiduría del cuerpo nos permite conectarnos con nuestra intuición y con nuestra alma, dándonos así poder sobre nosotros mismos para entendernos, para aceptarnos y para sanarnos. No obstante, éste es un trabajo que requiere de inmenso cuidado, respeto y paciencia. Woodman (1990) dice que

                   Hay que encarar el trabajo con el cuerpo con el mismo respeto que con los sueños y prestarle la misma atención. El cuerpo tiene una sabiduría que le es propia. Aunque se expresa con lentitud e indirectamente, a partir del momento en que se la reconoce, se convierte en un cimiento, en una base de conocimiento que da confianza y apoyo sin límites. (p. 106) 

Y es desde esta fuente inagotable de sabiduría interior que cada paciente, al interior de un espacio contenedor, en el cual se siente seguro y cuidado, puede comenzar a ahondar en su propio psiquismo. El terapeuta, es aquel que facilita la entrada, pero sólo el paciente conoce el camino, pues es el suyo propio.  

Jung afirma constantemente que su objetivo es crear un estado psíquico en el cual el paciente pueda comenzar a experimentar en su propia naturaleza, un estado de fluidez, cambio y crecimiento donde no existe nada que está eternamente fijo o petrificado sin esperanza. (Chodorow, 1991).  

La propuesta junguiana es que la terapia debe estar orientada siempre en función de que cada paciente haga su propio proceso y recorrido.  Jung (1984) afirma cómo:

                   Deseaba que el proceso curativo surgiese de la propia personalidad del paciente, no de mis sugestiones que podrían tener sólo un efecto pasajero. Mi finalidad era proteger y preservar la dignidad y la libertad del paciente de modo que pudiera vivir según sus deseos […] antes de construir teorías generales sobre el hombre y su psique, tenemos que aprender mucho más acerca del verdadero ser humano del que nos vamos a ocupar. El individuo es la única realidad. (p. 52-53) 

En esto encontramos un punto de unión con la Danza/Movimiento Terapia, pues en ella se busca continuamente que el paciente se pueda empoderar, es decir, que se pueda hacer cargo de sí mismo, conectarse con su fuente de poder interno para poder entenderse y sanarse.  Jung (1963) nos dice que:

                   Con frecuencia me preguntan acerca de mi método psicoterapéutico o analítico. No puedo responder a la cuestión de manera inequívoca. La terapia es diferente en cada caso […] la cura debe crecer naturalmente del paciente mismo. La psicoterapia y el análisis son tan variados como los seres humanos. Trato a cada paciente de la manera más individual posible porque la solución del problema es siempre individual”. (p. 153) 

Cada uno de nosotros tiene una tarea única de autorrealización  y, por ende, una única manera de llevarla a cabo. Aunque muchos problemas humanos son similares, jamás son idénticos, por lo cual es difícil resumir las infinitas variaciones del proceso de individuación. El hecho es que cada persona tiene que hacer algo particular y único con su vida y su proceso. (Von Franz,1984)  

Dado que una de las razones principales del viaje de regreso a través de la terapia consiste en hallar el significado de la vida que se ha perdido, entendemos cómo al interior de la terapia uno de los principios centrales consiste en que es únicamente el paciente quien posee las respuestas. La terapia permite así el auto-descubrimiento; hace posible que la persona encuentre aspectos de su propia naturaleza con sus propios recursos. (Dalley, 1987) 

Woodman (1990) nos narra el proceso de una de sus pacientes, llamada Bea, de la siguiente manera:

                   La larga vigilia de Bea se prolongó por un año. Lo que ocurrió entre ella y su cuerpo, entre ella y su Dios y su Diosa, es un misterio indescriptible. El misterio es sagrado y el alma es eterna. Lo demás es silencio […] el encierro, la metamorfosis y la emergencia son las fases cíclicas naturales del proceso de individuación. La psique es como un botón de rosa que va abriéndose pétalo por pétalo hasta florecer”. (p. 173) 

El propósito de la terapia analítica o de la Danza/Movimiento Terapia es en esencia el mismo: ayudar a la persona a que encuentre nuevamente el sentido de su vida a través de la potencialidad de sus profundas fuerzas inconscientes, por cuanto la psique es originaria e intrínsecamente creadora.  La concepción junguiana del proceso de individuación constituye en sí misma un camino hacia el encuentro consigo mismo. Como afirma Rubino (1990):

                   Jung nos habla de un proceso de individuación, que si bien puede darse de forma espontánea en el individuo, es el objetivo preciso de la psicoterapia analítica […] es análogo al proceso alquímico, es una génesis en sí mismo: del caos al Cosmos, de los metales viles e innobles al metal más noble y puro, de lo múltiple y cambiante a lo inmutable y unitario”. (p. 9) 

La exploración del material inconsciente y la posibilidad de descender en las profundidades de uno mismo constituye el inicio del proceso de individuación,  que permite ampliar la conciencia hacia la totalidad del ser. En un punto de nuestras vidas muchos de nosotros nos preguntamos ¿quién soy realmente?, esta pregunta abre la puerta a la posibilidad de descubrir viejas heridas, antiguas suposiciones y hábitos creados, que al ser encontrados, pueden ser sanados y transformados. A través de esta auto-indagación, podemos ir despertando a las diversas partes dormidas de nosotros mismos y al ser mirados por otro con aceptación y sin juicio alguno, comienza a internalizarse esta mirada de aceptación en nosotros, encontrando así, en las antiguas heridas la fuente de nuevos aprendizajes. (Fleischer, 2005) 

En palabras de Jung (1963):

A medida que trabajaba mis fantasías me di cuenta que el inconsciente genera o produce cambio. Sólo luego de haberme familiarizado con la alquimia me di cuenta que el inconsciente es un proceso, y que la psique es transformada por la relación del yo con los contenidos del inconsciente. En casos individuales, esa transformación puede ser leída a través de sueños y fantasías. En la vida colectiva, ha dejado su depósito principalmente en los diversos sistemas religiosos y sus respectivos símbolos cambiantes.  A través del estudio de estos procesos de transformación colectiva y,  a través del entendimiento del simbolismo alquímico llegué al concepto central de mi psicología: el proceso de individuación”. (p. 235) 

El proceso de individuación implica transitar un camino para llegar a ser quien se es auténticamente. Esto nos invita a vivenciarnos como un todo desde el centro de nuestra mismidad a la vez que nos afirmamos con más fuerza en nosotros mismos y en nuestros propios recursos internos.  Rubino (1990) sostiene que:

                   Ahora se trata de otra cosa: no de ser lo mejor, lo más perfecto o único, sino de ser uno mismo, ser quien uno es, no mentirse más, ser auténtico y andar el camino de la individuación para llegar al sí mismo […] ser uno mismo implica un duro batallar por encontrarnos legítimamente. (p. 38) 

El proceso de individuación nos habla de la unidad del individuo, de la posibilidad de convertirse en un ser singular y homogéneo, que abraza su ser único y ser convierte en quien verdaderamente es. Como afirma Freeman (1984): “el hombre se totaliza, integra, calma, se hace fértil y feliz cuando (y sólo entonces) se completa el proceso de individuación, cuando el consciente y el inconsciente han aprendido a vivir en paz y completarse recíprocamente” (p. 12) 

En su propia voz Woodman (1990) narra de una manera maravillosa todo un proceso interior que vivó en un viaje a India que representó un valioso momento de encuentro consigo misma.  Dentro de sus detalles personales, comenta sobre su participación en una celebración ritual que:

                   […] en ningún momento dejé de sentir que estaba exactamente donde tenía que estar. Sabía que iba extinguiéndose algo que debía extinguirse para que yo pudiera vivir mi vida. Sabía que el dolor era mi dolor. No tenía la menor idea de qué significaba, pero sabía que tenía que suceder. Sabía que estaba viviendo mi destino”. (p. 322)

 

Cumplir nuestro destino es la mayor tarea humana. Para realizar tan ardua y maravillosa labor debemos rendirnos conscientemente al poder del inconsciente, dejarlo que hable y se exprese. Sólo hay que escuchar para saber el deseo genuino a cada momento. Es evidente cómo este proceso es único e irrepetible para cada ser humano.  Como lo sostiene Von Franz (1984):

La realización de la unicidad del hombre individual es la meta del proceso de individuación. Desde cierto punto de vista, este proceso se produce en el hombre (así como en todo ser viviente) por sí mismo y en el inconsciente; es un proceso por el cual el hombre vive su innata naturaleza humana. Sin embargo, estrictamente hablando, el proceso de individuación es real sólo si el individuo se da cuenta de él y lleva a cabo una conexión viva con él” (p. 162-163).

 

Jung concebía la vida como un viaje en espiral alrededor de nuestro propio centro, lo cual es bastante diferente al concepto generalizado en la actualidad de la vida más como una flecha que siempre apunta hacia algún lado. Esta noción unidireccional nos limita en gran medida ya que no permite indagar también por otros senderos y recorridos, cambiar de dirección y de sentido. En cambio, el espiral es una imagen de constante movimiento y fluir que siempre está conectada a un centro, a nuestro centro, a nuestro ser. El objetivo como afirma Rubino (1990):

Es lograr un estado de expansión de la conciencia y de autorrealización personal. Es el factor supremo que actúa como guía interior del individuo, mediante la facultad de regular, gobernar e influir sobre la personalidad total, llevando al individuo a su verdadero camino de autificación; a ser realmente quien es, a ser uno mismo”. (p. 70)

Toda la propuesta sostenida hasta el momento apunta a realzar el rol vital que tiene el cuerpo en el proceso de integración y auto-conocimiento de cada ser humano, es decir, en el proceso de individuación. Si bien el movimiento no sustituye del todo la palabra, sí permite otra dimensión desde la cual el paciente puede adquirir una mayor conciencia de sí. El propósito es desarrollar un sentido de sí mismo a través del cuerpo y sus movimientos. (Evan, 1953)

Al igual que Whitehouse, Blanche Evan decidió explorar las posibilidades de la danza y el movimiento como terapia con pacientes neuróticos, trabajando  a nivel individual y grupal en su estudio en la ciudad de  Nueva York. Luego de una maravillosa carrera como bailarina y maestra, se entrenó en el Instituto Adler de Psicología Individual – siendo la primera bailarina aceptada en dicho Instituto- y en la Nueva Escuela de Investigación Social en Nueva York. Oficialmente, transfirió su energía de la danza creativa a la Danza/Movimiento Terapia cuando abrió su centro en la misma ciudad. (Evan, 1970)

Desde el enfoque de Evan, existe una estricta relación entre el movimiento y la vida psíquica; por lo cual, al intentar promover una evolución de la totalidad del ser debemos considerar todo aquello que está relacionado con el movimiento. Evan (1967) dice: “muévete y podrás mover el sentimiento.” (p. 30)

Desde la reciprocidad en la relación cuerpo/mente cualquier movilización a nivel corporal genera a su vez, cambios en la dimensión psíquica del individuo. No es cualquier ejercicio estandarizado el que sirve, sino un movimiento que a través de la concentración y la guía produce un encuentro de la persona consigo misma, con su pasado, presente y futuro en el lugar del cuerpo y las emociones que lo habitan. (Evan, 1978)

Algunos pacientes necesitan terapia a través de la danza y el movimiento así como psicoterapia a través de la palabra. Si bien lo que sucede en el movimiento es central al proceso, es también importante que los pacientes puedan tener acceso a la palabra como vía de expresión si así lo necesitan en ese momento. Es por esto que Evan decidió llamar a su trabajo Danza/Movimiento/Palabra Terapia. (Evan, 1962)

Su modalidad de trabajo tanto a nivel individual como grupal, va orientada a que cada sujeto tenga el espacio y el tiempo para encontrar el problema o los problemas que tiene en la vida y en el movimiento. Cada paciente es invitado a meterse dentro de sí mismo y desde ese lugar producir un movimiento abierto, dentro de sus propias posibilidades. Lo que esto permite es que cada uno vaya conociendo y explorando sus propios lenguajes corporales y medios de expresión, se conecte con sus emociones y registros y así, paulatinamente se pueda encaminar en el proceso de convertirse en quien es realmente. (Evan, 1978)

Desde este contexto, la elección de trabajar con pacientes neuróticos es comprendida ya que si bien son individuos que funcionan en el mundo de manera adecuada y no presentan un cuadro psicopatológico fuerte, sí manifiestan una sensación de incompletud e insatisfacción con sus vidas. Se hacen preguntas de la magnitud de ¿Quién soy? Y más aún, ¿Cual es el objetivo de mi vida acá? Muchos de sus pacientes, acuden con una expresión verbal de lo que les sucede como que se sienten desconectados de su cuerpo, fragmentados. La Danza/movimiento Terapia ofrece medios vitales para liberar y unificar al sujeto. (Evan, 1978) 

La danza es alegría. Aún si estamos haciendo una danza trágica es una alegría corporal poder hacerla. La danza, cuando es verdaderamente creativa, tiene sus brazos abiertos a las múltiples formas del cuerpo y sus expresiones. Permite que cada cuerpo encuentre su propio balance, ritmo, tensión, relajación y su propio lugar en el espacio. Respecto al ritmo, María Fux (1998) nos comenta:

El ritmo está en todo. Está en nuestra respiración, en nuestra circulación, en nuestro nombre, en la manera de movernos, de hablar, de dormir, de amar, de comer. Cada movimiento ejecutado en el espacio tiene que ver con nuestro ritmo. Cada uno de nosotros tiene una manera diferente de moverse con ese ritmo en lo personal, en lo colectivo, pero siempre creadoramente. (p. 74)

Entrar en el ritmo propio y conocerlo, nos invita también a conocer y aceptar los ritmos de los otros significativos con quienes nos relacionamos. La Danza/Movimiento Terapia permite que lleguemos a aceptar nuestro propio cuerpo como una entidad total incluyendo sus imperfecciones. A su vez, nos inspira para mejorar y soltar sus lugares rígidos. Nos volvemos neuróticos al no usar nuestro potencial. El cuerpo se enferma no por uso, sino por mal uso y falta de uso. (Evan, 1967) 

En este aspecto Evan (1962) subraya la importancia de motivar al paciente para que pase de la expresión verbal de lo que siente a poner en acción esta emoción. Pasar del yo siento a hacer lo que siento. No es necesario saber bailar sino saber permitir que las emociones y experiencias hablen desde el cuerpo.  Como afirma Kesselman (2005):

Siento los pies en el suelo, a veces abiertos, a veces cerrados.  Siento el suelo debajo de los pies, a veces frío, a veces lejano. Mis pies y el suelo tienen un viejo diálogo que a veces se repite, que a veces se renueva. No hay un cuerpo por conocer, varios cuerpos danzan en nuestros cuerpos. Cuerpos que no nacieron todavía, que ya fueron, que conviven como pueden, cuerpos que juegan. Cuerpos abiertos a múltiples escrituras y lecturas. (p. 170-171)

Hablamos entonces de un movimiento que busca expresar y explorar el interior del sujeto que se mueve. Una vez las emociones emergen desde este lugar, los individuos pueden no sólo reconocerlas sino también aceptarlas y manejarlas de una manera constructiva, que les permita redireccionarlas hacia el cambio y el crecimiento personal. Evan (1953) afirma que:

La auto expresión en danza no es un estado emocional. No confundamos el elevado sentimiento necesario para su producción con la acción que produce. La auto-expresión en danza el la transmutación de la emoción en movimiento. Es la actividad de la danza en una forma poética. (p. 9) 

La danza es la luz que guía e ilumina el camino. Es un arte que proyecta el espíritu a través del cuerpo, un espíritu fusionado con el cuerpo en movimiento en un espacio y un tiempo determinados. María Fux (1998) afirma que:

                   El espacio que nos rodea es un elemento vivo y puede convertirse en algo sensible si utilizamos nuestro cuerpo como instrumento. Las músicas más primitivas o las contemporáneas pueden ser reconocidas en él, y su conocimiento adquirido por diferenciación progresiva de elementos contrastantes lleva a la unión de la música con el movimiento, enriqueciendo nuestro mundo interior. (p. 42)

El proceso en Danza/Movimiento Terapia implica reconocer y aprender del propio valor y la manera de usarlo en la vida. Como Evan (1960) misma lo afirma: “Todas las experiencias de la vida forman parte en la elaboración de la imagen corporal. Ahora, la historia de la vida interior es también la historia de nuestra relación con los demás seres humanos y la comunidad”. (p. 5)

El concepto de imagen corporal es central en el enfoque de Evan. Por imagen corporal entendemos la forma en que cada uno se ve a sí mismo. Es por supuesto algo cambiante y flexible que no obstante, requiere de todo un proceso para ser movilizada y transformada de forma tal que pesadas cargas se vayan soltando y entren nuevas y más amorosas formas de relacionarse con uno mismo y por consiguiente, con el entorno.  (Evan, 1970)

Si bien no podemos vivir nuestra vida de nuevo y recordar de otra forma los acontecimientos vividos, si podemos apuntar a  una manera más plena y creativa, haciendo un mayor uso de nuestras facultades y potencialidades y siguiendo más nuestros propios tiempos y necesidades. En palabras de Evan (1978): “Lo que es en ti puede moverse, actuar, renovarse y vivir. En un poema Chino encontré esta frase, las aguas con barro pueden aún aclararse”. (p. 4)

Lo que Evan busca generar en sus pacientes y alumnos es que al enfrentar las circunstancias de la vida intenten descubrir la realidad interior de su experiencia; esto implica moverse más allá de la catarsis, y permitir que surjan las emociones. Restaurar el movimiento entero y significativo de la estructura física del cuerpo también contribuye a la restauración psíquica del ser. Acá considero de gran importancia traer la experiencia de una de sus pacientes en su estudio quien afirmó lo siguiente (1953):

A medida que pasan las semanas me doy cuenta que ya no resiento mi cuerpo. La revelación de los poderes que me ha dado la naturaleza y que ahora están restaurados, abre ante mi un milagro de estructura y propósito -el milagro de mí misma-. Mi cuerpo ha sido un tesoro con un candado oxidado y he sido tan ignorante de sus maravillas […] entiendo y acepto el hecho de que mi cuerpo es el instrumento para expresarme a MI. (p. 7)

El cuerpo como instrumento nos permite ahondar en nosotros mismos y entrar en un proceso de toma de consciencia de nuestras vidas y modos de vincularnos. Evan (1978) afirma que: “El primer cambio fundamental es el darse cuenta de que tenemos el derecho a sentir, a abrirnos y a expresarnos como nosotros mismos […] la terapia significa crecimiento y cambio así como aceptación personal”.(p. 2)

Partimos de la base que cada persona tiene el valor y la capacidad de curarse y mejorar su vida. No es necesario ser artistas para poder ser creativos ya que la creatividad es una fuente inagotable inherente a cada sujeto. El objetivo es poder expresarnos de maneras diferentes, conectándonos con nuestros sentimientos, gozando la libertad de crear y explorar aceptándonos como seres en totalidad. (Bottini, s/d) 

Allen (1997) respeto a su propio proceso de individuación a través de su producción de imágenes afirma:

                   He integrado el proceso de integración de imágenes en mi vida, de forma que es una fuente constante de transformación. El miedo no está ausente, pero tiene un lugar en que expresarse. Confío en el proceso de creación de imágenes tan plenamente como voz de la sabiduría interior, que hasta el miedo es tolerable, como aspecto de algo mucho más grande. Eso más grande a lo que denomino el río, que resulta ser la vida misma, con todo su caudal, su poder, su imprevisibilidad, sus trechos poco hondos y sus trechos torrenciales”. (p. 308-309)

Acá es importante recalcar que si bien la terapia no nos resuelve posiblemente las situaciones externas que nos llevan a estados internos de confusión, miedo o angustia, si nos da las herramientas internas para que seamos cada vez más fuertes y asumamos una actitud diferente frente a las mismas. Los momentos difíciles y dolorosos en el proceso de individuación (que no son pocos!) deben ser atravesados, no evadidos o ignorados. En palabras de Tavani (2007):

Cuando una ola amenazante se cierne sobre nosotros, si acaso le ofrecemos resistencia nos hará sucumbir, si nos precipitamos en su cresta, veremos que tan solo era agua. Comprender la angustia implica reconocer su naturaleza, avenirse a ella, mientras que aliviarla o calmarla implica detenerla, congelarla, separarla del proceso mismo de la existencia, y por ello el ser que se angustia experimenta el bloqueo, la inacción, la inmovilidad. El desafío de comprender la angustia consiste en actuar antes que ésta nos impida hacerlo. Comprender la angustia es atravesar su vacío y permitir que la dialéctica misma de la existencia fluya sin interrumpirse. He aquí la diferencia entre el alivio, el bálsamo y la curación del ser por medio de su transformación. (p. 84)

Es esta posibilidad de aceptarnos a la luz de las diferentes circunstancias  de nuestra vida la que nos lleva a una mejor relación con nosotros mismos y con el entorno y a maneras más saludables y creativas de manejar lo que diariamente sucede. Van Der Leuw, citado por Evan (1970) sostiene que:

Podemos ver al ser humano como una unidad; no como un alma en un cuerpo accidental, sino como un organismo singular cuya esencia más profunda se expresa en sí misma con gran intensidad a través del movimiento, la palabra o el pensamiento […] todo el cuerpo puede ser la expresión de todo aquello que mueve a la persona. (p. 32)

Acá surge la importancia del rol del danza terapeuta no como aquél que tiene el conocimiento de lo que le sucede a sus pacientes y, por ende, se posiciona como el sanador y gestor en el proceso, sino, más bien como un facilitador y generador de un entorno seguro y confiable en el cual el paciente puede sentirse con plena libertad para hablar, bailar y crear sabiendo que hay otro que lo observa sin juzgarlo y a su vez, lo orienta para que sea él mismo quien vaya encontrando el camino.

En esto radica la magia y el encanto de la Danza/Movimiento Terapia. El/la danza terapeuta es quien invita al paciente a que se sumerja en su propio proceso de auto-conocimiento, pero este es un camino que sólo el paciente puede transitar a su ritmo y de acuerdo a sus posibilidades y recursos. El/la danza terapeuta debe evaluar la situación a través de su propia sensibilidad y experiencia de acuerdo con la percepción que tiene de la situación y de las necesidades particulares de cada paciente. El objetivo es pues, fomentar en cada individuo la capacidad de explorar su propio movimiento y desde ahí, acercarse cada vez más a su verdadero ser. 

Se entiende de qué manera el/la danza terapeuta también debe estar constantemente en un proceso de auto-conocimiento y transformación que le permita abrir su campo de acción y clarificar sus objetivos para así poder trabajar haciendo un molde nuevo para cada paciente en vez de poner las necesidades de todos los pacientes en el mismo molde. (Evan, 1960)

Thom (1975) nos habla de la importancia de adquirir un total compromiso con el crecimiento y desarrollo de uno mismo y de sus pacientes. Para aquellos que deciden optar por el camino de la Danza/Movimiento Terapia la recompensa es muy rica y no se puede medir en tiempo, dinero o palabras.  Quizás no es tan inmediata o satisfactoria como un ramo de rosas luego de una presentación, es otro tipo de ramo, aquél que aparece en la cara de un paciente cuando empieza a encontrar placer en la vida misma, es un ramo que vale la pena esperar.  Como lo afirma una de las pacientes de Evan (1962):

                   Realmente me veo bien cuando camino. Ya ni siquiera recuerdo qué torpe era. Hoy tuve tanta energía que tuve que hacer algo con ella –la bailé. No solía sentirme de esta forma. Nunca quise moverme antes […] mi cuerpo es uno ahora. Está unificado. (p. 14)

Y es justamente esa sensación de unidad la que aporta una nueva dimensión a la vida. La creatividad tiene en sí misma un componente curativo; a su vez, lo curativo es creativo como proceso. Si bien el producto expresivo proporciona importantes mensajes al individuo que deben ser elaborados y escuchados, es el proceso de creación en sí mismo lo que es profundamente transformador para el creador. Esto propone de base un concepto de salud centrado  no desde lo que se carece sino desde lo que se posee. La vida siempre busca la vida. La creatividad es un mundo inmenso totalmente conectado con la vida y las posibilidades. (Bottini, s/d)

Al interior de una sesión con Evan, la improvisación es un aspecto central en la experiencia ya que le permite a cada paciente buscar en su cuerpo un repertorio de movimientos que le permitan expresarse. Si bien esta experiencia de improvisación no resuelve el conflicto, sí lo expone de forma tal que el individuo lo hace presente y desde ahí se puede trabajar sobre sus contenidos. Es una herramienta valiosa ya que la catarsis generalmente antecede al insight en un proceso terapéutico. En palabras de Evan (1970): “Soltarse a uno mismo en la improvisación es encontrar un ser más profundo”. (p. 17)

Es quizás debido a este interés por profundizar que Evan (1977) en su trabajo paulatinamente fue sacando la música de las sesiones pues le preocupaba que fuera un estímulo externo demasiado fuerte para sus pacientes y provocara una reacción estética más que un movimiento espontáneo surgido de adentro. Decidió pues, dejar que los pacientes se apoyaran en el silencio, en sus propios sonidos o en el simple ritmo de un instrumento de percusión. Esto permite que encuentren su propio ritmo y bailen para sí mismos y no para otros. El objetivo es que cada uno recree su propia espontaneidad.

Según Evan (1977) el factor más importante de la vida es la realización en el amor. La rigidez de la neurosis se opone a la resiliencia en la espontaneidad. La expresión y la imaginación requieren una especie de memoria física que comienza en el propio cuerpo.

El concepto de resiliencia es muy importante dentro del trabajo de Evan. A nivel físico, implica un estado de contracción y expansión recíproca de los músculos lo cual permite un mayor control rítmico del movimiento y sus cualidades. A nivel psicológico, implica estar listo y preparado, pero sin tensión o ansiedad. El cuerpo, la mente y las emociones están integradas para la acción en un estado que promueve la espontaneidad. La resiliencia es siempre una apuesta por el fluir de la vida en medio de las diferentes circunstancias que esta nos trae. En su trabajo con adultos fue encontrando que la espontaneidad y la resiliencia se fortalecen con el descubrimiento individual del propio ritmo y tiempo. (Evan, 1962)

Al concepto de resiliencia, Evan añade el de relajación, entendida como una condición de dejar ir. Al soltar, el espíritu se rehúsa a ser víctima de la tensión. Juntas, resiliencia y relajación producen una coordinación de la mente, el cuerpo, las emociones y los pensamientos. A su vez, van generando un mayor respeto por sí mismo y por los demás, poder de acción, crecimiento, madurez y aceptación. (Evan, 1962)

Toda manifestación artística surge y a la vez apunta directo a la esencia de cada uno. Los que nos metemos en la búsqueda de nosotros mismos sabemos que es un camino largo y complejo que además toma toda una vida, pues nunca llega a resolverse del todo. Es casi como la imagen de un calidoscopio que cada vez nos muestra nuevos colores y formas de nuestro ser.

La recompensa está no al final del camino sino en cada momento del mismo, cuando sentimos que estamos llevando una vida cada vez más sintonizada con nuestras aspiraciones y emociones, cuando nos damos cuenta que es cada vez más audible la voz de nuestro cuerpo y de nuestra alma invitándonos a ser nosotros mismos, a querernos, aceptarnos y sentirnos plenos de ser quienes somos. 

Si bien la vida no puede ser reconstruida, sí puede ser recreada y desde ese lugar, sanada y reparada.  Es desde esta recreación continua  a través de nuestro cuerpo y sus movimientos, nuestra voz, los latidos de nuestro corazón y los ritmos de nuestra respiración que podemos encontrar nuevas formas de estar en el mundo y de vincularnos con los otros y con nosotros mismos, encaminándonos cada vez con más consciencia en nuestro propio sendero; iluminados y fortalecidos por la aspiración constante de convertirnos en quienes somos. 

Quisiera cerrar este texto con una tradición oral indígena norteamericana de las culturas Ojibway y Mohawk que dice así (Fiszbein, 2004):

 

Observa cómo la rueda se mantiene en equilibrio.

Ten en cuenta tu mente, tu cuerpo,

tus sentimientos y tu espíritu.

Cada uno es parte de ti,

como las direcciones de la rueda.

Recuerda mantener todo esto en equilibrio,

siente la madre Tierra despertar a la nueva

vida en primavera.

Escucha los espíritus del viento cantando

las canciones del cambio.

Mira cómo los pájaros vuelan en bandadas

Como si fueran uno solo

Practica el aprendizaje, como los árboles

practican el crecimiento

Llora con las lágrimas de las nubes.

Ríe con la danza de vida de las flores.

Extiende tu mano hacia las estrellas. (p. 34) 

                                        

 

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