“La constelación colectiva del Selbst en la humanidad actual”

TESINA DE MAESTRÍA EN  PSICOLOGÍA ANALÍTICA 

 Psic. Patricia Fernández Acosta

 Año 2011

 

Agradecimientos:

 

A mi esposo, por su apoyo y estímulo constante e incondicional; por su invalorable ayuda tanto teórica como reflexiva.

 Al Dr. Ejilevich Grimaldi, por la libertad con la cual me ha permitido trabajar, y por la paciencia con la que ha respondido a mis preguntas a lo largo de mi cursado. 

A cada uno de los docentes que ha contribuido en esta instancia de aprendizaje.

 

            Algunas palabras preliminares

 

            En el presente trabajo, abordaré el tema de una posible constelación arquetípica colectiva del Selbst en la humanidad actual.

            Primero sustentaré mi análisis en diversos desarrollos científicos, para justificar, ampliar, y profundizar la comprensión de esta peculiar circunstancia.

            Luego me remitiré al trabajo de Jung en Respuesta a Job, libro en el que aborda el proceso de individuación colectivo y las distintas manifestaciones del Selbst, a la luz del simbolismo judeocristiano.

            Por tal motivo, quisiera aclarar que si bien he elegido una línea religiosa puntual para mi análisis, en toda la tradición espiritual del mundo -en sus diversas manifestaciones culturales- aparece un Principio de Guía Interior, revestido con vivencias sagradas (Selbst). Y que en tanto tal, podremos pesquisar su presencia, en el Atman vedantino, en la Yejidá y el Mesías kabalístico, en la Monas pitagórica, en el Cristo gnóstico, o en la Piedra Filosofal de los alquimistas; por citar sólo algunos de estas expresiones espirituales arquetípicas.     

            

MARCO TEÓRICO

 

En el actual trabajo, realizaré algunos paralelismos entre hallazgos y propuestas de la teoría junguiana con otros de la astrofísica, de la astronomía y de la cosmología. Por tal motivo, aquí en el marco teórico, desarrollaré los conceptos que están involucrados en dicha correlación.

Asimismo, como en ciencias sociales en general, y en psicología en particular, tal como lo señaló el epistemólogo Thomas Kuhn, no existe consenso entre conceptos teóricos básicos que hacen al corpus central de las distintas teorías psicológicas (por ejemplo, a qué nos referimos cuando hablamos del yo, de la personalidad, del inconsciente, etc.), he decidido agregar un glosario al final de la tesina. Éste tiene por finalidad, que los interesados puedan esclarecer estos conceptos específicos a la luz de la teoría junguiana.

 

El Inconsciente Colectivo, los Arquetipos y su carácter “psicoide”

 

Lo Inconsciente Colectivo

 

“Pues hay algo en nuestra alma que no es individuo, sino pueblo, colectividad, humanidad. De algún modo somos parte de una sola gran alma, de un homo maximus, para decirlo con las palabras de Swedenborg.”[1]

 

            Jung suponía a la psique individual como sustentada en un trasfondo psíquico común de la especie. Solía establecer como ejemplo una relación de analogía con lo biológico: Del mismo modo que nuestro ADN es único y singular[2] en cada ser humano, es no obstante indudable, que la información genética individual se sustenta en la herencia ancestral. En forma análoga, la psique individual hereda información de los ancestros (desde los más cercanos a los más lejanos hasta llegar a incluir a toda la especie). Los estratos psíquicos arcaicos que constituyen al Inconsciente Colectivo se expresan mediante la constelación de arquetipos y de situaciones arquetípicas[3].

 

“El inconsciente colectivo (…) es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en todo hombre”.[4]

(…) “Los contenidos de lo inconsciente personal son en lo fundamental los llamados complejos de carga afectiva…(…)  En cambio, a los contenidos de lo inconsciente colectivo los denominamos arquetipos”.[5]

 

En “El hombre y sus símbolos”, Marie Luise Von Franz[6] señala que la psicología se encuentra aún lejos de entender al inconsciente y los arquetipos –los nuclei[7] dinámicos de la psique, según su propio decir- en todos sus alcances[8]..

 

Los Arquetipos

 

“La expresión “arquetipo” se encuentra ya en Filón de Alejandría en quien aparece referida a la Imago Dei del hombre. (…) Archetypus es una paráfrasis explicativa del έιδος platónico. Esa denominación es útil y precisa pues indica quelos contenidos inconscientes colectivos son tipos arcaicos o –mejor- primitivos.”

 

“…debemos distinguir entre “arquetipo” y “representaciones arquetípicas”. El arquetipo en sí representa un modelo hipotético, no intuíble”.[9]

“…el concepto de arquetipo sólo indirectamente puede aplicarse a representaciones colectivas, ya que en verdad designa contenidos psíquicos no sometidos aún a elaboración psíquica alguna…”[10]

 

La naturaleza real del arquetipo (…) permanece incognoscible, esto es, es una entidad metafísica y en tanto tal, no susceptible de una definición final o inequívoca[11].

Los arquetipos son disposiciones vivientes y activas, ideas en el sentido platónico, que continuamente dan forma e influencian nuestros pensamientos, sentimientos y acciones[12].”

 

Las anteriores reflexiones acerca de los arquetipos me sugieren dos comentarios:

 

1) No debemos pasar por alto estas consideraciones de Jung, pues –si como suponemos en esta Tesina- estamos presenciando una constelación colectiva del arquetipo del Selbst (el cual simboliza a la totalidad psíquica, pero también a lo arcaico, el origen), esta manifestación vendrá necesariamente acompañada por un incremento en proporción geométrica de expresiones arquetípicas en tanto éstos, los arquetipos, son los constituyentes básicos o primigenios –los tipos arcaicos según el decir del propio Jung- del Inconsciente Colectivo.

 

2) Las fuerzas arquetípicas del inconsciente, no se manifiestan sólo en el material clínico (sueños, fantasías, alucinaciones). La psicología junguiana ha mostrado a través del trabajo de Jung y de sus sucesores, cómo éstas se expresan en las sincronicidades, la mitología, la religión, el arte, y también en la ciencia.

            Me interesa especialmente remarcar en el actual trabajo este último punto enunciado: El que los arquetipos se expresan también en la actividad científica. Nos es fácil darnos cuenta o admitir que los mitos, la religión y el arte son expresiones de fuerzas arquetípicas. No nos es, sin embargo, tan evidente que los descubrimientos científicos también emergen de este trasfondo arquetípico suprapersonal. Esta actitud de reserva para aceptar cuál es la fuente de inspiración en las ideas científicas es debida a la fuerte impronta racionalista propia de la actividad científica, renuente a incluir cualquier referencia a lo “suprarracional” en su quehacer.

Las ideas científicas surgen –como el arte y los mitos-, de un trasfondo arquetípico (aunque nos cueste aceptarlo por los obstáculos epistemológicos[13] actuales en este sentido). Dedicaré un apartado específico para el desarrollo de esta cuestión.

 

El carácter psicoide de los arquetipos

Para poder justificar lo anterior (la fuente arquetipal de las ideas científicas), tenemos que avanzar un poco más en derredor la naturaleza de los arquetipos, los factores constitutivos del Inconsciente Colectivo. Le llevó varios años a Jung, tener claridad sobre la cuestión. Finalmente, el gran psiquiatra suizo llega a una afirmación sumamente paradojal:

 

“…los arquetipos… tienen una naturaleza que no puede ser designada con certeza como psíquica[14]”. (1946)

 

Sin embargo, también leemos en Jung:

“los arquetipos son un factor estructurante del campo psíquico[15].

 

Como vemos, ésta – el ser un factor estructurante del campo psíquico- es una característica de los arquetipos que parece contradictoria con el enunciado anterior (“su naturaleza no puede ser designada con certeza como “psíquica”).

 Jung se ha referido, de este modo, a la condición paradojal del arquetipo. A esta condición paradojal la cualifica como “psicoide” o “casi psíquico”. “Psicoide” es un concepto adjetival que expresa la posibilidad de que algo sea mucho más que “psíquico o no psíquico.[16].

 

“Del mismo modo que hacia abajo, la psique se pierde en su base orgánico–material, hacia arriba, pasa a una forma que es denominada espiritual y cuya naturaleza conocemos tanto como la base orgánica del impulso.”[17]

 

            Señala Aniella Jaffé, secretaria de Jung por muchos años, y analista junguiana, respecto de esta pregunta que inquietaba a Jung (“¿Dónde empieza y dónde termina lo psíquico?”)

 

“Esta antinomia [si el arquetipo es psíquico o no psíquico][18] alcanza ahora la tensión más extrema imaginable entre “espíritu y materia”. “El concepto de arquetipo psicoide agrega una nueva dimensión conjunta, por la nueva posibilidad que da una impronta arquetípica en el mundo tanto orgánico como en el inorgánico, y en el cosmos en sí mismo, el cual también debe ser considerado[19].

Esta concepción de lo psíquico es revolucionaria, pues deja al cosmos mismo sujeto a esta impronta arquetípica, es decir, creado y dotado con una naturaleza arquetípica[20].

 

Jung fue más allá aún y vio en el arquetipo psicoide, el puente hacia la materia en general: La rigurosa separación de psique y mundo es abolida[21].”

 

Por lo pronto, al enunciar y conceptualizar el carácter psicoide del arquetipo, Jung tiende un puente superador de la clásica dicotomía entre Psicología y Psiquiatría, pues a partir del mismo, el “fenómeno psi” ya no es una mera entelequia, pero tampoco se lo puede reducir a impulsos bioeléctricos o al resultado de la interacción entre ciertos neurotransmisores en la dinámica cerebral. Así, con lo “psicoide”, Jung da un punto de apoyo teórico de avanzada a los nuevos experimentos psico-neuro-endócrino-inmunológicos: ¿Dónde empieza la dimensión material, dónde termina, y dónde lo psíquico se separa de la materia o del espíritu? Y si deseamos profundizar la meditación en derredor de este tema, Jung argumenta con mucha lucidez demostrando que la psique y la conciencia son mucho más que un mero epifenómeno cerebral.[22]

 

Sincronicidad

Por tal, se entiende a la simultaneidad de cierto estado psíquico y de uno o varios acontecimientos exteriores que se manifiestan como elementos objetivos paralelos en la vida del sujeto, y que le son significativos en relación con el estado subjetivo del momento y viceversa.

 

Arquetipos y sincronicidad

Otra implicancia del carácter psicoide del arquetipo, más radical aún, es que permite plantear el tema de la sincronicidad[23], al abolir la rigurosa separación entre “psique” y “mundo”, ya que una fuerza arquetípica puede manifestarse en el mundo subjetivo, y también en el objetivo.

Las consecuencias epistemológicas de la noción de sincronicidad son inestimables aún hoy, pues la misma –la noción de sincronicidad-, deja abierta la puerta no sólo a la correlación entre el mundo externo y el mundo interno, sino que también deja planteada la vinculación entre Psique y Cosmos, dado el carácter extendido de lo psicoide.

En síntesis, así vemos, cómo el descubrimiento de una dimensión psíquica inconsciente, y además de una dimensión inconsciente colectiva, con sus fuerzas arquetípicas y con las manifestaciones sincronísticas, nos plantea la necesidad de una lectura simbólica de la realidad objetiva exterior, en resonancia con los estados subjetivos internos. Sin embargo, solemos temerle a la idea de un inconsciente, pues al “yo” le aterra quedar expuesto a lo que está más allá de su control.

 

“Es este miedo a la psique inconsciente el mayor obstáculo en el camino, no sólo al autoconocimiento, sino también a la comprensión y difusión del conocimiento psicológico.”[24]

 

4. El proceso de individuación y Arquetipo del Selbst

 

Jung denominó “proceso de individuación” a este proceso de despliegue, que es autónomo de la voluntad consciente, aunque portador de un sentido y dirección –no evidentes en lo inmediato-, y que se nos va revelando sólo si tomamos grandes períodos temporales en la vida de un humano o de un colectivo humano.

En efecto, Jung observó que en todo ser humano existía la manifestación espontánea de un proceso inconsciente cuyo sentido de vida es la realización del Selbst[25].

El psiquiatra suizo también observó que el proceso de individuación respetaba una ley y tenía un sentido, a pesar de la variedad y complejidad de patrones y configuraciones que éste producía en cada sujeto. Tiene una dirección, y un fin o meta en cada ser humano. La dirección es hacia el despliegue de una conciencia cada vez más amplia. El factor operativo de este proceso es el arquetipo del Selbst, mediante la presión que éste ejerce a la conciencia para conciliar aspectos considerados por ella, antinómicos u opuestos.

La meta del proceso de individuación no es un ser humano perfecto, sino un ser humano íntegro[26], que ha sabido ir reconociendo y conciliando sus propias oscuridades con las luminosidades, como así también las del entorno. La meta de la individuación,  la actualización del Selbst,[27] nunca es plenamente alcanzada:

 

“La meta de la individuación es importante sólo como una idea. La cuestión esencial es la Obra (Opus) que conduce a la meta: ésa es la meta de vida.”[28]

 

“Debido a que trasciende la conciencia, el arquetipo del Selbst nunca puede ser totalmente aprehendido, y debido a esto, su infinitud nunca puede ser completamente vivenciada en la vida actual. Una “individuación exitosa” nunca es total, es sólo un alcance óptimo de totalidad. Sin embargo, es precisamente la imposibilidad de la meta lo que la hace tan significativa.”[29]

 

A medida que crece la comprensión del sentido de la propia vida, va sucediendo pari pasu otro tanto con el sentido de la condición humana como especie, y aún más, con respecto al vínculo “ser humano”–planeta, y “ser humano”–Cosmos. A la concientización creciente de este vínculo de analogía (o fractal) entre “microcosmos” y macrocosmos”, Jung lo refiere como una coincidencia entre la experiencia del Selbst con la del Unus Mundus[30].

 

“La individuación es exclusivamente adaptación a la realidad interior, por lo que es un proceso “místico”.”[31]

 

Hay dos grandes momentos en el proceso de individuación. Durante el primero, se desarrolla un necesario conocimiento del mundo profano [32]; y durante el segundo, existe la posibilidad de una apertura a la instalación de una dimensión sagrada[33], otorgadora de sentido y de dirección a la propia existencia.

 

Individuación, encuentro con la sombra, la hierogamia y el arquetipo del Selbst

 

Del mismo modo que durante el primer momento del proceso hay una necesidad de ir configurando y afianzando un centro de conciencia, que denominamos yo; durante el segundo, será imperativo ir integrando la sombra. El yo debe ser capaz de aceptar como propios, ciertos aspectos de su personalidad que tiene proyectados.

 

“Si existe ya en el sujeto (singular o colectivo) cierta integración mínima de la propia sombra, esto significa que ya ha atravesado un conflicto moral de aceptación de rasgos propios o atributos que desvalorizaba o negaba viviéndolos como ajenos. Cuando se instala la necesidad de confrontar la sicigia[34], la vivencia es de confrontación de la personalidad con el inconsciente, el cual, asume un signo o polaridad complementaria al del consciente. Es decir, el hombre irá al encuentro de su ánima (lado femenino), y la mujer de su ánimus (lado masculino).”

 

El ánima y el ánimus[35] representan funciones que el inconsciente colectivo transmite al consciente para ser integrados. Trata del arquetipo de la pareja divina o sicigia. El principio femenino, el ánima, predomina en las mujeres; y el masculino, el ánimus; en los varones.

El arquetipo del Selbst suele ser definido como el arquetipo de la totalidad de la psique. Por ejemplo, la psicóloga junguiana Jolande Jacobi lo expresa de este modo:

 

“El sí mismo es una magnitud superior al yo consciente. Incluye no sólo la parte consciente de la psique, sino también la parte inconsciente, y es también por este motivo la personalidad que “también somos nosotros.”[36]

 

“…el yo es sólo el sujeto de mi conciencia, pero el sí mismo es el sujeto de mi psique entera, también, por tanto, de la psique inconsciente.”[37]

 

Sin embargo, toda definición conceptual, en cuanto a arquetipos se refiere, y en particular en este caso especialmente, queda sumamente estrecha y dice muy poco de lo que será una dramática e intransferible vivencia para el sujeto que la atraviesa, así como de inconmensurable será la confrontación entre los opuestos que representa: De un lado del espectro, hay una tensión insoportable que atraviesa al ego, y del otro, la posibilidad de un estado de gracia y comunión en el cual los opuestos (ego vs. Totalidad, Bien vs. Mal, consciente vs. Inconsciente, etc.) alcanzarán eventualmente una resolución dialéctica, mediante una integración trascendente en un “tercero incluido[38].

La confrontación con el arquetipo del Selbst es, podríamos decir, la meta de la individuación. Se expresa en arquetipos de totalidad como los mandalas, la cuaternidad, o imágenes divinas. Sin embargo, lejos de tener una posición ingenua, Jung advertía de la importancia de una conciencia que estuviera bien afianzada en sus funciones de brindar luz –a modo de un faro- a los contenidos numinosos del inconsciente:

 

“Cabe considerar como una catástrofe psíquica que el yo sea asimilado por el sí mismo. La imagen de la totalidad permanece en el inconsciente. Por lo tanto, participa por un lado de la naturaleza arcaica de éste (…)…si el yo cae por determinado lapso bajo el control de algún factor inconsciente, se perturba su adaptación y queda abierta la puerta para accidentes de toda clase.

Es de suma importancia anclar al yo en el mundo consciente y afianzar la conciencia por medio de una adaptación lo más precisa posible.”[39]

 

El proceso de individuación colectivo

 

“Para mí, el alma del pueblo no es sino una formación algo más compleja que la del individuo”[40]

 

Jung observa que si bien el Selbst  se manifiesta de modo único en el proceso de individuación de cada sujeto; también enfatiza que es universal y eterno. Lo individual y lo universal no son incompatibles entre sí. Lo individual es abarcado e incluido en lo universal.

Desde esta perspectiva, nos remite a considerar la posibilidad de un proceso individual colectivo.

Así como el proceso de individuación individual es observable a lo largo de toda una vida de un ser humano; en forma análoga, el proceso de individuación colectivo va tomando forma a través de la ampliación y diferenciación gradual de la conciencia colectiva a lo largo de los siglos y milenios.  

 

HIPÓTESIS

  

            La ciencia actual, a través de los descubrimientos astronómicos, astrofísicos y cosmológicos recientes nos ha hecho llegar hasta el Punto Originario de creación del Universo, el Big Bang.

            Desde un abordaje simbólico y no meramente semiótico, este Punto Originario del Cosmos –el Bing Bang- está sincronísticamente relacionado con el Selbst y la vivencia del Unus Mundus.[41]

            De este modo, para la psicología analítica profunda, los descubrimientos astronómicos, astrofísicos y cosmológicos recientes están correlacionados con un hecho psíquico sin antecedentes históricos: la conciencia colectiva de la humanidad (y no ya meramente la de un ser humano), está expuesta a una constelación del Arquetipo del Selbst, pero esta vez, en escala planetaria y no sólo personal. 

 

TESIS

 

La humanidad está siendo aceleradamente confrontada en su proceso de individuación colectivo con el arquetipo del Selbst[42], y esta situación inédita tiene dos posibilidades resolutivas: atravesarlo sanamente (estableciendo una relación dialéctica entre las dos dimensiones de la psique: consciente e inconsciente); o negativamente, (quedando expuesta a un contacto con el aspecto numinoso del Selbst).

DESARROLLO DEL TEMA

 

“Empero, que Quien gobierna mi destino, dirija el rumbo de mi nave”

Shakespeare, “Romeo y Julieta”, Escena 4, (254).

 

Introducción

 

Los avances científico-tecnológicos y la pérdida del sentido mítico: Si algo llama y seguirá llamando nuestra atención cuando miremos retrospectivamente al pasado siglo XX y a los comienzos del siglo XXI, será entre otras cosas, el tremendo y acelerado desarrollo de la ciencia y de la tecnología.

            Sin embargo, nos encontramos con la paradoja de que tanta “ciencia” va acompañada -como nunca antes en la historia conocida de la Humanidad- de un vacío de sentido, de una desvalorización del mito, y de su consecuente falta de efectividad: En una palabra, los símbolos dejaron de hablarnos, o para ser más justos, nosotros, humanos post modernos[43], dejamos de escucharlos. Por el momento, dejaré este tema en suspenso, y lo retomaré más adelante; sin embargo, me interesa remarcar ya desde el inicio, nuestra actual situación colectiva de una tremenda disminución en el ejercicio cotidiano de apertura al universo de lo simbólico. Nuestro mundo ha perdido espesor, vivimos en la superficie unidimensional semiótica, cerrada, del signo.

            Es decir, abordamos la vida con un exceso de intelectualidad y materialismo, dejando de lado otras funciones humanas naturales, entre otras, nuestra capacidad simbólico/mítico/religiosa, la cual nos enraíza con la vivencia de lo sagrado. En este sentido, Jung consideraba lo siguiente:

 

“…una función natural existente desde siempre no puede suprimirse mediante una crítica racionalista e ilustrada” (…)[44]

“Cada vez que el hombre pierde una de sus funciones naturales[45], es decir, cada vez que una función natural queda excluida de la actividad consciente y deliberada, surge una perturbación general. Es por lo tanto perfectamente natural que con el triunfo de la Diosa Razón se instaure una general neurotización del hombre moderno, es decir, una disociación de la personalidad análoga a la actual división del hombre moderno.”[46]

 

Los avances científico – tecnológicos y el origen de la Vida: Otro contraste impactante al apreciar el desarrollo científico – tecnológico, es que éste permite con su tremendo avance, un adelanto que curiosa y paradojalmente nos habilita para ir hacia atrás, hacia la fuente de origen, como nunca antes, y llegar a la cuestión del Punto Primordial, o de la Base, en distintas disciplinas. Citemos algunos casos notables:

            En biología, por ejemplo, los avances han permitido decodificar el genoma humano[47]. En el ADN se encuentra inscripto nada menos que el misterio del origen orgánico, físico y funcional del ser humano. El denominado “Proyecto genoma”, se inició en la década de los ´90, con el fin de determinar la secuencia de pares de bases químicas que componen el ADN y para cartografiar los aproximadamente 25.000 a 30.000 genes del genoma humano. Hace algunos años, líderes mundiales anunciaron que el genoma humano, se había decodificado. Si bien todo conocimiento científico siempre es relativo, no obstante, es notable haber logrado este “mapeo” del origen de la vida humana.

            En paleontología (del griego palaios: “antiguo”, onto: “ser”, logos: “ciencia”), ciencia que estudia e interpreta el pasado de la vida sobre la Tierra a través de los fósiles, se está trabajando[48] en el límite entre lo humano y lo animal, es decir, también en este ámbito estamos “tocando” nuestros orígenes como especie. En el año 2009, se hizo un anuncio de un importante “hallazgo del eslabón perdido”. Si bien el concepto de eslabón perdido está en desuso hoy en día,   porque se considera que no hay “uno”, sino muchos eslabones. Por esta razón, los hallazgos no son vistos como eslabones de una cadena, sino más bien como partes de un gran árbol. No obstante, es imprescindible reconocer, que aunque no pueda determinarse con exactitud si venimos o no del mono, hubo avances tremendos en relación a nuestros orígenes como especie, y que la ciencia se está moviendo allí, en ese interregno entre simios, y humanos…

            En arquelogía[49] se han descubierto ciudades antiquísimas que estaban hundidas, tapadas por las selvas, o debajo de ciudades más modernas. En todo caso, también en este campo hubo avances que nos llevan hacia atrás hasta los orígenes de la civilización.

 En matemática, en lo que podríamos denominar una arqueología de la matemática, se vienen realizando estudios, por ejemplo, que tienen como hipótesis una unidad de medida antigua. Ésta sería la denominada “yarda megalítica”, la cual formaría parte de un sistema de medida integrado (común) ya desaparecido pero que constituyó no sólo la base de nuestro sistema métrico convencional y el del británico, sino también las bases de construcciones muy pretéritas como las de Stonhenge y la de las pirámides. Estos estudios, ponen en tela de juicio lo que se sabía acerca de los orígenes de las medidas del mundo moderno dándole una nueva dimensión[50].

            En antropología, se ha desarrollado la escuela antropológica mitográfica, representada principalmente por Ernst Cassirer, Mircea Eliade y Gilbert Durand, quienes, con gran esfuerzo, han realizado la tarea de intentar conectar al hombre actual con sus orígenes, del cual se encuentra prácticamente desenraizado. En esta dirección de trabajo, han recolectado un formidable material histórico que evidencia aspectos comunes de las distintas culturas antiguas. A partir de la evidencia proporcionada por este material, se desprendería la presencia transcultural de una sabiduría perennis, presente desde los inicios mismos de la civilización.[51]

La psicología no se ha quedado atrás: también ha penetrado profundamente en los misterios de los orígenes de la psique. Y Jung en particular, fue quien conceptualizó la noción de inconsciente colectivo para referirse a la base psíquica común, los estratos psíquicos originarios sobre los cuales se sustentan las psiques individuales. Es en esas capas psíquicas primigenias donde se borran los límites entre psiqué, materia y espíritu.

            En astrofísica[52] y en cosmología[53], por primera vez en la historia, hay elementos con valor experimental que permiten ya no sólo hipotetizar acerca del origen y nacimiento de nuestro sistema solar, sino realmente pesquisarlo a través de los materiales recogidos por las múltiples sondas lanzadas al espacio, de los cometas, etc. De hecho, en este mismo campo los logros son tales, que hoy podemos presenciar y acompañar visualmente la gestación de estrellas y de sistemas solares, así como el nacimiento y la muerte de los mismos, la formación de agujeros negros y su modus operandi.

            Las observaciones de la morfología y estructura de las galaxias y cuásares han proporcionado una fuerte evidencia del Big Bang. La combinación de las observaciones con la teoría sugiere que los primeros cuásares y galaxias se formaron alrededor de mil millones de años después del Big Bang. Asimismo las observaciones sugieren que el universo como lo conocemos empezó hace aproximadamente 13.700 millones de años. Nuevamente –esta vez, en el ámbito de la astrofísica y la cosmología- nos encontramos tocando el tema del origen, en este caso, nada más y nada menos que del universo, de las galaxias, de los sistemas solares, de los soles y de los planetas…

 

Constelación del Arquetipo del Selbst: Hasta aquí, citamos a modo de ejemplo, sólo algunos de los campos en que la ciencia con sus adelantos, nos posibilitó casi irónicamente, “retroceder” hasta nuestros momentos de inicio.

 

Observados estos “avances” que nos “hacen regresar” al punto primordial y originario de la vida en tantos campos simultáneamente, no puede pasar inadvertido para un psicólogo junguiano que esta situación nos “está hablando” simbólicamente de un arquetipo que viene constelándose con fuerza arrolladora en niveles colectivos y ya no meramente personales. Nos referimos al arquetipo del Selbst o arquetipo de totalidad psíquica.

 

            El hecho de que la ciencia en sus diferentes ramas nos lleve a la cuestión de los orígenes –ya sea del universo, de la biología humana, de las profundidades más arcaicas de la psique, o de nuestra civilización- marca una dirección, un telos en el proceso de desarrollo humano.

             Si de modo tan contundente la ciencia apunta notablemente hacia el origen, independientemente de las complejidades que presenta cada disciplina con sus específicos grados de especializaciones; es imperativo ver las implicancias simbólicas de este hecho, y destacar ese algo que insiste diría, hacia ese lugar común -el núcleo, la raíz o punto originario que sostiene lo viviente-. En el simbolismo tradicional, y específicamente en el junguiano, esto está correlacionado con el arquetipo del Selbst, arquetipo de totalidad psíquica, de origen y de destino.

            Entonces, si algo nos está conduciendo hasta nuestro origen, es necesario que nos preguntemos:-“¿Qué está simbolizando? ¿Qué está diciéndonos si somos capaces de abrir nuestras mentes y corazones, y escuchar? ¿Qué pueden representar para la Psique Colectiva estos hallazgos, cuyo factor común es el estar bordeando con insistencia ese punto inicial, originario?”

 

Arcaico significa inicial, primigenio” (…) “…la psicología arcaica no es solamente la psicología de los primitivos, sino también la del hombre moderno civilizado…” “Igual que nuestro cuerpo sigue siendo el de un mamífero, (…) también nuestra alma es un producto evolutivo que si nos remontamos a sus orígenes, sigue poniendo de manifiesto innumerables arcaísmos.”[54]

 

En palabras del propio Jung encontramos alguna pista, cuando en su libro Aión, expresa comentado acerca de la “chispa inicial[55]:

 

“Se trata de una típica simbólica de individuación”. (…)

“El símbolo del punto llega hasta la alquimia, donde representa la “sustancia arcana”; así en Michael Maier[56] el punto significa “la pureza” u homogeneidad de la esencia”. “En la yema, es el punto solis (punto solar) lo que se convierte en huevo” (…) “…igualmente dice John Dee [57]-que todas las cosas han tenido comienzo sobre la base del punto y de la mónada.”

 

En síntesis, es mi intención a lo largo del trabajo que estoy presentando, señalar dos significativos hechos actuales que determinan una situación inédita para la humanidad:

 

1.      Hay una constelación colectiva del arquetipo del Selbst, hecho explícito en los hallazgos del avance científico como recién hemos visto. En mi tesina, escogí restringirme -a modo de ejemplo y demostración, ilustrativo de esta situación- al desarrollo histórico de la concepción astronómica del universo, partiendo del momento en que a nivel colectivo se consideraba a la Tierra, a) como un cuerpo en reposo y b) como el centro de un universo estacionario, en equilibrio e infinito. Luego, saliendo de ese momento primitivo de la humanidad, realizaremos un recorrido histórico–científico (con sus implicancias epistemológicas y psicológicas) hasta llegar a la actual posición académica del siglo XXI de: I) un universo dinámico, en el cual nuestro planeta parece sólo un pequeño “grano de mostaza[58]”, en relación a la enormidad del Cosmos, y II) en el que se sabe que hubo un comienzo (el Big Bang, estando este descubrimiento correlacionado con la constelación del Selbst), que el universo está en expansión, y que habrá un final.

 

2.      Este énfasis en la cuestión del punto primordial y de los orígenes, prácticamente omnipresente en la ciencia, acontece en un período de una oscuridad espiritual sin antecedentes, caracterizado por una ciencia sin alma, y por una cultura reducida a la estrechez semiótica unilateral y cerrada de los signos lingüísticos; una ciencia y una cultura que –salvo excepciones- dan la espalda al mundo polisémico de los símbolos y consecuentemente a su potencialidad  transmutadora.

 

Por tal motivo, nos encontramos en un punto de cruce civilizatorio en condiciones de fragilidad:

a)      Por un lado, cuando se constela el Selbst -en tanto arquetipo de totalidad psíquica, y en la medida que representa una complexio oppositorum- confronta intensamente a las fuerzas conscientes con las del inconsciente. En este caso, nos estamos refiriendo, remarco una vez más, al proceso de individuación colectivo. Y en tanto actualización de una complexio oppositorum, la constelación de este arquetipo implicará la necesidad de que nuestra psique acepte el reto de la tensión resultante de toda vivencia paradojal.[59]

b)      Por otro lado, estamos enfrentando este gran desafío de modo muy unilateral con sólo una parte de nuestros recursos psíquicos. Como no trabajamos hacia una dirección integradora de las potencias conscientes con las del inconsciente, estamos convocando a voces, a una compensación enantiodrómica cuyos alcances, en principio, son de inestimable magnitud por el carácter colectivo de tal empresa. Tenemos frente a nosotros una gran amenaza para el destino humano; y también –por paradojal que parezca- una gran oportunidad.

 

Citamos a continuación, algunos párrafos en los que Jung se refiere por un lado, al peligro de la crisis actual. Y luego, a la referencia que el mismo autor al hace mismo tiempo, acerca de la oportunidad que este momento representa para el ser humano.

Con respecto al peligro de la condición humana actual expresa:

 

“¿Qué nos reserva el futuro? Esta pregunta ha tenido ocupada a la humanidad desde tiempo inmemorial, aunque no en igual medida. (…)…sobre todo los tiempos de conflictos físicos, económicos y espirituales obligan a dirigir la vista, con amedrentada esperanza, hacia el futuro, anticipando utopías o visiones apocalípticas. (…) Vivimos hoy, cabe decir, en vísperas del cumplimiento del segundo milenio, un tiempo que nos sugiere imágenes apocalípticas de destrucción a escala mundial. (…) ¿Qué va a ocurrir con nuestra cultura, con nuestra condición humana, si empiezan a hacer explosión las bombas de hidrógeno o si acaban extendiéndose por toda Europa las tinieblas espirituales y morales del absolutismo estatal? No tenemos ningún motivo para tomarnos esta amenaza a la ligera”[60]

 

Con respecto a la oportunidad de la condición humana actual señala:

 

“El enorme aumento, a escala mundial, del interés por lo psicológico durante los últimos dos decenios muestra irrefutablemente que la consciencia moderna se ha retirado un tanto de lo exterior material volviéndose hacia la interioridad subjetiva” (…) “El interés psicológico, propio de nuestro tiempo,  espera algo del alma…” (…) “No me refiero meramente al interés por la psicología como ciencia, ni mucho menos al interés todavía más limitado por el psicoanálisis de Freud, sino a ese gran aumento, francamente general, del interés por todo tipo de fenómenos anímicos, incluyendo el espiritismo, astrología, teosofía, parapsicología, etc. Desde finales del siglo XVI y durante el s. XVII no ha visto el mundo nada semejante. (…) No es ir demasiado lejos afirmar que la conciencia moderna, a diferencia de lo que ocurría en el s. XIX, se ha vuelto hacia el alma con las más íntimas y fuertes expectativas[61], y no en el sentido de ninguna confesión tradicional conocida sino en sentido gnóstico. El hecho de que estos movimientos adopten un tinte científico (…) es un signo positivo, pues se refieren a la ciencia, es decir, al conocimiento, en contraposición a la esencia de las formas religiosas occidentales, es decir, la fe. (…) Quiere saber, es decir, tener una experiencia primigenia.”[62]

 

“La época quiere experimentar por sí misma el alma. Quiere una experiencia primigenia, rechazando todos los presupuestos y a la vez, sirviéndose de ellos como medios para un fin, incluyendo las religiones conocidas y la ciencia propiamente dicha.”

 

“En la fascinación de la conciencia moderna por el alma veo yo el meollo del problema anímico de hoy. Visto de una manera pesimista es un fenómeno de descomposición, pero contemplado con optimismo es el germen esperanzador de una posible transformación más profunda de la actitud espiritual de Occidente.”[63]

 

            Semejante situación humana requiere del aporte colaborador de la totalidad de nuestras fuerzas psíquicas: De las conscientes, con su capacidad discriminadora y diferenciante, caracterizada por su lógica conceptual, dual y analítico-sintética. Pero también necesitamos integrar las fuerzas del inconsciente, mediante el ejercicio del diálogo consciente–inconsciente. Se requiere, para abordar esta complexio oppositorum que implica la confrontación con el arquetipo del Selbst, una conciencia receptiva al inconsciente, abierta a su lógica simbólica, plena de paradojas, misterios e incertezas, para ir concientizando o ligando aquello que aún está en penumbras para ella. Es imperativo  proveernos de coraje moral y psíquico, y hacer el trabajo necesario para ir disolviendo las proyecciones de lo no integrado a la conciencia.

            A lo largo del trabajo, intentaré plantear los posibles alcances masivos y los caminos de respuesta colectiva a la constelación del arquetipo del Selbst –los saludables y los perturbadores-; y también reflexionar acerca de qué puede implicar esta situación trascendente -para la psique de la especie- si la abordamos desde una cultura con semejantes desbalances y escisiones psíquicas (desarrollaré este tópico, más adelante, pero en principio, me refiero al escotoma[64] producido por una práctica científica intelectualista que deja de lado la dimensión simbólica).

En el trabajo actual, me limitaré a abordar la observación del proceso individual colectivo. Elegí como variable de observación para ir pesquisando el despliegue de la conciencia colectiva, al desarrollo astronómico, astrofísico y cosmológico desde la edad antigua hasta llegar a nuestros días, en que el nuevo “tercer ojo” desarrollado en nuestro planeta –el telescopio espacial Hubble- y los avances en físico matemática, nos han permitido llegar al momento de origen de nuestro universo –el punto inicial del Big Bang-, así como pueden anticipar teóricamente un final del mismo. Como psicólogos junguianos podemos y debemos preguntarnos: ¿Qué implicancias simbólicas pueden tener en la conciencia colectiva el descubrir que no sólo no somos el centro de nuestro sistema solar, sino que el Sol, nuestra estrella “eje”, es sólo una de entre cientos de miles de millones de otras estrellas de nuestra galaxia? ¿Y cómo impactará sobre la conciencia colectiva el hecho de que la Vía Láctea -galaxia a la cual considerábamos “el” universo in totto-, es sólo una galaxia más entre cientos de miles de millones de otras galaxias? Pero sobre todo, la pregunta a instalar es: ¿Qué está simbolizando en el proceso colectivo de individuación la comprobación experimental del Big Bang, el Punto de origen de este universo en que vivimos?

En lo que sigue desarrollaré el tema de Tesina en dos Partes. La Parte 1 estará dedicada al desarrollo astronómico, astrofísico y cosmológico a lo largo de la historia y a sus correlaciones con la maduración de la psique colectiva. En la Parte 2 me ocuparé de las tremendas implicancias relacionadas con la constelación del Selbst en un alcance colectivo.

He agregado un Anexo al final del trabajo en el cual expongo algunas correlaciones notables entre la concepción junguiana de la psique y la física cuántica, en un humilde intento de hacer más evidente la unidad entre Phycis y Psique. Esta unidad fue propuesta en el siglo XX por Jung en su concepción psicoide del arquetipo, sin embargo, era ya aceptada por los alquimistas, gnósticos y cabalistas de todas las épocas.

 

Primera Parte

 

Correlaciones entre el Proceso de Individuación y nuestra percepción cosmológica

 

 

1. Mundo antiguo y Medioevo

 

La Tierra estática y el cielo girando alrededor

  

Para un observador terrestre a simple vista, parecería que la Tierra está estática, y que es el Cielo el que se mueve en derredor.

 

Esto es lo que los antiguos veían al mirar al cielo. Tenían la impresión de que la Tierra estaba estática y era el cielo el que giraba alrededor de ellos.

En realidad lo que los antiguos creían es lo que nos dicen nuestros sentidos: Que es el Sol el que se mueve, saliendo en el horizonte desde el Este por las mañanas y poniéndose hacia el Oeste en el atardecer. A medida que se hacía de noche veían cómo iban apareciendo las estrellas, los planetas y la luna.

En la antigüedad y durante el medioevo, los seres humanos se guiaban por la información procedente de los cinco sentidos. Era el período del paradigma aristotélico, con su “física del sentido común”.

Con la observación de los ciclos de la Luna y el Sol, los hombres de la antigüedad calculaban las épocas de siembra y de cosecha, la mejor época para la pesca, etc.; en fin, se regían por los ritmos biológicos de la naturaleza. Elaboraban calendarios para acompañar estos ritmos naturales.

Desde el punto de vista del proceso de individuación colectivo, ese primer período, en que se creía a la Tierra como estática y como siendo el centro del Universo, es semejante a la posición del niño, cuando se percibe a sí mismo siendo el centro del universo de sus padres, y al mismo tiempo, no diferenciándose completamente de ellos. Son éstos, los padres, quienes a semejanza del Sol y de la Luna en el hombre primitivo, instalarán un ritmo o ciclicidad en la vida del niño con sus horarios de vigilia o sueño, y sus horarios de hambre-saciedad. La recurrencia y repetición de estos ritmos le irá dando un sentido de pertenencia, identidad, y seguridad. El hombre de ese entonces no se percibía “separado” de la Tierra y del Cosmos, del mismo modo que para el niño, sus padres constituyen parte de su propio ser y todo su universo.

En forma análoga, éste era el estado infantil del psiquismo colectivo en ese momento. Esa posición autocentrada era lo que la psique humana como colectivo podía integrar en su conciencia: Se percibía a la Tierra como centro y en reposo, en una sucesión rítmica sin fin, entre el día con su bóveda celeste y el Sol; y la noche con su bóveda nocturna y la Luna. 

“Estrellas que titilan y estrellas que no titilan”

Hay registros históricos “oficiales”, de la división en signos zodiacales que datan del s. VI a.c. en Grecia[65].

Los griegos creían que existían dos tipos de estrellas: “las pequeñas y fijas que titilan” (que se corresponden con las estrellas genuinas); y “las grandes que no titilan y se mueven” (que no eran sino los planetas visibles del sistema solar).

Los griegos también sabían que la Tierra era curva (Aristóteles incluido), y pudieron incluso calcular con muy buenos métodos (que sólo fallaron en dar los resultados correctos por la falta de una mínima tecnología) la distancia de la Tierra al Sol, y de la Tierra a la Luna (Eratóstenes).

Si bien se sabe que el pitagórico, Aristarco de Samos proponía una visión heliocéntrica del sistema solar, ésta no fue la opinión predominante de la época. En el mundo antiguo, y en el medieval, prevaleció la concepción geocéntrica (o mejor dicho, geostática) del universo.

Durante el medioevo, en particular, rigió el paradigma aristotélico, en el cual, el universo era visto como una especie de cebolla formada por capas cristalinas. Cada capa se correspondía con uno de los planetas, y el Sol. Las esferas eran perfectas y llevaban los nombres de los dioses del panteón greco – latino: Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio. Los movimientos celestes eran perfectos, circulares. Éste era el mundo supralunar, habitado por dioses. Por debajo de la Luna estaba el mundo sublunar –en el cual vivimos los seres humanos-: Imperfecto (y en donde además, hay otros tipos de movimientos que no son como el movimiento perfecto circular).

 La mirada aristotélica imperante pensaba a la Tierra como esférica, en el centro del Universo; y a los planetas orbitando aferrados a esferas perfectas cristalinas, con el movimiento perfecto: el circular.

 Los epiciclos de Ptolomeo

En el siglo I, Ptolomeo calculó con certeza el movimiento de los planetas, es decir, pudo matemáticamente predecir dónde estarían ellos, recurriendo a los llamados epiciclos (es decir, ciclos menores sobre ciclos mayores). Esto le permitió mantener las órbitas circulares aristotélicas y al mismo, tiempo predecir el movimiento planetario. Fue una verdadera proeza matemática. Sus dos obras astrológico-astronómicas que perdurarán por siglos como fundamentales hasta el Renacimiento serán el Almagesto (literalmente “el más grande”) y el Tetrabiblos.

 

2. La revolución renacentista. Percepción heliocéntrica del universo.

 

E pur si muove” (“Y sin embargo, se mueve”)

La astronomía se detuvo en sus avances después del logro matemático de Ptolomeo (en el siglo I) hasta el siglo XV. Fue recién en el Renacimiento, en que Nicolás Copérnico (1473/1543), astrónomo y sacerdote polaco (más precisamente diácono que administraba la Catedral) revoluciona la ciencia con su Teoría heliocéntrica del sistema solar, expuesta en su libro “De las revoluciones de las esferas celestes”. En ese libro, Copérnico relaciona el tamaño de las órbitas de cada planeta con el período de revolución: A órbitas más pequeñas, períodos más cortos; con órbitas mayores, planetas más lentos. Por ejemplo, calculó que Mercurio tenía un período de traslación de 3 meses terrestres; y Saturno, uno de 29 años y medio.

 

 Lo verdaderamente revolucionario, fue que Copérnico enuncia que la Tierra se movía. La Tierra no estaba estática. Giraba sobre sí misma en 24 horas, y esto hacía que nosotros, observadores terrestres, tuviéramos la ilusión de ver moverse al Sol ascendiendo cada mañana, y descendiendo por la tarde. Según las suposiciones de Copérnico, el Sol era el corazón de nuestro sistema… y no la Tierra.

 

Copérnico tuvo la diplomática habilidad de presentarle sus ideas a la Iglesia, en calidad de “suposición”, y además, el gesto de dedicárselas al Papa, y de dar su permiso para publicarla en el último año de su vida. De modo que esta poderosa institución –que representaba al sector más conservador del alma colectiva-, si bien seguramente se inquietó, no obstante, no pudo ni tuvo tiempo suficiente como para acusarlo de herejía. Copérnico proponía sus enunciados en estos términos:Supongamos que la Tierra girase alrededor del Sol, entonces, esto facilitaría el entendimiento del movimiento planetario…”. Es decir, Copérnico presentó la revolucionaria idea, pero tuvo la prudencia de no afirmarla taxativamente (y además, como explicábamos, para suavizar aún más su presentación, ¡se la dedicó al Papa!). Si lo hubiera hecho de otro modo, posiblemente su destino hubiera sido la hoguera, tal como le sucedió al monje dominico Giordano Bruno[66].

Hubo que esperar hasta el siglo siguiente, en que Johannes Kepler, astrónomo, astrólogo y matemático alemán (1571 – 1630) pudo pensar el movimiento planetario como elíptico y no circular. Ni el genio revolucionario de Galileo había aceptado que las órbitas podían ser elípticas.

Hasta ese momento, como vimos, el movimiento celeste estaba asociado a los dioses, a la perfección, y no había figura más perfecta que el círculo para representar esta perfección. La elipse era vista como una “curva deforme”.

Entre otros fenómenos revolucionarios para la época encontramos que Galileo Galilei, físico, matemático, y astrónomo italiano (1564- 1642) fabrica un instrumento de observación que aumenta veinte veces el tamaño del objeto: el telescopio. En realidad, Galileo fabrica este instrumento mejorando la comprensión de las lentes, que ya habían sido estudiadas por el franciscano Roger Bacon (s. XII).

Galileo observando las fases de la Luna, descubre que este astro no es perfecto como creía la física aristotélica. Así que el paradigma aristotélico comienza a ponerse en entredicho y entra en un período de crisis.

 

Nuestro universo: de Sistema solar a Vía Láctea

Galileo también observa la Vía Láctea, cuenta las estrellas de la Constelación de Orión y constata que ciertas “estrellas visibles” a simple vista no eran tales, y que en verdad eran cúmulos de estrellas[67].

Esto también es un paso muy importante en el desarrollo de la psique humana, porque hasta ese momento solamente se creía que el universo estaba constituido por el sistema solar teniendo como trasfondo a las estrellas fijas que oficiaban como una especie de “telón de fondo” estacionario que rodeaba las esferas cristalinas del paradigma aristotélico. A partir de ahora, se verá al Sistema Solar formando parte de la galaxia, la Vía Láctea.

Galileo observa los anillos de Saturno pero no descubre su naturaleza. Estudia igualmente las manchas solares.

Observa los satélites de Júpiter, que llama Calixto, Europa, Ganímedes e Io, (llamadas hoy “satélites galileanos”). Éste es otro hito importante desde el punto de vista psicológico colectivo: Para él, Júpiter y sus satélites son un modelo de Sistema Solar. Es decir: Ya no sólo está nuestro “sistema solar”. Júpiter bien podría formar un “sistema solar” por sí mismo. De hecho, muchos astrónomos en la actualidad creen que Júpiter evolucionará hasta convertirse en un Sol y sus satélites serán los planetas del futuro sistema. Esta percepción de Galileo, también produce un “corrimiento” en la misma dirección que el corrimiento inaugurado por la teoría copernicana: la Tierra ya no es el centro del universo, y además el solar no necesariamente es el único sistema. No sólo los planetas dejan de ser vistos como girando alrededor de la Tierra. Galileo se da cuenta además de que no todo gira alrededor del Sol. Descubre que Júpiter tiene varios satélites o “lunas” que giran a su alrededor.

 

 La historia de la cosmología es la historia del corrimiento de la Tierra del centro del escenario celeste.

Y análogamente, podemos ya plantear que:

 El proceso de individuación colectivo, es la historia del corrimiento de la conciencia psíquica desde un ego naciente que se reconoce como único centro en lo obvio, en lo literal, hacia algo –lo inconsciente- que constantemente lo irá trascendiendo y lo confrontará con un misterio.

 

Estos detalles históricos no son insignificantes, pues para una observación psicológica cuidadosa y atenta son indicadores de que una poderosa transformación está aconteciendo en la psique humana. Están señalando una expansión en la conciencia humana planetaria, y un afianzamiento de ésta en la psique colectiva. A partir del Renacimiento, la conciencia humana individual, empieza a desprenderse de la matriz colectiva indiferenciada, representada en la “voz única oficial” que establecía cómo ver el mundo y cómo actuar en él.

Si abordamos lo que sucedió históricamente no de un modo puramente semiótico, sino con un alcance simbólico, como las pistas que nos da un sueño, y si tomamos a los detalles de esta historia como factores que nos ayudan a comprender su sentido, el relato se transformará en una experiencia apasionante que irá poniendo en evidencia el viaje de individuación colectivo.

Los hechos históricos ofician como el contenido manifiesto de un sueño, dándonos pistas para comprender un proceso cuyas raíces son simbólicas. Los sucesos históricos están correlacionados con un proceso interno que está aconteciendo en la psique colectiva, y que se encuentra a la espera de ir siendo simbolizado, comprendido.

           El aceptar al Sol como centro del sistema, evidencia un avance en la maduración psíquica colectiva. Refleja el nacimiento de una conciencia que se va individualizando, y que por lo tanto comienza a desprenderse lentamente de las aguas matriciales de lo colectivo, representadas aquí en la posición de la iglesia y en el paradigma predominante.

 

El movimiento elíptico: “La curva deforme”

La aceptación de las elipses en los movimientos orbitales también es de importancia trascendente en la historia humana. No sólo marca uno de los puntos bisagra que inaugurarán el nacimiento de paradigma newtoniano. Desde un punto de vista psicológico, el movimiento elíptico tiene una implicancia simbólica: Una elipse es una curva determinada por dos focos y ya no por uno sólo… De modo análogo sucede en nuestros procesos psíquicos. Nuestra psique, así como sucede con los planetas, también “tiene un movimiento” determinado por dos focos: consciente e inconsciente.

El descubrimiento matemático/astronómico del movimiento elíptico planetario alrededor del Sol, anticipa simbólicamente que en algún momento el hombre descubrirá la correlación psíquica de este hecho: La presencia de una dimensión inconsciente en el psiquismo.

Simbólicamente la elipse representa que la psique no se mueve sólo alrededor de la conciencia, por el contrario, su movimiento está determinado por la relación de compensación y complementariedad entre dos focos –uno consciente y el otro inconsciente-, y cuya dinámica tiene una polaridad complementaria (ánimus–ánima).

 

 Desde un punto de vista psicológico, atendiendo al proceso de individuación colectivo, durante el Renacimiento, con la aceptación del Sol como centro del Sistema solar, se empieza a afianzar la conciencia como faro, que emerge solitario de las profundidades de las aguas maternas del Inconsciente Colectivo. Y la comprobación del movimiento elíptico planetario, deja asentadas las bases para que la conciencia asimile el futuro descubrimiento del Inconsciente.

3. Descubrimiento de los planetas transaturninos, e Inconsciente

 

En los últimos doscientos años, se hicieron descubrimientos claves y sin parangón en la historia de la astronomía que relataremos a continuación. Sin embargo, hemos de resaltar que curiosamente el desarrollo meteórico, súper veloz e impresionante de dicha ciencia, fue de la mano de una lamentable pérdida del sentido simbólico y mítico, lo cual fue dejando a la conciencia humana colectiva en una posición cada vez más riesgosa y endeble, al verse mutilada de sus raíces místicas, míticas y simbólicas. Éstas, las raíces místicas, míticas y simbólicas ofician de puente entre la realidad interna y la realidad externa, brindándonos la posibilidad de integrar a ambas en nuestra conciencia. De este modo, al verse debilitadas estas raíces, no sólo quedamos expuestos a un avance desmadrado de las fuerzas colectivas, sino que además, los sucesivos descubrimientos científicos que se dan en el campo de la conciencia, no van siendo entramados con su correspondiente sentido simbólico, quedando como meros hechos azarosos, fragmentarios, desconectados entre sí.

 

Pero sigamos con el desarrollo histórico: En 1781, William Herschel, un aficionado a la astronomía, descubre al planeta Urano, el séptimo planeta del sistema solar.

¡Neptuno, el octavo planeta, es un gigante gaseoso –al igual que Júpiter y Urano- que tendrá la peculiaridad (acorde al sentido arquetipal de este planeta) de ser descubierto sin haber sido observado directamente![68]

Plutón [69] fue descubierto en 1930 por el astrónomo estadounidense C. W.  Tombaugh (1906 – 1997) desde el Observatorio Lowell  en Arizona. Es el planeta más pequeño del Sistema Solar.

           También el descubrimiento de los planetas transaturninos marcará otro hito relevante en el proceso de individuación colectivo. Los planetas denominados “clásicos”, son aquéllos que son visibles a simple vista o a “ojo directo”. Son los que van desde Mercurio hasta Saturno. Al ser observables directamente eran conocidos desde la antigua Caldea. En miles de años de presencia humana, siempre se los conoció.

Los planetas transaturninos en cambio, necesitaron telescopios, porque no son visibles directamente. Fueron conocidos indirectamente por intermediación de las lentes de aumento. Y por lo tanto, desde un punto de vista histórico su descubrimiento por parte de la humanidad es muy reciente.

Obviamente, mirado este hecho con una perspectiva simbólica, esto no es “casual”. Estará indicando un cambio importante en la psique colectiva: Este salto astronómico fue símbolo de un salto psíquico que estaba por ver su alumbramiento en muy poco tiempo: el descubrimiento del inconsciente y en particular, el descubrimiento del inconsciente colectivo.

Un famoso astrólogo del siglo XX, Dane Rudhyar, relaciona simbólicamente a los planetas clásicos –los visibles a simple vista- con la personalidad y con los factores psíquicos que quedan dentro del campo de la consciencia o que son parte del inconsciente personal. Mientras que a los planetas transaturninos, al no ser directamente visibles, y al estar más allá del planeta que marca el límite visible a ojo directo de nuestro sistema (Saturno), los vincula al inconsciente colectivo.por eso, en astrología se los denomina también como transpersonales (se refieren a funciones y aspectos que están más allá de la dimensión psíquica personal).

 Al mismo Jung se le ocurrió aprovechar tal paralelismo:

 

“La existencia de una psique inconsciente es análoga, si se me permite decir, a la existencia de un planeta aún no descubierto, cuya presencia interfiere en la desviación de la órbita de algún otro planeta conocido[70]. Desafortunadamente, nosotros carecemos de la ayuda de un telescopio que nos dé certeza de su existencia. El inconsciente es una hipótesis.”[71]

 

Así como sucedió con Neptuno, los psicólogos de comienzos de siglo XX (Freud), supusieron y predijeron la existencia del inconsciente, por los efectos que éste causaba en la vida cotidiana de los seres humanos: Al igual que sucede con los planetas transaturninos o transpersonales, el inconsciente no es observable directamente.

 

“El inconsciente colectivo no es accesible a la observación directa. Pero puede ser investigado de un modo indirecto y rodeándolo, a través de la observación del consciente, y entonces, emergen sus contenidos comprensibles que permiten realizar inferencias acerca de su naturaleza y estructura.”[72]

 

4.De una percepción galáctica a una multigaláctica.

 

Llegamos entonces, en nuestro recorrido, a los comienzos del siglo XX. Hasta ese momento, repito, – y aunque hoy nos cueste creerlo- hasta comienzos del siglo XX, para la percepción colectiva y también para la ciencia, nuestro sistema solar habitaba el Universo, solamente constituido por “la” Galaxia, la Vía Láctea.

Se descubre, entonces (1924/1925), que nuestra galaxia, la Vía Láctea, a la cual se la creía –en principio- única, no lo era.

Ya en el siglo XVIII, el filósofo Imanuel Kant, había hipotetizado sobre la posible existencia de otros “universos isla” (como se denominaba a otras galaxias eventuales). Sin embargo, ésta era sólo una hipótesis, y no había podido ser demostrada. Con lo cual, la mayor parte de la comunidad académica consideraba que nuestro sistema solar formaba parte de la “Galaxia–universo” de la “Vía Láctea”.

El 1 de enero de 1925 Edwin Hubble da a conocer el hallazgo experimental de otros “universos isla”, es decir, de otras galaxias. Había demostrado que la

Vía Láctea no era única, y en consecuencia ya no podía llamarse simplemente “la Galaxia”, ahora había que referirse a ella como "nuestra galaxia".

 

5. De un universo estacionario a un universo dinámico. El Big Bang

 

Para la misma época que nos mostraron que nuestra Vía Láctea (la cual era considerada hasta ese entonces como el universo in totto), era sólo “una galaxia más” entre millones y millones de galaxias, también se discutía si el universo era infinito y estático o era dinámico y finito[73].

Edwin Powell Hubble (1889–1953), fue uno de los astrónomos más importantes del siglo XX, porque además de haber mostrado que la Vía Láctea era sólo una entre millones de otras galaxias, también puso en evidencia –a partir de las ecuaciones de Einstein- la expansión del universo midiendo el desplazamiento al rojo de galaxias distantes –en seguida nos referiremos a este punto-.

Antes de Einstein, se creía que el Universo siempre había existido, que era estático e infinito. Incluso ésta era la idea de universo que tenía el propio Einstein.

Para evitar la consecuencia de la expansión del universo que se deducía de los resultados de sus propias ecuaciones, Einstein agregó su famosa “constante cosmológica”, a la que le “eligió” un valor erróneo para que hubiese una “gravitación repulsiva” capaz de contrabalancear a la “gravitación atractiva” –la común, conocida por todos nosotros, gracias a Newton-. Logró así que su modelo del universo resultara estático y eterno, en vez de dinámico y en constante expansión –que era lo que predecía su teoría original-. “Fue mi mayor equivocación” –tuvo que reconocer años más tarde, ante la evidencia experimental lograda por Edwin Hubble de la expansión cósmica en 1929-.

Y aquí me gustaría hacer un paréntesis, para recordar que los Vedas[74] tienen crónicas astronómicas antiquísimas, y que el modelo de universo que proponía la vieja India, hablaba poéticamente del universo como surgiendo cíclicamente “de las espiraciones de Brahma”, y finalizando su ciclo vital “siendo reabsorbido cíclicamente en las inspiraciones de Brahma.” Quiero decir, la idea de un Universo que surge de un punto –como la actual teoría del Big Bang-, y que termina en algún momento, no es nueva. Esto es otra evidencia de la viabilidad de la “noción de arquetipos”, y de su atemporalidad. Pues el nacimiento del Universo a partir de un punto primordial, es decir, la idea del Selbst, ya lo podemos leer en los antiguos Vedas.

 

Continuando con nuestro relato histórico, paradójicamente, y a pesar de las opiniones del padre de la Relatividad al respecto, fueron sus propias ecuaciones –como señalábamos arriba- las que mostraron que el Universo está en expansión –y que por lo tanto éste no es estático, sino dinámico-.

Como el Universo está en expansión, si vamos hacia atrás en el tiempo, lo que se desprende obviamente de esto es que a medida que nos alejamos, el universo se irá contrayendo hasta un punto de origen. Así se llegó a la conclusión de que el Cosmos surgía de un punto inicial del tamaño de un átomo, el Bing Bang.

De este modo, otra creencia que parecía imperecedera es destruida: La de un universo eterno y estático.

 

Es mucho más segura para nuestro ego la idea de un universo infinito y eterno que la de uno que está constantemente cambiando, que tuvo un inicio y que tendrá un fin.

 

6. Correlaciones entre el Proceso de individuación y nuestra percepción cosmológica

Tratemos de acompañar con nuestra percepción este salto conceptual y perceptivo impresionante desde que comenzamos nuestro viaje histórico al momento actual. Durante la antigüedad y el medioevo consideraban a las estrellas como un telón de fondo estático y silencioso, junto al Sol y a la Luna -organizadores de nuestros ritmos naturales-.

Iniciamos este recorrido con una visión del universo como finito y esférico, constituido sólo por el sistema solar, con centro en la Tierra, planeta en reposo.

Recién en el siglo XV se destrona a la Tierra como punto central del Universo, y se descubre que el Sol es el corazón de nuestro sistema. Asimismo Galileo vio de modo incipiente que la Vía Láctea también era nuestro hogar, y ya no sólo el Sistema Solar. Así pasamos a tener un conocimiento  galáctico de nuestro Universo. ¡Imaginémonos: Hace sólo cien años considerábamos que la Vía Láctea constituía todo nuestro Universo!

¡Será sólo recién a partir de 1925 que podremos pasar de una visión galáctica a una, multigaláctica de nuestro universo! Otro gran corrimiento teórico se había producido.

Nos encontramos hoy, como explicábamos más arriba, frente a la siguiente situación:

·      Nuestro Sol no sólo no está en el centro de la Vía láctea, sino que pasó a ser sólo una estrella más de otras 100 mil millones de estrellas que existen solamente en nuestra galaxia.

·      ¡Con el descubrimiento en la década del ‘20 de la Galaxia de Andrómeda, y de las que siguieron luego, nuestro universo pasó, en un “abrir y cerrar de ojos”, de ser un universo de mil años luz a ser uno de miles de millones de años luz, y potencialmente con 100 mil millones de galaxias!

·      ¡Y como si fuera poco, también sabemos ahora que los materiales con los cuales están constituidos nuestros cuerpos, provienen de las estrellas (de la generación o de la muerte de las mismas)!

El ser humano y el planeta Tierra, prácticamente en lo que podríamos calificar de un instante en la cadena temporal histórica, pasaron de ser “el centro de la Creación” a convertirse en un grano de arena en un desierto gigantesco. ¡Es tremendo imaginar los correlatos de los cambios psíquicos sincronizados con tamaños descubrimientos!

 

Frente a nosotros, se nos está revelando “todo” el Universo físico, y se ha llegado al punto mismo de origen del mismo, el Big Bang.

 

“Qué distinto era el mundo del hombre medieval: aquí estaba la Tierra, en el centro del mundo, eternamente firme y sosegada, circundada por un Sol que, solícito, aportaba calor…” (…) Todos sabían exactamente qué hacer y cómo comportarse para alcanzar, desde la mortalidad terrenal, una existencia eterna de plena alegría. (…) La ciencia natural rasgó hace tiempo ese velo. Ese tiempo quedó atrás, como la infancia, cuando nuestro padre era el hombre más hermoso y más poderoso del país.

“Se nos han desvanecido todas las certezas metafísicas del hombre medieval, sustituyéndolas por el ideal de seguridad material, del bienestar general y del humanitarismo. Quien todavía siga manteniendo incólume este ideal tiene sin duda un grado de optimismo por encima de lo normal.”[75]

 

Desde un punto de vista psicológico, no todas las conciencias fueron acompañando estos corrimientos teóricos del campo del conocimiento. En esta dirección de pensamiento, Jung distingue entre conocimiento y comprensión. El conocimiento requiere de nuestros saberes generales, de nuestras habilidades intelectuales. Un ser humano puede ser  rico en conocimientos, pero pobre en comprensión. Pues “…la tarea de la comprensión, sólo puedo emprenderla vacua et libera mente [con la mente vacía y libre]”[76]. Es decir, la comprensión trasciende el campo del mero saber, y en este sentido, Jung propone un equilibrio entre conocimiento y comprensión. En todo caso, lo que queremos aquí señalar es que aunque un ser humano alcance teóricamente a entender la idea de un universo multigaláctico, no necesariamente su percepción acompañará este conocimiento. Podemos encontrar individuos con grandes dotes intelectuales, pero psicológicamente muy inmaduros en lo que a proceso de individuación se refiere.

 

Continuando con nuestra correlación de la “historia del desarrollo astronómico con el  proceso de individuación colectivo”, es experimentalmente  observable que en la Psique Colectiva constituida por toda la humanidad, hay personas que aún tienen una conciencia equivalente a la del hombre antiguo o medieval. Hay otros, que constituyen las capas intermedias de la misma, cuyo desarrollo corresponde a la postura del hombre del Renacimiento. Sólo unos pocos seres humanos han podido acompañar en el proceso de individuación las implicancias de los distintos avances de la humanidad, y como sugeríamos, alcanzar una percepción y comprensión multigaláctica del universo.

 

Así como, usando una metáfora astronómica, hay personas que viven –a pesar de los descubrimientos cosmológicos- en un universo del cual ellos se creen el centro; psicológicamente hablando, hay muchas personas que aún no aceptan el descentramiento que implica la existencia de un Inconsciente. Estas personas pertenecen a las capas colectivas que tienen una conciencia medieval.

Hay otros que aceptan la existencia de un inconsciente. Ésos pertenecen a las capas intermedias que se están acercando a la mentalidad del siglo XX.

Sin embargo, a muchos de aquéllos que aceptan un inconsciente personal les resulta intolerable e inadmisible aceptar una dimensión psíquica colectiva. Estos otros son como aquéllos que creen que la Vía Láctea constituye todo el universo.

Sólo unos pocos son capaces de tolerar vivencialmente la herida al narcisismo que implica que más allá de lo “especial” de la personalidad de cada uno, hay subyaciendo un estrato psíquico común, lo inconsciente colectivo, fundamento de toda psique personal.

Psicológicamente, en el proceso de individuación colectivo, sucede como con el desarrollo de la astronomía: Hay conciencias que no han sido capaces de tolerar las heridas narcisistas que supusieron los distintos corrimientos teóricos que fue mostrando la ciencia. Esto constituye unos de los problemas del hombre actual.

Jung denomina “hombre moderno”[77] a aquél que alcanza a tener plena consciencia del presente; a aquél que no ha quedado anclado en posiciones ideológicas del pasado, ni atado a prejuicios de ninguna clase.

 

“Los hombre modernos (…) son escasos, pues su existencia exige el más alto grado de consciencia, la consciencia más intensa y más extensa, con un mínimo de inconsciencia, pues sólo vive en el presente quien es plenamente consciente de su existencia como hombre.”

“Quien alcanza a tener consciencia del presente es por necesidad un solitario. El “hombre moderno” es solitario todo el tiempo, pues cada paso hacia una consciencia más elevada y amplia le aleja de la originaria participación mystique[78], puramente animal, del rebaño, ese estado de inmersión en una inconsciencia común. Cada paso adelante significa un desprendimiento esforzado del seno materno, en la que permanece la gran parte de la masa del pueblo. También en los pueblos civilizados las capas inferiores tienen un grado de inconsciencia de la vida que poco se diferencia del primitivo. Las capas inmediatamente superiores viven esencialmente en un grado de conciencia que corresponde a las primeras culturas de la humanidad, y las capas más altas tienen una consciencia semejante a la de siglos anteriores.”

“Sólo el hombre moderno, en el sentido que aquí le damos vive en el presente porque tiene conciencia del presente. Sólo para él se han desvanecido los mundos de los anteriores grados de consciencia, cuyos valores y afanes sólo le interesan desde el punto de vista histórico.” [79]  

 

Parte 2

Implicancias psicológicas de la Constelación del Selbst

 

“Porque muchos serán los llamados, mas  pocos los escogidos.”

 Mateo 22:14

Parábola del Banquete Nupcial

 

1. La pérdida del sentido Mítico

 

“Si bien el hombre moderno se encuentra sobre una cúspide, mañana será sobrepasado; si bien es el resultado de una antiquísima evolución es a la vez la mayor desilusión concebible de todas las esperanzas de la humanidad. El hombre moderno es consciente de esto. Ha visto hasta qué punto la ciencia, la técnica y la organización pueden actuar de manera benéfica, pero también catastrófica. (…)…la consciencia moderna es comparable al alma de una persona que tras sufrir una fatal conmoción se ha vuelto esencialmente insegura.”[80]

 (…)…el hombre moderno comienza a comprender que todo progreso en o exterior genera al mismo tiempo la creciente posibilidad de una catástrofe todavía mayor”.[81]

 

A partir del Renacimiento vimos la emergencia de la conciencia individual en grado creciente desde las aguas matriciales de lo colectivo indiferenciado. La conciencia individual se fue afianzando en su despliegue con el correr de los siglos. El ser humano se fue distinguiendo de la naturaleza, tomó distancia de su unión biológica con ella, y de sus ciclos y ritmicidades instintivas; se animó a sentirse con derecho a controlarla, a usufructuarla y a manipularla instrumentalmente.

Simultáneamente, al tiempo que la conciencia individual se iba fortaleciendo, se fue resquebrajando la relación con el inconsciente.

Cuanto mayor es la separación en el diálogo entre consciente e inconsciente, más se promueve que en la conciencia aumenten las condiciones de fragilidad y exposición frente al inconciente colectivo. Hoy la conciencia, debido a la enorme distancia con lo inconsciente, se ve desafiada a un movimiento de compensación enantiodrómico por parte de sus fuerzas arquetípicas, las cuales están avanzando sobre ella con fuerza y violencia.

 

“Por eso, con la creciente escisión entre conciencia e inconsciente, crece también el peligro de contagio psíquico y de psicosis de masas. Con la pérdida de las ideas simbólicas se cortan puentes entre el inconsciente y la conciencia: ya ningún instinto protege contra ideas insalubres y slogans vacíos: la razón sin tradición y su fundamento instintivo está desprotegida de cualquier absurdidad.”[82]

 

En esta dirección de pensamientos, en su libro La realidad del Alma, Jung nos advierte dos cuestiones a tener en consideración en el momento actual:

·                    Por un lado, tras siglos de creencia unilateral en el alma y en el espíritu como entidades autónomas de la materia, fuimos atravesados por un movimiento enantiodrómico en sentido inverso. Debido a esto, la humanidad osciló mecánicamente de modo compensatorio hacia el otro polo: Los últimos doscientos años cuestionaron la existencia del alma y del espíritu, y redujeron al alma a un mero fenómeno fisiológico (por ejemplo, el considerar a los sueños como productos de desechos neuronales, o a la conciencia como un epifenómeno cerebral), lo cual dio lugar al desarrollo de una psicología sin alma.

·                    Por otro, (y para integrar esa dualidad antinómica), Jung nos invita a tener valor y ejercer una psicología con alma fundamentada empíricamente. Cuando Jung se refiere a lo empírico, no lo hace en el sentido restrictivo positivista, sino más bien en un sentido fenomenológico (el fenómeno es lo que se aparece ante mí, no sólo antes mis cinco sentidos, sino también ante mi intuición). En numerosas ocasiones él aclara que el espíritu de la época busca no sólo creer en Dios, sino conocerlo (en el sentido gnóstico), tener una experiencia primigenia. Todo movimiento enantiodrómico para ser trascendido debe integrar de modo dialéctico a los polos que lo constituyen. En este caso, habría que aunar las raíces míticas de la religión con un espíritu crítico que busque esclarecer y comprender; es decir, tomar lo mejor de la religión, y lo mejor de la filosofía y de la ciencia.

La práctica de una psicología con alma, requiere del diálogo y el trabajo con lo inconsciente. En nuestra situación actual, con una constelación colectiva del arquetipo del Selbst, este trabajo es imperioso:

 

“La conciencia individual está rodeada por el mar amenazador de lo inconsciente (…)

El habitante normal de tierra adentro que se olvidó del mar, no asienta en tierra segura, sino sobre un suelo resquebrajado, donde en cualquier momento puede irrumpir  el mar a través de grietas continentales causando escisiones. El hombre primitivo conoce el peligro, no sólo a través de la vida de su tribu, sino también a través de su psicología propia, los ‘perils of the soul’, los peligros del alma según la expresión técnica. Tales peligros consisten en la llamada pérdida del alma o en el estar hechizado. Se trata en ambos casos, de fenómenos de escisión; en el primer caso, el alma del hombre diríase que ha emigrado, mientras que en el segundo, se trataría de una inmigración.”[83]

 

  1. La constelación del Selbst y la Psique colectiva

 

           ¿Cómo haremos, entonces, en las actuales condiciones de fragilidad debido al tremendo empobrecimiento en la conexión de la conciencia con el alma, para enfrentarnos a la tremenda prueba de la confrontación con el Selbst?

En lo que sigue, y para finalizar, pondré el énfasis en cuatro puntos:

A)    Los límites de la mente consciente para abordar la constelación del Selbst.

B)    La vida del propio Jung como ejemplo de confrontación con el Selbst.

C)    Destinos psíquicos posibles: i) una inflación del Yo, ii) una construcción regresiva de la persona, iii) una invasión masiva de los contenidos arcaicos, iiii) una conscientización individual creciente (y el simbólicamente denominado “posible descenso del Paráclito”).

 

A) Los límites de la mente consciente para abordar la constelación del Selbst.

            Al referirse al Sí Mismo[84], del mismo modo que cuando lo hace con la sombra y con la sicigia, Jung recurrentemente nos advierte del límite de nuestra mente para abordar estos factores psíquicos. Desde lo conceptual, sólo puede realizarse una descripción abreviada[85] de los mismos. A la vez, nos enfatiza que para tener una noción aproximada o suficientemente adecuada de éstos, se requiere sinequanon de una base vivencial.

 

“…el intelecto no capta el fenómeno psíquico en totalidad, pues éste [el fenómeno psíquico] no consiste solamente en significado sino también en valor, el cual se sustenta en la intensidad del sentir concomitante. Hacen falta, pues, por lo menos las dos funciones racionales para trazar un esquema suficientemente aproximado de un contenido psíquico.”[86]

 

            En el caso del Selbst, cuando un ser humano “se topa” y se ve avasallado por la tremenda experiencia de totalidad psíquica, la cual involucra una tremenda lucha entre opuestos y una eventual conjuctio de los mismos, se estará evidenciando una actualización y una manifestación de este arquetipo.

En el presente trabajo me refiero al avance de lo inconsciente colectivo, y más específicamente a la constelación del arquetipo del Selbst y sus manifestaciones, por medio de sus características expresiones arquetípicas, no meramente en un contexto psicoterapéutico individual, sino por fuera de él, y con alcances masivos y planetarios. Ejemplo de esta constelación en la astronomía, lo encontramos en el Big Bang. Dimos otros ejemplos similares en otras disciplinas científicas que nos muestran claramente el actual carácter colectivo de la constelación del Selbst. Esta situación –dado lo colectivo de su alcance- afecta a todo tipo de personas, tanto a aquéllas que vienen haciendo un trabajo de conscientización de sus contenidos psíquicos, con un levantamiento progresivo de sus proyecciones, como aquéllas personas que no lo vienen haciendo.

Entonces, al abordar este tema, tendremos que tener muy presente la incapacidad de la mente puramente analítica para comprender las tremendas implicancias de la actual situación. Deberemos convocar a un trabajo con la totalidad de nuestro ser, y en particular, como ya ha señalado el propio Jung, a las dos funciones racionales –la sensibilidad y la reflexión- para intentar integrar la complexio oppositorum que implica la vivencia del Selbst. 

 

B) Jung y la constelación del Selbst en su propia vida

La contundente y arrasadora experiencia psíquica que involucra la confrontación con el Selbst está incomparablemente reflejada en la propia vida de Jung.

Como es sabido, la teoría junguiana, y principalmente el denominado proceso de individuación encuentra el material clínico de observación tanto en su trabajo con pacientes a lo largo de años, como a partir de la observación de su propio material autobiográfico.

La confrontación con la constelación del Selbst, lo encontrará a Jung en su madurez espiritual, y marcará un punto sin retorno para su existencia.

 

Respecto de la presencia del factor autobiográfico en su obra, expresa el autor:

“Hoy puedo decir: No me he alejado nunca de mis vivencias iniciales. Todos mis trabajos, todo cuanto he creado espiritualmente, parte de mis imaginaciones y sueños iniciales…”[87]

…(…) Toda mi actividad posterior consistió en perfeccionar lo que brotó del inconsciente, y que comenzó inundándome a mí. Constituyó la materia prima para la obra de mi vida.”[88]

 

Jung tuvo en su vida dos grandes crisis que dejaron notable huella en su obra. Estas dos enormes crisis “personales”, coincidieron significativamente con dos momentos culminantes en el destino de la humanidad: las dos guerras mundiales. Este paralelismo entre las dos tremendas crisis de Jung y los dos acontecimientos catastróficos que sacudieron al mundo por la misma época es casi inconcebible para nosotros. Sin embargo, así sucedió.

La correlación de estos acontecimientos –me refiero a la crisis colectiva que atravesaba la humanidad y la crisis personal de Jung- sería impensable, si no dispusiéramos de la noción de proceso de individuación colectivo, y cómo el proceso personal de Jung reflejaba holográficamente el proceso colectivo humano.

Edward F. Edinger, analista junguiano expresa al respecto: “De hecho, es mi convicción que a medida que ganemos perspectiva histórica, se hará evidente que Jung es un hombre de época. Con esto quiero significar a un hombre cuya vida inaugura una nueva edad en la historia cultural.

El hombre de época es el primero en experimentar y en articular plenamente un nuevo modo de existencia. Su vida, así, tiene un sentido objetivo, impersonal. Se convierte en un paradigma, la vida prototípica de una nueva era y de aquí su ejemplaridad”[89]

 

La primera de las crisis, desencadenada en la época de su ruptura con Freud, implicó su primera gran confrontación con las fuerzas del Inconsciente Colectivo. Como explicábamos, ocurrió simultáneamente con la catástrofe colectiva de la Primera Guerra Mundial. De la elaboración de esa crisis, Jung nos dejó el fructífero Libro Rojo que muestra su propia metabolización alquímica personal.

 

“En 1912 comenzó lo que hasta ahora ha durado casi cincuenta años. Todo cuanto he hecho en mi vida posterior ya está contenido en ellas [imaginaciones y sueños iniciales], aunque sólo en forma de emociones e imágenes.

Mi ciencia fue el medio y la única posibilidad de salir de aquel caos.”[90]

 

La segunda gran crisis de Jung, se superpuso con otra crisis catastrófica colectiva, la Segunda Guerra Mundial, según señalábamos, y se desencadenó a partir de un infarto. Este punto de inflexión vital para el psiquiatra suizo, es el que nos ocupa en la actual Tesina, pues es aquí donde él tuvo que enfrentar con todas sus fuerzas la manifestación arquetipal y numinosa del Selbst.

Según afirma Aniela Jaffé, destacada analista junguiana y secretaria de Jung por muchos años: “Jung había rechazado la confrontación por años. La  larga prehistoria de esto puede ser trazada hacia atrás hasta sus escritos tempranos. Necesitó, como él mismo admitió, de una severa enfermedad que quebrara su resistencia.”[91]

Durante este período crítico, Jung tuvo una revelación suprema de lo Inconsciente, con visiones de la conjunctio.[92] Así como en la primera crisis nos legó el misterioso Libro Rojo, en la segunda nos dejó un libro que marca época en la literatura junguiana por el estado de ánimo desde el cual fue escrito. Este libro indefinible es Respuesta a Job. En él, encontramos a un Jung muy diferente del que estamos acostumbrados a leer; aparece un Jung que no es teórico sino doliente, emocionalmente defensivo, irónico y exaltado.

            Aniella Jaffé, comenta que el ejemplo más vívido de la confrontación con el Selbst es Respuesta a Job. El libro fue escrito cuando el psiquiatra suizo salió de la convalecencia que lo tuvo postrado por tres semanas.

 

“El sarcasmo de Jung, por el cual ha sido ampliamente criticado [en “Respuesta a Job”], debe ser entendido a la luz de su situación psíquica: era un mecanismo de defensa contra el ataque arquetípico, contra el “Dios” que lo tenía esclavizado.”

…(…) La estimación habitual de “Respuesta a Job” es que es un ataque apasionado y tosco al Dios del Antiguo Testamento, pero psicológicamente considerado es un intento de llegar a entenderse con la figura numinosa del Selbst y con su quebrada realidad…

 

            Este libro refleja palamariamente el alto costo psíquico que implicó para Jung la confrontación con los opuestos. No es el hombre de ciencia el que habla en ese libro, sino simplemente el hombre, el ser humano expuesto a una tremenda lucha interna, al observar los horrores que acontecen en el mundo a la par de las beatitudes vivenciadas simultáneamente. Su fe y confianza en “Dios” (en la terminología junguiana, se correspondería con una constelación numinosa del Selbst) –como la de Job- tambalean.

            Sin embargo, Respuesta a Job plantea un dilema moral aún más complejo que la mera rebeldía del ego limitado frente a “Dios”. En este libro se toma “por las astas”, es decir, se aborda directamente, la falsa pretensión yoica humana de creerse capaz (omnipotente) de comprender en forma certera (sin huecos que dejen abiertos enigmas) dualidades tan tremendas como las del Bien y el Mal, Salud y Enfermedad, Beatitudes y Padecimientos; o de la mismísima Vida y Muerte.

            En esta dirección de ideas, Jung intenta mostrar a través de este libro, cómo la experiencia del Selbst nos planta frente al misterio. Cómo nos lleva a esa región de borde donde la mente trastabilla y se siente inerme para seguir avanzando frente a tan tremendos contrastes provenientes de la misma fuente –el Selbst-. Esta manifestación arquetípica nos confronta con la paradoja insondable de la Existencia, y nos hace percibir en forma contundente los límites de nuestra comprensión lógica con respecto al destino.

 

(…) Para Jung, por supuesto, la “quebrada realidad” se transformó en una ocasión para la reflexión objetiva tanto como para la investigación histórica y psicológica.”[93]

 

            Jung se animó a publicar este libro, a pesar de ser consciente del tono desmedido y del precario y endeble balance entre emoción y mente, que caracterizan el estado en que lo escribió. ¿Porqué lo publica, entonces? Indudablemente, Jung intuía que a esto se tendría que enfrentar próximamente la propia humanidad, o mejor dicho, el “hombre moderno”, como él denomina en sus textos sociológicos al ser humano que trabaja en su individuación. Y entonces, deja a este libro como un testimonio de su propia lucha interna y de la posible resolución dialéctica de la misma.

            Además, Jung nos advertía del peligro de que esta confrontación nos encontrara, como colectivo humano, sin mito. Sólo una conciencia enraizada – como la de Job- en un mito viviente, podría tolerar semejante confrontación sin salir despedazado psicológicamente ante la misma. Job, el personaje bíblico, era un hombre de fe, y toleró el terrible, inconcebible e impensable enfrentamiento con “Dios” (Selbst) sin volverse loco, por ser, precisamente él, un ser humano que habitaba un mito viviente (su fe en el mito del Antiguo Testamento).

            Job discute acaloradamente con Dios, lo enfrenta, lo interpela fuertemente cuando todo lo que amaba le es quitado. ¿Dónde está la Justicia Divina? ¿Dónde, el amor de Dios?

 

“El individuo que no está anclado en Dios no es capaz (…) de ofrecer resistencia al poder físico y moral del mundo: Para ello necesita el hombre la evidencia de una experiencia interior de trascendencia que es la única que puede librarle de caer en la masificación, de otro modo inevitable.”[94]

 

Al mismo tiempo Respuesta a Job, nos señala la novedad que simbolizó Cristo –en el proceso de individuación colectivo- en tanto representación de la encarnación o manifestación de la Imago Dei (Selbst). Y nos advierte de un peligro (del cual deriva lo que él denominó el fracaso de la religión[95]): Homologar la figura simbólica de Cristo con un Sumum Bonum, sin la presencia de una contrafigura compensadora para la psique –el Anticristo en calidad de representante simbólico del Mal-.

 

“Como totalidad, el Sí Mismo es siempre, por definición, una complexio oppositorum, y su manera de presentarse es tanto más sombría y amenazadora cuanto mayor sea la fuerza con que la conciencia vindique  su naturaleza luminosa y pretenda ser una autoridad moral.”[96]


            Jung encontrará que el libro del Apocalipsis, del Evangelio de San Juan es más equilibrado en este sentido, en tanto en el mismo vuelve aparecer la función psíquica compensadora del “Mal”, en la figura del “Cristo apocalíptico”.

 

 

 

C) Destinos psíquicos posibles ante la constelación colectiva del Selbst:

Esta peculiar y llamativa circunstancia a la que nos referimos en la Tesina, la constelación colectiva del Selbst, evidencia que “algo” en el proceso colectivo humano está impulsando el conocimiento del alma, es decir, el conocimiento de sí. Efectivamente, Jung señala lo siguiente:

 

“…la conciencia moderna a diferencia de lo que ocurría en el siglo XIX se ha vuelto hacia el alma con las más íntimas y fuertes expectativas, y no en el sentido de ninguna confesión tradicional conocida sino en sentido gnóstico.”[97]

(…) “La época quiere experimentar por sí misma el alma. Quiere una experiencia primigenia, rechazando todos los presupuestos y a la vez, sirviéndose de ellos como medios para un fin, incluyendo las religiones conocidas y la ciencia propiamente dicha.”[98]

 

            El abrirnos ‘a la experiencia del alma’, -que es lo que la época nos está pidiendo- puede tener un alto costo, pues este llamado arquetípico nos encuentra debilitados psicológicamente como colectivo: Por un lado, por la enorme distancia en el diálogo entre la conciencia y el inconsciente (a causa del materialismo científico instalado los últimos doscientos años); y por otro, por la pérdida del sentido mítico de la existencia (debido en parte a los dogmas religiosos que han sido vaciados de simbolismo y de su ejercicio hermenéutico). La humanidad está afrontando, entonces, una constelación arquetípica del Selbst desde un lugar psíquico muy unilateral. Este abordaje desbalanceado de la constelación del Selbst es sumamente riesgoso para el destino de la misma, y en estos momentos se hace realmente necesario meditar en profundidad en el tema para tomar conciencia de él.

            Los destinos individuales patológicos posibles ante una constelación del Selbst podrían ser:

i)        Reconstrucción regresiva de la persona

ii)      Inflación del Yo.

iii)    Psicosis

 

“El hombre común no alcanza esta tensión: la tiene sólo en el inconsciente.”[99](…)

“El hombre [común] no dispone de esa amplitud de conciencia que sería necesaria para realizar los pares de opuestos propios de la naturaleza humana, la tensión de los cuales permanece, por lo tanto, en su mayor parte inconsciente, aunque puede aparecer en los sueños”.[100]

 

“Esta totalidad representa la meta a que ha de llegar todo hombre, es decir, la realización de su totalidad e individualidad, con o contra la conciencia. (…) Subjetivamente es, desde luego, muy diferente el que uno sepa, viva y entienda lo que hace, y que se declare o no responsable de aquello que intenta hacer o ha hecho. (…)

El problema consiste en si el hombre será capaz de ascender a una cumbre moral más alta… (…) Pero el hombre no puede seguir avanzando en su camino si no conoce mejor su propia naturaleza.”[101]

 

            Si el Selbst está siendo constelado en el proceso de individuación colectivo, y encuentra a hombres y mujeres sin un trabajo de mínimo de integración de la propia sombra, la conciencia no tolerará esta confrontación. La misma, nos dice Jung, tendrá lugar pero en el inconsciente. En aquéllos que no toleren la tensión involucrada en esta confrontación –la gran mayoría de los seres humanos- Jung señala el riesgo de inflación del ego, de  psicosis, y de reconstrucción regresiva de la persona.

            i) En este último caso, el de la reconstrucción regresiva de la persona[102], se vuelve a un estadio madurativo anterior, como mecanismo defensivo para frenar el avance de lo colectivo. El resultado será una personalidad ‘disminuida’, ‘restringida’, que no se anima a aceptar los desafíos habituales de la vida cotidiana, por temor a no resistir una eventual futura confrontación con lo inconsciente colectivo.

            ii) En el caso de la inflación del ego, Jung observa que la misma es una experiencia típica de aquél que tiene un contacto numinoso con el Selbst. Cuando un ser humano tiene un contacto de esta índole, es casi inevitable que el ego interprete erróneamente esa experiencia, sintiéndose un elegido, alguien especial. Sin embargo, si el ego tolerara la tensión de la complexio oppsitorum, podría quedar como “suspendido” entre los opuestos, posibilitando la resolución dialéctica de la misma, siendo ésta ocasión de un cambio trascendente en la personalidad. Esto se corresponde con una respuesta saludable de la psique, y con aquéllos pocos que tengan la fuerza moral y psíquica para afrontar saludablemente el ataque arquetípico del Selbst, pudiendo trascender la inflación del ego. Este tipo de resolución lo desarrollaremos en el punto siguiente.

            iii) Si en cambio, el ego inflado se termina identificando completamente con el Selbst ante un contacto numinoso con el mismo, se apropiará de una grandeza que no le pertenece, y se la adjudicará como propia. El ego cree, entonces, ser la totalidad. Tendremos así, los casos de paranoia (una forma de psicosis por ‘emigración del alma’, dirían los indios Goñi). Son aquéllos hombres y mujeres en quienes como el ego está identificado con la totalidad de la psique -y se la apropia-, cuando algo o alguien no responde a su voluntad consciente, lo ve como un enemigo o un perseguidor. Es una psicología que no tolera las diferencias por haberse identificado de modo masivo e indiferenciado con el todo. Los paranoicos están investidos de un sentimiento de superioridad –generalmente intelectual-, y se creen especialmente capacitados para dirigir los destinos humanos, al estar influenciados por la potencia numinosa del Selbst, la cual decodifican erróneamente como potencia puramente egoica.

            En situaciones no tan extremos de inflación del ego encontramos lo que Jung denomina “el profeta” (falso profeta), y el discípulo del profeta (falso discípulo)[103]. Si observamos a nuestro alrededor, veremos que hoy sobran ejemplos de falsos profetas. Aquí, la personalidad ha tenido efectivamente algún contacto con el tesoro arquetipal del inconsciente colectivo, y se siente elegida para difundir la preciosura del mismo.

            En el caso de las psicosis esquizofrénicas, el tremendo avance de las fuerzas arquetípicas de lo Inconsciente colectivo hace sucumbir al yo, el cual queda invadido y difuminado por éste (una forma de psicosis por ‘inmigración del alma’, citando nuevamente a los indios Goñi).

            Hoy el riesgo psíquico de psicosis es más alto que nunca. Jung nos alertó de esto. Consideraba, a partir de su práctica y observaciones en la clínica, que de cada caso de psicosis declarado, había diez casos latentes. Y anticipaba que el estudio de la psicosis y de la psicología del hombre arcaico sería cada vez más necesario e importante.

 

“Según mis estimaciones, por cada enfermo mental declarado existen como mínimo diez casos latentes que no suelen salir a la luz. Pero el modo de ver y el comportamiento de estas personas, pese a su aparente normalidad, están sometidos a influencias enfermizas y perversas.”[104]

 

            Debemos considerar seriamente que cuanto más precario sea el diálogo entre el consciente y el inconsciente, más sombrías y arcaicas serán las compensaciones enantiodrómicas, teniendo éstas hoy alcances masivos dado el carácter colectivo de la actual constelación del Selbst.

 

Cuando una excitación compensatoria de lo inconsciente (…) no es integrada a la conciencia conduce a una neurosis o incluso a una psicosis, y otro tanto cabe decir de un colectivo. (…)…sólo podemos comprobar las carencias en la conciencia de nuestra época si observamos la clase de reacción provocada en lo inconsciente.”[105]

 

iiii) Respuesta saludable: Una conscientización individual creciente.

            Una respuesta saludable a la constelación del Selbst vendría acompañada por una comprensión crítica de los procesos colectivos[106], lo cual, a su vez encaminaría el despliegue de una personalidad indivisa, con una integración de las cuatro funciones psicológicas.

 

“La integración de los contenidos inconscientes es un acto individual de realización, comprensión y valor moral. Es una tarea muy dificultosa que exige un elevado grado de responsabilidad ética. Sólo de un número relativamente reducido cabe esperar la capacidad para un logro semejante…”[107]

 

            Esa minoría de seres humanos que han venido haciendo un trabajo concienzudo, es aquella que estará en condiciones de tolerar la confrontación. El opus lo han venido realizando por un lado, a través de la continua toma de conciencia de las fantasías generadas por el inconsciente; y por el otro, a través del levantamiento progresivo de los contenidos psíquicos proyectados sobre el entorno; Cuando el Selbst enfrenta al ego con la totalidad de las fuerzas psíquicas, la experiencia en sí marcará un punto de irreversibilidad en la psique y un cambio radical en la personalidad[108].

 

“Si nos representamos la conciencia con el yo como centro, frente al inconsciente; y si ahora consideramos el proceso de asimilación del inconsciente, podemos concebir esta asimilación como una especie de yuxtaposición del inconsciente con la conciencia, donde el centro de la personalidad total ya no coincide con el yo sino con un punto intermedio entre ambos sectores. Este sería un nuevo punto de equilibrio, un nuevo centro de gravedad para la personalidad total; centro virtual acaso, que por su posición central entre la conciencia y el inconsciente, proporciona a la personalidad un nuevo y seguro fundamento.”[109]

 

            Ya no podremos hablar más de la división consciente – inconsciente, como hasta ahora. Se instalará un nuevo centro de gravedad en la psique que oficiará de puente comunicador entre ambos factores psíquicos.

 

“Así se conjuga la conciencia y el inconsciente. El resultado es el movimiento de ascenso de la llama, la transformación del fuego alquímico, el nacimiento del ‘espíritu sutil’. Esto es la función trascendente que resulta de la unificación de los opuestos.”[110]

 

            Ahora, ante la constelación del Selbst, el yo se confronta con toda la psique, quedando inerme y crucificado ante la indiscutible prevalencia e imponencia del Selbst.

 

“Este símbolo grandioso quiere dar a entender que el progresivo desarrollo y diferenciación de la conciencia lleva a un reconocimiento, de más en más amenazador del conflicto de los opuestos, y significa nada menos que una crucifixión del yo; el estar suspendido entre dos opuestos inconciliables. No puede tratarse, ciertamente, de una total extinción del yo, pues si no quedaría aniquilado el foco de la conciencia, lo que tendría por consecuencia una inconciencia total. (…)…el yo es un espectador sufriente, que no decide, sino que debe someterse a una decisión bien o mal de su grado.”[111]

 

2. La confrontación colectiva del Selbst y el ‘descenso del Paráclito’

           

            Debido a la enorme variedad de estados madurativos psíquicos posibles en cada ser humano, como vimos, la constelación colectiva del Selbst desencadenará diversos destinos psíquicos individuales que he abordado brevemente. Sin embargo, también debemos preguntarnos por los efectos que esta constelación puede tener sobre toda la humanidad como especie.

            Jung consideraba que el trabajo psíquico necesariamente era individual. Pero al mismo tiempo, enfatizaba que el trabajo individual repercutía en el proceso de individuación colectivo (dado el carácter holográfico de toda la naturaleza).

            La constelación colectiva del arquetipo del Selbst deberá sin duda tener consecuencias tremendas en la Psique Colectiva, a juzgar por la dramaticidad que implicó esta confrontación simbólicamente en la vida de Job, e históricamente para el propio Jung. Por lo pronto, es esperable la manifestación de los estratos más arcaicos de la psique, que de facto, ya estamos observando a través de la creciente anarquía y fragmentación social, y de hechos tanto psicológicos como telúricos (debido a la naturaleza psicoide de los arquetipos) cuyo alcance conmueven al planeta todo. Entre las capas de la humanidad más frágiles a las fuerzas de lo colectivo, los riesgos de contagio psíquico masivos hoy –y sus consecuencias sombrías- son mayores que nunca antes. En este sentido, es muy importante estar atentos al acontecer mundial e intentar ir leyéndolo simbólicamente, como colaboración en esta tarea de conscientización de las manifestaciones psíquicas colectivas del inconsciente. Sin embargo, también es cierto que esta circunstancia  instala una situación auspiciosa sin precedentes, con una posibilidad real de un cambio radical, y de un hecho inaugural en la psique colectiva que requerirá de toda nuestra fuerza moral.

            Jung salió de esta dramática y tremenda experiencia con el mito renovado en él. Hoy a nosotros la constelación del Selbst nos encuentra sin un mito central eficiente. ¿Cómo lo enfrentaremos?

            El psiquiatra suizo le daba mucha importancia al simbolismo del nacimiento de Cristo en la historia psicológica de la humanidad. Consideraba que éste representaba la encarnación de la Imago Dei (concientización del Selbst), observado este hecho a la luz del proceso de individuación colectivo.

            Jung toma algunos hitos, de la tradición judeocristiana, como puntos simbólicos destacados de este proceso de individuación colectivo, para comprenderlo:

·                    Uno de ellos es el enfrentamiento de Job con Dios, frente a lo que Job considera injusticias y falta de cumplimiento del pacto entre el hombre y Dios. El hombre representa aquí a la conciencia yoica o al sujeto de la conciencia; y Dios representa a la totalidad de la pisque, y la meta de la individuación. Este momento simbolizaría a una conciencia ya firmemente arraigada y diferenciada de las fuentes primitivas y arcaicas de lo colectivo, que frente a un ataque numinoso de las mismas, autogenerado desde el Selbst es capaz de resistirlo, y de reconocer hacia el final de la confrontación, la trascendencia del Selbst[112]. No nos olvidemos para tener un atisbo de tamaña empresa, que el Selbst, en tanto punto de origen y de fin –“el alfa y la omega”- actualiza lo arcaico con todo su poder al constelarse.

·                    Otro hito es el nacimiento de Cristo. Jung ve en esto a la encarnación de la Imago Dei en el hombre, es decir, se establece definitivamente un puente entre el Sujeto de la Totalidad de la psique (Selbst), y el sujeto de la conciencia (yo); y en ese acercamiento mutuo, ambas instancias se modifican mutuamente: Expresándolo con terminología del simbolismo religioso, “el encuentro con su criatura también modifica al Creador”. A esta encarnación de la Imago Dei, Jung la considera como la respuesta a los padecimientos de Job: “Dios [representación humana de la totalidad –Selbst-] tiene la vivencia del hombre mortal, y experimenta aquello mismo que él hizo sufrir a su fiel siervo Job.[113] Sin embargo, señala lo peligroso de desmitologizar a Cristo (es decir, quedarnos meramente con su sentido literal y dejando por fuera sus implicancias simbólicas). Asimismo, enfatiza el desbalance psíquico que genera el asimilar su figura sólo con la función del Amor. Pues si dejamos toda la Misericordia y el Bien para la Imago Dei, el Rigor y el Mal quedarán para los hombres. Esta dicotomía es, efectivamente, muy peligrosa. Por eso, propone la figura complementaria del Anticristo. Traigo aquí a la consideración, el carácter psicoide de los arquetipos. El psiquiatra suizo solía decir que éstos operan como verdaderas entidades vivientes. Todos conocemos la fuerza de las ideas. Es temerario subestimar el poder de los arquetipos. Por eso, la ubicación de figuras y funciones simbólicas contrabalanceadoras de parcialidades peligrosas se convierte en una necesaria tarea. Cuanto más cerca del Cielo se eleve la copa del un árbol, más profundas –necesariamente- deben hundirse sus raíces.

·                    En este sentido, Jung ve muy auspicioso, por sus resonancias simbólicas, tanto el agregado del libro del Apocalipsis al final del Evangelio de Juan, así como el reconocimiento papal en 1950 de la Asunción de María. Respecto del Juan del Apocalipsis, Jung dice de él que “su campo visual se extendió más allá de la primera mitad del eón cristiano” (el eón de Piscis). Durante los primeros mil años de la era de Piscis, el cristianismo se polarizó del lado del Pilar del Bien, del Espíritu y de la Misericordia. Por lo tanto, por compensación enantiodrómica, la segunda mitad de este eón, se orientó hacia el Pilar complementario del Mal, de la Materia y del Rigor. Juan en el Apocalipsis, incluye la figura de un Cristo riguroso y justiciero; esto es una demostración de un proceso psicológico de integración entre ambos polos. Recordemos que el Selbst, en tanto arquetipo de totalidad debe necesariamente incluir a ambos. Es tarea del hombre en su confrontación con el Selbst, aprender a caminar sin identificarse entre los opuestos, aunque reconociéndolos, para aprender cuál es el sentido y la función de cada uno. Entonces, en el eón de Piscis que está finalizando, es fundamental meditar en la función simbólica necesaria que cumplen el rigor, la materia, y el mal dentro de la totalidad. Luz y Sombra, Bien y Mal, y toda dualidad que se nos ocurra, encuentran su raíz en la Unidad de la cual todo procede. He aquí el misterio del Selbst: “Yo formo la luz y creo la oscuridad, hago la paz y creo el mal” (Isaías, 45:7). Si la compensación se reduce sólo a un movimiento enantiodrómico mecánico, la conciencia humana no habrá aprendido acerca de este tremendo misterio. Tenemos la responsabilidad –a diferencia de otros reinos- instalada por la posibilidad de la autoconciencia, de integrar el sentido de ser de la complexio oppositorum que mueve al universo.

·                    Con respecto a la Asunción de María, elevada a la categoría de esposa en el tálamo eterno (lecho nupcial en donde tiene lugar la unión sagrada, aludiendo a las bodas místicas), Jung encuentra en la misma una semejanza con la unión mística que aparece en el Apocalipsis y de la cual nace el Hijo, mediador y pacificador (entre los opuestos). Pues, señala, “el proceso de individuación concluye [siempre] con el símbolo de la hierogamia, de las nupcias del hijo con la esposa-madre”.[114] Toda encarnación de la Imago Dei, va precedida por un casamiento sagrado, la Mysterium Conjuntionis de los alquimistas. La unión sagrada entre la Madre-esposa y el Hijo, es un tema recurrente en muchas cosmogonías, y debe ser entendido metafísicamente. Desde la perspectiva psicológica junguiana, el reconocimiento de la divinidad de María por parte de la institución eclesiástica es un poderoso acto simbólico colectivo que repercute en la individuación colectiva en tanto involucra una unión sagrada, y como tal, la vivencia de una unidad trascendente (manifestación del Selbst).

·                    En esta línea de tomar la historia del simbolismo religioso judeocristiano como mito de la individuación, Jung considera que otro punto decisivo de la misma por sus profundas implicancias psicológicas, es el momento de la Última Cena Pascual de Jesús con sus discípulos. Ante la lamentación de éstos por la despedida anunciada, Cristo promete un Consuelo en su lugar: “…y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito [Consuelo] para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. (…) Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy os lo enviaré. (…) Cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa…”[115]. Señala Jung en Respuesta a Job lo siguiente con relación a este punto de la historia religiosa:  “Cuando Cristo abandone la tierra rogará al Padre que envíe a los suyos un ‘Consuelo’ (el Paráclito), el cual permanecerá eternamente junto a ellos y dentro de ellos. (…) . Cristo pensaba pues en una realización continuada de Dios en sus hijos [refiriéndose a este diálogo siempre renovado entre el Selbst y le conciencia].” Permítanme dos reflexiones respecto a lo anterior. En primer lugar, el descenso del Consuelo que “guiará con verdad”, es posible sólo para algunos que estén en condiciones de recibirlo, pues, al decir de Cristo, no cualquier ser humano puede hacerlo “porque no le ve ni le conoce.” A lo largo de la Tesina hemos explicado que en el proceso de individuación colectivo, hay seres humanos pertenecientes a diferentes estadios madurativos, y que aún hoy hay ‘hombres y mujeres del medioevo’, ‘hombres y mujeres del Renacimiento, otros del siglo XIX… Y sólo unos pocos son “hombres y mujeres modernos” en el alcance que le daba Jung a esta idea, refiriéndose por tal a aquéllos que habían ido metabolizando y comprendiendo simbólicamente la historia; y eran capaces de vivir en el hoy sin residuos psicológicos. Esta última calidad madurativa de seres humanos escasea, pero existe. Son éstos los que estarán suficientemente abiertos al Espíritu de Verdad, y por lo tanto, en condiciones de recibir al Paráclito (confrontar saludablemente con el Selbst y tolerar la tremenda tensión psíquica que este enfrentamiento conlleva). En segundo lugar, y conectado con lo anterior, aquel grupo que esté en condiciones de hacerlo, inaugurará –de ser posible que esta circunstancia culmine exitosamente- un período novedoso en la historia de la humanidad, que bien podríamos denominarlo una cristificación grupal, o la continuación del proceso de florecimiento inaugurado por Cristo, en el proceso de individuación colectivo (correspondiente al eón de Acuario).

 

“…la inhabitación de la tercera persona divina, es decir, del Espíritu Santo, en el hombre, origina una cristificación de gran cantidad de hombres…”[116]

 

            Es mi profunda convicción que el destacado psiquiatra suizo con su visionario talento, sin dudas anticipó la posibilidad de una cercana constelación colectiva del Selbst. Y que, asimismo, era plenamente consciente de los riesgos que esto implicaba desde un punto de vista psíquico. Por eso, dedicó su vida a alertar acerca de la necesidad de llevar a cabo un trabajo interior (con el alma, con psiqué), y de esmerarnos en la comprensión simbólica de la realidad, sabiendo leerla entrelíneas, inteligiéndola.

            Selbst, Punto Primordial, Origen y Telos, están hoy abriéndose y constelándose delante de nuestros ojos. ¿Cómo responderemos? ¿Nos veremos arrastrados compulsiva y ciegamente hacia el Caos originario (cuando el yo –sujeto de conciencia- sucumbe ante las fuerzas de lo colectivo)? ¿O nos pararemos conscientemente sobre éste, nuestro Arché (Arca o Matriz arquetípica formal), comprendiendo y tomando conciencia con todo nuestro ser de que este Punto Solis, la Mónada, es nuestro fundamento, la Base, Fuente o Raíz sobre la cual nos sostenemos y sobre la cual se sostiene la Vida misma? Si así fuera, la Base nos guiará con Espíritu de Verdad  en la ‘realización – florecimiento’ de nuestro telos, de nuestra meta.

 

REFLEXIONES FINALES

  

            Al igual que ocurre en el proceso de individuación personal, esta relación “conciencia –en este caso, planetariaSelbst” señala un punto de tensión crítico para la salud psíquica colectiva, el cual será riesgoso para la misma, de persistir el actual divorcio entre Physis -naturaleza-, y Psique –alma-.

            Por lo tanto, esta situación –que es inédita en el proceso de individuación humano en tanto especie- tiene dos posibilidades resolutivas por parte de la psique:

·                    Atravesar la crisis de maduración sanamente, mediante el establecimiento creciente de una relación dialéctica entre las dos dimensiones psíquicas –consciente / inconsciente-, lo cual puede dar emergencia a una nueva modalidad de conciencia en el proceso de individuación colectivo: una conciencia grupal o en red, por el alcance colectivo de este proceso.

·                    O negativamente, quedando la conciencia colectiva expuesta al aspecto numinoso del Selbst, lo cual presupone la invasión masiva de los contenidos arcaicos del Inconsciente colectivo.

 

ANEXO


 

Inconsciente Colectivo , Psique Objetiva y Ciencia

 

Lo Inconsciente no es simplemente lo desconocido, sino que  por el contrario es (…) lo desconocido psíquico.”[117]

 

  1. El inconsciente y la “ otra cara” de la realidad

 

El descubrimiento del Inconsciente ha traído la necesidad de instalar una nueva perspectiva en nuestra percepción del mundo. Los “hechos” ya no “son” meramente en su manifestación empírica, positivista y cruda. La “realidad externa”, a partir de este descubrimiento -que marca un hito en la historia científica de la humanidad-, ha pasado a tener otra cara, o si se prefiere, una contra cara –la simbólica-: En tanto todo hecho es percibido por una psique bifronte, consciente e inconsciente, como la de Jano; la realidad también se “duplica” en su alcance y resonancia.

Constituye, entonces, un trabajo, y hasta me animaría a decir, una necesidad ética, el tener que lidiar cotidianamente con el misterio que se nos abre frente a ese sentido velado que presentan los hechos. El “fenómeno externo” en tanto tal, se nos ofrece ante nosotros al mismo tiempo como la sugestiva bailarina de la danza de los siete velos, para que vayamos levantando la punta de sus velos. Es decir, el fenómeno externo también se nos ofrece como “fenómeno simbólico” para que vayamos viendo cómo, capa a capa, se nos va revelando un sentido no anticipado previamente por la mente consciente.

Las manifestaciones del inconsciente no son azarosas sino que al igual que ocurre con las del consciente, expresan una intencionalidad, aunque a través de un sentido velado. Por eso, la realidad tiene que ser mirada en su doble alcance, no como una sucesión de meros hechos empíricos, sino también como ocasión de indagación  simbólica para la revelación de un sentido, que se mantendrá oculto si la conciencia no se abre a la riqueza significativa del inconsciente.

 

“La integración de los contenidos inconscientes es un acto individual de realización, comprensión y valor moral. Es una tarea dificultosa que exige un alto grado de responsabilidad ética. Sólo de un número de individuos relativamente reducido cabe esperar la capacidad para un logro semejante, y ésos no son los líderes políticos de la humanidad sino sus líderes morales. La conservación y el ulterior desarrollo de la civilización dependen de cada individuo…”[118]

 

En el actual trabajo nos hemos preguntado acerca del sentido velado, y las implicancias simbólicas de los sucesivos descubrimientos astronómicos y astrofísicos que cambiaron radicalmente la posición del hombre en el Cosmos.

 

  1. Los paralelismos entre Psicología y Física cuántica

 

La sincronicidad y la cualidad psicoide del arquetipo –como vimos en el Marco Teórico- hace evidente la relación que emerge entre la psicología y la física –me refiero a la física cuántica en particular-, ya que ésta también llega a la conclusión, a partir de sus estudios sobre las características de la luz y de la materia, que la misma se comporta de modo contradictorio como sucede con los arquetipos. Del mismo modo que Jung en los comienzos de su trabajo se preguntaba si los arquetipos eran de naturaleza psíquica o no; los físicos, a comienzos del siglo XX se preguntaban si la luz y la materia eran de naturaleza ondulatoria o de naturaleza era corpuscular.

 

Hubo en la física, en ese entonces, a comienzos del siglo XX, un momento de máxima tensión por el carácter paradojal del comportamiento de la luz y la materia. Algo análogo sucedió en la psicología analítica con relación a la naturaleza del arquetipo en el cual se tuvo que aceptar también una contradicción o paradoja: ¿Es el arquetipo de naturaleza psíquica o no?

           

            En el campo de la física, por lo tanto, también apareció una complexio oppsitorum paradojal: la luz, y la materia a veces nos presentan más un aspecto como ondulatorio, y otras, un aspecto más como corpuscular no siendo nunca ni verdaderamente “una onda”, ni tampoco “una partícula”.

            La Física Cuántica, de hecho, implica la actualización o "creación" de potencialidades a través de opuestos complementarios, en forma semejante a como Jung concibe la dinámica de la psique.

            De modo que podemos observar en la materia, un aspecto corpuscular (o propiamente “material” según nuestra “percepción habitual y cotidiana” de lo que consideramos materia), y uno, ondulatorio. El aspecto ondulatorio es portador de información a través de la función de onda, a la cual “casualmente”, o sicnronísticamente, se la denomina en física con la letra griega y (“psi”), letra raíz de la palabra de origen griego psique (ψυχή, psyché, “alma”).

 

            Es decir, desde la mirada simbólica que nos posibilita la teoría junguiana, la función de onda denominada y (“psi”), está sincronizada” o representa una “coincidencia significativa” vinculada a la psique.

 

            Así que en forma equivalente a como en psicología analítica junguiana se alcanza un punto de máxima tensión con respecto a la naturaleza del arquetipo (antes de llegar a conceptualizar lo “psicoide” como concepto límite entre lo psíquico y lo no psíquico); también en física cuántica atravesaron una tremenda tensión (¿La luz es ondulatoria o corpuscular?), y se vieron obligados a aceptar una paradoja con respecto a la naturaleza de la misma: A veces, ésta se comporta de modo ondulatorio (función “psi”, de la onda, portadora de información); y otras, de modo corpuscular (al modo de la concepción clásica de la materia). Extendiendo la analogía, la función de onda o “comportamiento ondulatorio” de la luz, se relaciona por analogía con el comportamiento psíquico del arquetipo; y los fotones, “cuantos” o “dosis” donde se halla concentrada la energía, el “aspecto corpuscular” de la luz, está vinculado a la expresión objetiva-material del arquetipo.

 

            Es decir, en forma equivalente, los arquetipos a veces se comportan como de naturaleza “psi”, y otras, al “modo corpuscular (manifestación material de arquetipo).

La naturaleza psicoide del arquetipo está íntimamente vinculada al concepto de sincronicidad. Ambas nociones nos serán de vital importancia para avalar la argumentación de la tesis propuesta.

           

Podríamos, asimismo, establecer una relación de analogía entre la luz y la psique. Así como la luz se comporta a veces de modo ondulatorio y otras, corpuscular; también la psique, se comporta de modo paradojal. Encontramos la cara visible de “pisque” –equivalente al aspecto corpuscular de la luz-; pero además está esa dimensión invisible aunque efectiva –lo inconsciente-, la cual podríamos homologar al aspecto ondulatorio de la luz (o “materia radiante”) y de la materia en general.

 

  1. Ciencia , Arquetipos e Inconsciente Colectivo

 

            La psicología analítica junguiana ha mostrado que todos los seres humanos tenemos en común como especie, un trasfondo arquetípico, entendiendo por tal, a los “moldes” que dan forma a nuestras conductas, emociones y pensamientos, los cuales, consecuentemente, afectan la totalidad de nuestra vida y a todo el campo de la actividad humana: La ciencia no queda excluida del quehacer humano, por el contrario, la presencia de techné (aspecto instrumental de la ciencia), arte y del sentido religioso, son las condiciones sine quanon por las cuales los antropólogos pueden distinguir si los restos hallados en sus excavaciones son de simios o de humanos. De modo que el “buscar conocer” forma parte de la constitución arquetípica del humano.

            Los textos míticos, religiosos y el arte recurren constantemente a los símbolos, a las metáforas, a las parábolas y a las analogías como recursos expresivos característicos de su campo; involucrando y convocando así, altamente a la dimensión subjetiva y al sentir humano, propias del orden simbólico.

            ¿Pero qué sucede con la ciencia? Si siguiéramos un hilo conductor simplista y reduccionista, podríamos llegar a la falsa creencia de que la ciencia no tiene relación alguna con el inconsciente, en tanto ésta, se adjudica un campo de actividad que, se supone, prioriza la objetividad y el razonamiento desprovistos de emocionalidad, de sentido mítico y místico, como método de abordaje propio de su quehacer. Por otra parte, su actividad se sustenta en demostraciones formales, contrastaciones experimentales, y conceptos prolijamente definidos, para lo cual, según muchos científicos, no hace falta convocar o postular la existencia de un inconsciente.

            Es bien conocido el hecho de que muchas de las ideas científicas fueron “intuidas, o comprendidas” en sueños[119], o a veces “por casualidad” o “coincidencias significativas” –sincronicidades- como afirman sus propios autores, con lo cual, rápidamente la afirmación del párrafo anterior pierde su sustento[120].

            Esto evidencia que la actividad científica – por más métodos de control y de aseguramiento de contrastación de sus resultados- es también (y aunque parezca una obviedad la aclaración) una actividad del psiquismo. Y, en tanto tal, como cualquier otra actividad psíquica, involucra a las fuerzas del inconsciente.

            Mi interés es señalar que en todo acto psíquico, está presente una dimensión inconsciente, en tanto éste no sólo es una parte constitutiva de la psique sino que además, es la fuente misma de nuestro funcionamiento psíquico. Al referirme, entonces, a toda actividad psíquica, incluyo también a la científica –con su entendible aspiración de objetividad y con su esmero de contrastación en búsqueda de comprobaciones o refutaciones a sus hipótesis-. Cualquier expresión psíquica –aún la científica- estará sujeta a las regulaciones compensatorias características del inconsciente.

            Jung ha influido profundamente en la comprensión de este fenómeno –la relación entre la ciencia y el inconsciente-.

 

…“toda obra realmente creadora, no puede ser, en definitiva, explicada sólo por la racionalidad [consciente][121]. Dentro de sus zonas de acción se reconocen modelos arquetípicos como una dinámica de actividad de fondo…” (…) “… y con frecuencia se descifra en ellas el mensaje de ciertas tendencias evolutivas intencionadas del inconsciente[122].”

 

Merece especial mención en este ámbito de ideas, el vínculo entre el famoso psiquiatra suizo, y el premio Nobel de Física, Wolfgang Pauli[123].

A partir del intercambio con Jung, Pauli se interesó en el estudio de la psicología profunda del inconsciente, en particular, en el fenómeno de la sincronicidad (fenómeno sustentado en la naturaleza psicoide del arquetipo). Pauli vio una vinculación entre la noción de sincronicidad y el modelo propuesto por la Física Cuántica.

El físico cuántico se vio muy movilizado por el impacto que causaron en su vida –incluyendo en ella a su propia actividad científica- los nuevos conocimientos sobre psicología. Tan importante fue el impacto que la psicología profunda causó en él, que comenzó a estudiar el papel del simbolismo en el campo de los conceptos científicos.

Pauli consideraba que debíamos establecer un paralelo entre nuestras investigaciones de los objetos externos (ámbito habitual de estudio de la física), y una investigación psicológica del origen interior de nuestros conceptos científicos (ámbito habitual de la psicología). También esperaba que la noción del inconsciente se extendiera más allá de la “estrecha armazón del uso terapéutico”, y llegara a influir en todas las ciencias naturales que tratan los fenómenos generales de la vida.[124]

 

Los inesperados paralelismos de ideas en psicología y física sugieren, como señala Jung, una posible y definitiva unicidad de ambos campos de la realidad, que estudian la física y la psicología, es decir, una unicidad psicofísica de todos los fenómenos de la vida.”[125]

 

Debido a su convencimiento de esta unidad psicofísica, Jung coincide con los alquimistas para quienes:

 

“La sustancia arcana es una misma, ya se encuentre dentro o fuera del hombre. El procedimiento alquímico acontece afuera y adentro. Quien no sabe liberar de sus ataduras a la veritas en su propia alma, tampoco logrará la “obra” física”.[126]

 

En síntesis, dada la unicidad psicofísica entre Psicología y Física, los descubrimientos acerca del origen que están teniendo lugar en la ciencia estarán vinculados indudablemente a su correlato psíquico, la cuestión del Selbst. La constelación colectiva del Selbst es indicadora de una circunstancia notabilísima de por sí, y que marca época en el proceso de maduración psicológico humano. Evidentemente estamos presenciando un momento histórico inaugural en el desarrollo psíquico humano. En esta Tesina de Maestría intenté abordar esta crisis de reorientación perceptiva, psíquica y vital inédita que la constelación colectiva del Selbst viene generando, y las posibles respuestas y reacciones a esta crisis, apoyándome en el fondo arquetipal del cual surgen las ideas científicas. 

GLOSARIO


 

Anima

            En la teoría junguiana, se designa bajo este término a las personificaciones del ser femenino y en la que se expresan las tendencias psicológicas que son propias de esta condición. El ánima se opone al ánimus que representa en este caso a las personificaciones del ser masculino.[127]

            Lo que se compendia en el concepto de  ánima es un contenido extremadamente dramático del inconsciente. Se lo puede definir en términos racionales, científicos, pero con ello se está muy lejos de expresar su carácter viviente. (…) El ánima es el factor proyectante, o el inconsciente representado por ella. Cuando aparece lo hace personificada, en sueños, visiones y fantasías, manifestando que el factor que la subtiende posee todas las cualidades conspicuas de una naturaleza femenina. … cada madre y cada amada[128] es la portadora y actualizadora de esa peligrosa imagen especular inherente a lo más profundo de la naturaleza del varón.[129]

 

Animus

            Este término quiere decir “entendimiento” o “espíritu”. Así como el ánima corresponde al eros materno, así el ánimus  corresponde al logos paterno. “Está muy lejos de mi itención dar a estos dos conceptos intuitivos una definición demasiado precisa. Utilizo eros y logos sólo como ayudas conceptuales, para describir que la conciencia de la mujer se caracteriza más por lo unitivo del eros que por lo diferenciador y cognoscitivo del logos.”[130] En los varones está más desarrollado el logos que el eros, función relacionante. En la mujer el eros constituye una expresión de su verdadera naturaleza, mientras que su logos, no rara vez representa un lamentable accidente que suscita malentendidos (…) porque no consiste en reflexiones sino en opiniones.

            (…) Como el ánimus es más preferentemente argumentativo, se lo puede ver más fácilmente en obra en discusiones polémicas. Pero también es cierto que los hombres pueden argumentar de modo muy femenino cuando están poseídos por el ánima (…) En tales casos, en el hombre están en juego la vanidad y la sensibilidad personales, mientras que en la mujer lo que está en juego es el poder de la verdad, de la justicia o abstracciones del mismo género. Por amigable que su eros sea, cuando la mujer está poseido por su ánimus no se deja conmover por ninguna lógica del mundo.

            (…) Cuando ánima y ánimus se encuentran, el ánimus desenvaina la espada de su poderío y el ánima instala el veneno de su seducción y engaño. El resultado no es necesariamente negativo, pues ambos pueden llegar a amarse.

            (…) Por el lado tanto positivo como negativo, la relación ánima/ánimus es siempre “animosa”, vale decir, emocional, y por lo tanto, colectiva.

            (…) Mientras que en el varón la obnubilación animosa es sobre todo del orden de la sentimentalidad y el resentimiento, en la mujer se manifiesta por modos de ver, insinuaciones, interpretaciones y malas interpretaciones, que tienen el objetivo – y a veces el resultado- de cortar la relación entre dos seres humanos.[131]

 

Arquetipo

            Jung usa por primera vez el término arquetipo en 1919. En los tiempos tempranos usaba en su lugar “imagen primordial”, la cual sólo usó ocasionalmente en tiempos posteriores. Esta paráfrasis no mostró ser una muy feliz. Condujo a malas interpretaciones, debido a que “imagen primordial” usualmente fue frecuentemente entendido como algo con un contenido definido, una imagen, siendo de hecho y por el contrario “irrepresentable”, de acuerdo a la definición que Jung hace del Icc.

            Con el transcurso del tiempo, Jung amplió su concepto de arquetipo. Reconoció que también debía ser visto como el fundamento inconsciente creativo de ideas abstractas y de teorías científicas.

            Aniela Jaffé, comentará que la concepción junguiana del arquetipo es una continuación del pensamiento tradicional platónico. Así como para Platón, la “idea”, es una especie de modelo espiritual preexistente en relación a la apariencia o fenómeno, así también lo es el arquetipo para Jung.[132]

“Lejos de ser un término moderno, estaba ya en uso antes de la época de San Agustín, siendo sinónimo de “Idea” en el sentido platónico”.[133]

            El término fue introducido por Jung a partir del concepto de Imago Dei acuñado por Filón de Alejandría para referirse a los factores constitutivos del Inconsciente Colectivo.

Jung asimila el concepto de arquetipo al eidos platónico.[134]

            El arquetipo no se halla determinado por un contenido específico sino tan sólo formalmente, pues constituye mucho más que una figura de representación dada a priori, es decir, es una facultas preformandis, antes que un contenido.

            La eficacia del arquetipo no reside por lo tanto, en su contenido propio, sino en el hecho de constituirse como el soporte material de una representación. [135]

            El número de arquetipos es relativamente limitado, porque corresponde a las “posibilidades de vivencias típicas fundamentales”  propias del ser humano en tanto especie. Los motivos arquetípicos los encontramos en todas las mitologías, leyendas, tradiciones religiosas y misterios.[136]

             

Cuaternidad

            La cuaternidad es un arquetipo que se presenta universalmente. Es la premisa lógica de todo juicio de totalidad. (…)  La perfección ideal es lo redondo, pero su escala mínima es la cuadratura.

            Una cuaternidad o un cuaternio, tiene con frecuencia  una estructura 3 + 1, pues una de las magnitudes adopta una postura excepcional y es de naturaleza distinta. (…) Cuando la cuarta magnitud se presenta junto a las otras tres surge el “Uno”, que simboliza la totalidad. En la psicología analítica no es rara la función de “menor valor” (es decir, aquella función que no está a la disposición consciente del hombre) que encarna al “cuarto”. Su integración en la conciencia representa una de las principales tareas del proceso de individuación.[137]

 

Dinámica Psíquica

El problema de los contrarios es para Jung la ley inherente a la naturaleza humana. El proceso psíquico es un proceso vital, con una dinámica polar de relaciones entre contrarios, reguladas mutuamente, merced a movimientos y cambios de la intensidad de la energía psíquica, cuya distribución se asemeja a la de los vasos comunicantes.

En este sistema total la cantidad de energía es constante, y solamente es variable su distribución. Ningún valor anímico puede desaparecer sin ser sustituido por otro equivalente.[138]

El movimiento energético ocurre cuando hay una diferencia de potencial que se expresa en el par de contrarios.

Si la circulación energética entre contrarios, por algún motivo se ve refrenada, esto dará lugar al estancamiento energético psíquico, lo cual oportunamente conllevará a la emergencia de una compensación enantiodrómica.[139]

 Enantiodromía

            Concepto tomado de Heráclito. (del griego antiguo,  enantios, “contrario, opuesto”, y dromos, “carrera”) significa correr en sentido contrario. Indica la función reguladora de los contrarios.

            Jung lo definirá como «la aparición, especialmente en sucesión temporal, del principio opuesto inconsciente. Este fenómeno característico se da en casi todos los sitios donde una dirección extremadamente unilateral domina la vida consciente, de modo que se forma en el tiempo una posición opuesta inconsciente dotada de idéntica fuerza, la cual se exterioriza primero por la inhibición del rendimiento consciente y más tarde por la interrupción de la dirección consciente».

 

Función Psíquica

            Los rasgos, cualidades y peculiaridades de carácter que tenderán a manifestarse de modo predominante”.

            La “función” es una “cierta forma de actividad psíquica que permanece (y se expresa) idéntica a sí misma aún en circunstancias distintas”.[140]

 

Funcion Principal

            Es aquélla para la cual el ser humano está más capacitado, por naturaleza, para expresarla y manifestarla desde los inicios y de modo más diferenciado. Es aquella que está más ampliamente desarrollada en cada uno de nosotros. Frecuentemente nos identificamos con la función principal, por lo cual, “nos reconocemos” en ella.

 

Función inferior

            Es aquélla que queda rezagada en el proceso de diferenciación progresiva de la psique. Por lo tanto, será aquella que queda menos diferenciada y cuya índole será fundamentalmente inconsciente[141].

 

Función Trascendente

La función trascendente resulta de la unificación de los opuestos.[142]

“La vía de la función trascendente  es el destino individual. (…)…esa vía sólo es en general posible y de buen éxito si las tareas mundanas propias que se le plantean a tales individuos se afrontan también en la realidad. Las fantasías no son sustitutos de la vida, si no frutos del espíritu que sólo quien paga su tributo puede recoger.”[143]

“la continuada toma de conciencia de las fantasías de inconsciente con participación activa en el fantaseo trae por consecuencia (…) que, primero, la conciencia se amplía al incorporarse a ella numerosos contenidos inconscientes; segunda, el influjo dominante del inconsciente poco a poco se va desmantelando; y tercero, ocurre un cambio de personalidad.
El cambio de personalidad no es (…) ninguna modificación de la disposición heredada originaria, sino un cambio de actitud general
. (…) A este cambur a que se apunta al dirimir posiciones con el inconsciente he dado el nombre de función trascendente de la psique. Esa notable capacidad de transformación del alma humana, que expresa precisamente que esa función, es el objeto preferencial de la filosofía alquímica del Medio
[144]evo tardío, donde se expresa el conocido simbolismo de los alquimistas. (…)…la función trascendente, la transformación de la personalidad por mezcla y combinación de partes nobles e innobles, de las funciones diferenciadas con las inferiores, de lo consciente con lo inconsciente.”

 

 

Libido

            Un valor de energía[145] que puede comunicarse a cualquier sector: poder, hambre, odio, sexualidad, religión, etc. sin que sea nunca un instinto específico[146].

“Entiendo por libido la energía psíquica. (…) Con mucha frecuencia uso indistintamente las expresiones de libido y energía.”[147]

 

Inconsciente personal y colectivo

            El campo de la conciencia encuentra su límite en el ámbito de lo desconocido, el cual consiste en todo aquello que no se sabe, lo que no está en relación con el yo en tanto centro del campo de la conciencia.

Lo desconocido se divide en dos grupos de objetos:

  1. los externos, sensorialmente aprenhendibles: representa lo desconocido del entorno.
  2. los internos, de aprehensión inmediata. A lo desconocido del mundo interno lo llamamos inconsciente.

Los contenidos inconscientes se dividen a su vez en tres grupos:

  1. contenidos temporariamente subliminales o voluntariamente reproducibles.
  2. contenidos no reproducibles voluntariamente.
  3. contenidos totalmente inaccesibles a la conciencia. Éste grupo es una consecuencia lógica, y comprenden a contenidos que nunca han irrumpido a la conciencia, o que nunca lo harán.

            Lo inconsciente no es simplemente lo desconocido, sino que es lo desconocido psíquico. Es decir, aquello que si llegara a nuestra conciencia, ésta no podría diferenciarla de otros contenidos conocidos por nosotros.

Pero también debemos incluir en  lo inconsciente, el sistema psicoideo, sobre cuya naturaleza no podemos decir nada.

            El estado de los contenidos inconscientes no es igual al de los conscientes, aquellos adoptan un carácter compulsivo sobre el cual no se puede ejercer influencia alguna, y este carácter sólo se les quita cuando se hacen conscientes.

            El Inconsciente Colectivo es idéntico a sí mismo en todos los seres humanos, y constituye así el fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en todo humano.[148]

Los contenidos de lo inconsciente personal son en lo fundamental los llamados complejos (de carga afectiva). En cambio a los contenidos de lo inconsciente colectivo se los denomina  arquetipos.

 

Modalidad extrovertida y Modalidad introvertida[149]

            Las modalidades introvertida o extrovertida señalan actitudes generales en el abordaje de la vida, tanto del mundo, con las personas, como de lo que nos acontece en lo externo y también en lo interno, como habitantes de un mundo psíquico. Es decir, la “tipología extrovertida o introvertida” matiza nuestro modo de vincularnos en general.

            Estas dos modalidades de funcionamiento energético psíquico se relacionan con la atención a la cara externa psíquica o a la cara psíquica interna.

 

Modalidad extrovertida 

            En el caso del tipo extrovertido, la característica es que se abre natural y espontáneamente al contacto con el mundo externo y busca adaptarse a él. Esto hace que desarrolle un temperamento  sociable, hace que se adapte fácilmente a las modas y gustos sociales y se guíe por sus regulaciones. Mirado externamente, podríamos decir que el extravertido se adapta con facilidad a las condiciones del mundo externo: se interesa por lo que sucede afuera, su orientación es preferentemente hacia los objetos y hacia los hechos exteriores.

 

Modalidad introvertida

            El individuo perteneciente al tipo introvertido, no se orienta por el mundo externo ni por las personas u objetos externos, sino por los factores subjetivos.

            Al introvertido, entre lo que ocurre externamente y la respuesta que eventualmente llega a dar, se le interpone su propio punto de vista subjetivo de modo muy preponderante (mucho más que en el extrovertido, quien casi no tiene registro de esto). Esto impide que su reacción se corresponda con los hechos objetivos y visibles.

            El introvertido ve, efectivamente, las condiciones externas como el extrovertido, pero la decisión la toma fundamentalmente basándose en datos subjetivos, en sus propias condiciones subjetivas[150]. Se apoya fundamentalmente en sus impresiones.

            Dice Jung que para el introvertido, “el mundo no es sólo en sí y por sí, sino que también es tal como se me aparece a mí.”

Se mueve cómodo en los mundos internos, tiene un registro inmediato de lo que sucede en su mundo psíquico (en el sentir, en el pensar, en el intuir o en lo sensorial). Es decir, el mundo subjetivo predomina en su registro. Por el contrario, no se adapta fácilmente a las modas circundantes, o a lo que el mundo exterior “impone”.

 

Numinoso

            Concepto de Rudolf Otto (“lo sagrado”) para lo indecible, lo enigmático, lo horripilante, lo completamente distinto, la propiedad experimentable sólo en lo divino que le incumbe.[151]

            Historiador de religiones profundamente creyente, Rudolf Otto (1869 – 1937) reacciona contra la corriente que conducía a una visión reductora de la religión, de los dioses y de los mitos. (…) Para Otto, el concepto no da acceso al misterio, porque emplea la lógica de la exclusión. (…) Gracias al símbolo, el conocimiento religioso capta lo eterno por la vía de la intuición. Otto redescubre el misticismo, (…) más allá de las diferencias formales, existe una convergencia de las grandes religiones en torno a un elemento central idéntico: lo sagrado. (…) Para identificar a este elemento Otto acuña el término “numinoso”. (…) Para Otto se trata de la toma de conciencia de un misterium tremendum, o sea, de algo misterioso y terrible que inspira temor y veneración. (…) C. G. Jung demostró que el símbolo es capaz de poner en juego, como transformador de energía psíquica, una experiencia que corresponde a lo que Otto había señalado como “numinoso”… Según Jung, en un encuentro numinoso lo consciente (yo empírico) se ve confrontado súbitamente a la experiencia de sus propios límites y a la presencia de una realidad trascendental que está sobreordenada: el Sí mismo. Una experiencia de este tipo es de orden arquetípico y permite la irrupción en la conciencia de contenidos transindividuales pero que tienen una profunda potencia de individuación.[152]

 

Persona

            “La persona es tan sólo una máscara de la psique colectiva, una máscara que transmite la engañosa sensación de ser individual, y que no siendo realmente más que un papel interpretado en el que toma la palabra la psique colectiva, hace que los otros y nosotros mismos pensemos que seríamos individuales. (…) La persona no es en absoluto “real”. La persona es un compromiso entre el individuo y la sociedad.” [153]

 

            Complejo funcional y circunscrito que surge por razones de adaptación o de la necesaria comodidad. No es idéntico a la individualidad. La persona, es esa máscara adoptada  ad hoc, y se refiere exclusivamente a la relación con los objetos.[154]

 

Principio de totalidad psíquica[155]

            La psique comprende la totalidad de los procesos psíquicos, tanto los conscientes como los inconscientes. La psique se moverá espontáneamente hacia una búsqueda de la expresión de la totalidad de la misma. De modo que si hay una tendencia hacia la unilateralidad –es decir, expresar sólo cierto tipo de funciones psicológicas en forma restrictiva y estrecha- la psique realizará movimientos que buscarán integrar lo que está a oscuras, latente, y no expresado.

 

Principio de energía psíquica[156]

            La dimensión consciente y la inconsciente se comportan de modo compensatorio y complementario entre sí. De este modo, si el yo queda absolutamente cerrado en el campo de lo consciente, puede en determinado momento quedar “poseído” por arquetipos provenientes del inconsciente, que lo arrebatarán “para sí mismos” con una finalidad energética compensatoria. Esta verdadera posesión u obsesión tendrá una función (arquetípica) complementaria para restablecer el equilibrio energético de la psique que se había obstaculizado. En este caso, el yo se verá, entonces,  poseso por fuerzas del inconsciente

 

Proceso de Individuación

            Es un proceso psíquico espontáneo, natural y autónomo, el cual le es dado a todo sujeto potencialmente; aunque en su mayor parte acontece en forma inconsciente (…)

            Movimiento de maduración inherente a la psique (…)… puede verse impedido, inhibido o encubierto por algún trastorno. En ciertas circunstancias, así en el trabajo psicoterapéutico, puede, por diversos métodos, ser estimulado, intensificado, hecho consciente, vivenciado y elaborado conscientemente. (…)… este camino no es ni puede ser seguido por todos. No deja de ser peligroso este camino, y necesita severo control por parte del compañero o médico, así como por parte de la propia conciencia tiene que cuidar de la integridad del yo, frente a los contenidos del inconsciente de gran fuerza invasora, y dirigir su organización metódicamente.

            (…) El curso de la individuación ha sido descrito a grandes rasgos y muestra unas leyes formales. Consiste en dos grandes estadios que llevan signos opuestos y se condicionan y complementan recíprocamente. El primero, tiene como tarea la iniciación en la realidad externa, y se cierra con la firme configuración del yo, la diferenciación de la función principal. Tiene como objetivo la adaptación y ordenación del hombre en su mundo. El segundo, conduce a una iniciación en la realidad interna a un profundo conocimiento de sí mismo, del hombre (…), a una ligazón consciente interna y externa del hombre con la estructura del mundo, telúrica y cósmica.[157]

 

Psicoide

            Jung refiere por tal a la transgresividad del arquetipo que suscita su manifestación en la psique y en la materia simultáneamente[158].

            Un arquetipo nuestra un aspecto psicoide (es decir, no puramente psíquico, sino material).[159]

            “Por lo tanto, cuando empleo la palabra psicoideoen primer lugar, no la tomo en forma de sustantivo, sino de adjetivo; en segundo lugar, no me refiero a ninguna cualidad propiamente psíquica, o sea anímica, sino a una cualidad cuasi – psíquica, como la que poseen los procesos reflejos; en tercer lugar, con ese concepto circunscribo una categoría de fenómenos distinta por un lado de los meros fenómenos vitales, y por otro de los procesos propiamente p´siquicos. Esta última distinción nos forzará a definir la naturaleza y extensión de lo psíquico y muy especialmente de lo psíquico inconsciente.”[160]

 

Psique

La totalidad de los procesos psíquicos, tanto conscientes como inconscientes.[161]

 

Sí Mismo (Selbst)

En cuanto concepto empírico Jung denomina así al “conjunto íntegro de todos los fenómenos psíquicos que se dan en el ser humano (…)… expresa la unidad y totalidad de la personalidad global. Pero en la medida en que ésta nunca puede ser consciente sino de manera parcial a consecuencia de su componente inconsciente, propiamente el concepto es empírico sólo en parte, y por lo tanto en esa misma medida es un postulado. … el concepto del sí mismo engloba cosas experimentables y no experimentables.”

“Empíricamente aparece en sueños, mitos, y cuentos en la figura de la “personalidad de orden superior”, como rey, héroe, profeta, círculo, cuadrado, cruz, etc. En la medida que representa una complexio oppositorum, una unión de los contrarios, el sí mismo también puede aparecer como una dualidad unificada: el Tao, hermanos, el héroe y su antagonista (dragón, hermano enemigo,  mortal…),

Intelectualmente tiene tan sólo el significado de una hipótesis. En cambio, sus símbolos empíricos poseen con mucha frecuencia una significativa luminosidad, esto es, un valor sentimental a priori (…) y con ello se revela como una representación arquetípica, que se distingue de otras representaciones del mismo género por ocupar un lugar central, en correspondencia con la importancia de su contenido y numinosidad.”[162]

            Es un factor de guía interior que es distinto de la personalidad consciente.

            Es el centro organizador desde el cual emana el efecto regulador de la psique       (…) Jung lo describió como la totalidad de la psique, para distinguirlo del ego, que constituye sólo una pequeña parte de la totalidad de la psique.

            Puede emerger muy débilmente o puede desarrollarse con una totalidad relativa a lo largo de toda la vida. Hasta dónde se desarrolla depende de si el ego está dispuesto o no a escuchar el mensaje del “sí mismo”.[163]

 

Símbolo y Signo

 

Jung enfáticamente a lo largo de su obra nos compele a distinguir entre símbolo (función simbólica) y signo (función semiótica): “En mi concepción, el concepto de símbolo es rigurosamente distinto del concepto del mero signo (…)

Toda concepción que explique la expresión simbólica como una analogía o designación abreviada de una cosa es una concepción semiótica. Una concepción que explique la expresión simbólica como la mejor formulación posible, (…) o como la más clara que hasta el momento puede hacerse de una cosa relativamente desconocida, es una concepción simbólica (…)

Un símbolo sólo está vivo mientras se halla preñado de significado. Pero si el símbolo  ha dado luz su sentido, esto es, si ha sido encontrada la expresión que formula mejor que el símbolo usado hasta el momento la cosa buscada, aguardada o presentida, entonces el símbolo muere (…)

Una expresión que se emplea para designar una cosa conocida no pasa nunca de ser un mero signo y jamás un símbolo. Por ello es imposible crear un símbolo vivo a partir de conexiones conocidas.

Toda teoría científica, en la medida que incluye una hipótesis, esto es, una designación anticipada de una situación que en lo esencial es aún desconocida, es un símbolo. Asimismo es un símbolo todo fenómeno psicológico, si se supone que dice y significa más cosas y otras cosas que las que dice y significan, y que se sustraen a nuestro conocimiento actual (…)

Que algo sea o no un símbolo depende en primer lugar de la actitud de la conciencia que lo contempla. Por ejemplo, de un entendimiento que “ve” la situación factual dada no sólo como tal, sino también como la expresión de algo desconocido (…)

Podemos calificar de actitud simbólica esa actitud, que concibe como simbólico el fenómeno dado (…)… es la emanación de una determinada visión del mundo, la cual atribuye un sentido a los acontecimientos (…) que es mayor que el que pone en la pura facticidad. A tal visión se opone una visión diferente, que pone siempre el acento en la pura facticidad y que subordina el sentido a los hechos.[164]

Lo que llamamos símbolo es un término, un nombre o aún una pintura que puede ser conocido en la vida diaria, aunque posea connotaciones específicas además de su  significado corriente y obvio. Representa algo vago, desconocido u oculto para nosotros (…)

Así que una palabra o una imagen, es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto “inconsciente” más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado. (…) Como hay innumerables cosas más allá del alcance del entendimiento humano, usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico  o imágenes. (…) El hombre también produce símbolos en forma inconsciente y espontáneamente en forma de sueños. (…) los símbolos no se producen sólo en los sueños. Aparecen en toda clase de manifestación psíquica: Hay pensamientos simbólicos, situaciones y actos simbólicos. (…)

Hay muchos símbolos que no son individuales sino colectivos en su naturaleza y origen, son, principalmente imágenes religiosas. [165]

 

Sincronicidad

Un contenido inesperado que se vincula inmediata o mediatamente con un acontecimiento objetivo externo que coincide con el estado psíquico del sujeto.

Por tal, se entiende a la simultaneidad de cierto estado psíquico y de uno o varios acontecimientos exteriores que se manifiestan como elementos objetivos paralelos en la vida del sujeto, y que le son significativos en relación con el estado subjetivo del momento y viceversa.

La sincronicidad presupone un significado que es a priori con respecto a la conciencia humana, y que parece existir fuera del hombre. Y por lo tanto, implica aceptar que los hechos reales también son simbólicos, que un objeto real es metáfora de otro[166].

Este concepto fue elaborado por Jung en colaboración con Wolfang Pauli, premio Nobel de Física. Por lo tanto, involucra el trabajo conjunto ente un psicólogo reconocido y un científico proveniente de las Ciencias Fácticas. Los ejemplos que Jung expone se ubican generalmente dentro de los fenómenos estudiados por la psicología y la parapsicología; sin embargo, su dominio se extiende al de la física y las Ciencias Naturales[167].

Esta “coincidencia significativa en el tiempo” se presenta bajo tres formas:

·                    la coincidencia de cierto estado psíquico con un proceso objetivo que se percibe ocurriendo simultáneamente.

·                    La coincidencia  de un estado psíquico subjetivo con una fantasía (sueño o visión) que luego resulta ser un acontecimiento objetivo ocurrido más o menos simultáneamente, pero a distancia.

·                    La tercera forma es similar a la segunda, pero el acontecimiento ocurre en el futuro y está representado en el presente por una fantasía que le corresponde.

 

Yo

Ha de entenderse por “yo” ese factor complejo al que refieren todos los contenidos de conciencia. Constituye en centro del campo de conciencia. Y en la medida que abarca la personalidad empírica, es el sujeto de todos los actos de conciencia personales. No es consciente  ningún contenido que no sea una representación para el sujeto.

El yo como contenido de conciencia no es un factor simple y elemental en sí. Se sustenta en dos bases: una somática y una psíquica. Lo somático se infiere del conjunto de sensaciones endosomáticas (que ya son de naturaleza psíquica). He propuesto aplicar el concepto de psíquico sólo a aquella esfera en que la voluntad puede modificar el proceso instintivo reflejo.

La base somática del yo, consiste en factores conscientes e inconscientes. Lo mismo vale para la parte psíquica del yo: consiste en factores conscientes e inconscientes. El yo  se sustenta por una parte en el campo de conciencia en conjunto, y por otra, en el conjunto de contenidos inconsciente.

El yo es sólo el punto de referencia, fundado y limitado por el factor somático del campo de conciencia. No obstante el carácter relativamente desconocido e inconsciente de sus bases, es un factor consciente por excelencia. Pese a la amplitud de sus bases, el yo nunca es más ni menos que la conciencia general.[168]

Es el ego el que proporciona luz a todo el sistema, permitiéndole convertirse en consciente, y por lo tanto, realizarse. La innata pero oculta totalidad de la psique no es la misma cosa que una totalidad plenamente conocida y vivida.[169]

 

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Referencias


 

[1] C. G. Jung, Op. Cit., T.10 “El problema anímico del hombre moderno”, pág. 82, párrafo 175.

[2] Con la obvia excepción del caso de los gemelos cromosómicos.

[3] Para mayor información, consultar Marco Teórico, ver “arquetipos”.

[4] C. G. Jung, “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”, pág. 10

[5] Op. Cit., pág.10

[6] Marie-Louise von Franz (n. Múnich, Alemania, en el 4 de enero de 1915 - † 17 de febrero de 1998), hija de un barón austríaco, vivió en Suiza. Fue una erudita y analista junguiana. Trabajó con Carl Gustav Jung desde que lo conoció en 1933 hasta su muerte en 1961. Jung la alentó a vivir con su compañera y analista junguiana Barbara Hannah, que era 23 años mayor que von Franz. Cuando Hannah preguntó a Jung por qué estaba tan interesado en ponerlas juntas, Jung respondió que lo hacía porque quería que viera “que no todas las mujeres son tan impetuosas como su madre", y +también declaró que "la verdadera razón de que deberíais vivir juntas es que vuestro principal interés será el análisis y los analistas no deberían vivir solos." Las dos mujeres se convirtieron en amigas de por vida.

Von Franz fundó el C.G. Jung-Institut Zürich. Como psicoterapeuta, se ha dicho de ella que interpretó unos 65.000 sueños, principalmente en su práctica en Küsnacht, Suiza. Von Franz escribió también más de 20 volúmenes sobre psicología analítica, especialmente sobre cuentos de hadas en su vinculación con lo arquetípico y la psicología profunda, gracias a su amplificación de los temas y caracteres. Escribió también sobre la alquimia, abordándola desde una perspectiva psicológica y junguiana, y sobre la imaginación activa, que podría ser descrita como una ensoñación consciente. (www.wikipedia.com).

[7] Voz griega en plural:“núcleos”

[8] De modo análogo podríamos expresar: “Así como la Física aún no comprende qué son realmente la materia oscura y la energía oscura, que son el 95 % del universo. ¿Será una sicnronicidad?

[9] C. G. Jung, “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”, pág, pág. 11, llamada al pie de página.

[10] C. G. Jung, “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”, pág. 11.

[11]A. Jaffé. , “The Myth of Meaning”,  pág. 23.

[12] A. Jaffé. Ídem ant. pág.17.

[13] La noción de obstáculo espitemoilógico fue formulada por Gastón Bachelard en su libro La Formación del Espíritu Científico. Bachelard, cuya obra impactó en el desarrollo epistemológico nació en   1884 y falleció en 1962. Fue un filósofo y crítico francés. Se interesó por la historia de la ciencia, moderna o contemporánea, y al mismo tiempo por la imaginación literaria. Algunos ven en su obra literaria, influencias de C.G. Jung, entre otros. Para Bachelard, se conoce “en contra” de los conocimientos anteriores, es decir, superando obstáculos epistemológicos. No obstante, es imposible desentenderse por completo de los conocimientos usuales, y sólo una vigilancia epistemológica constante podrá ayudarnos en esta tarea de trascender los puntos de vista estereotipados. La vigilancia para superar obstáculos no cesará nunca.

[14] Jung, “Acerca de la naturaleza de la psique”.

[15] “Myth of meaning”. Cap. 2: “Inconsciente y Arquetipo”, A. Jaffé, pág.23

[16]A. Jaffé.  Ídem ant.

[17] C. G. Jung, “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”, pág 128

[18] La aclaración entre barras es mía.

[19]  A. Jaffé. Ídem ant.

[20] El agregado entre barras es mío.

[21] A. Jaffé. Ídem ant.

[22] “La relación con el cerebro no demuestra en  modo alguno que la psique sea, como se lo denomina, un “epifenómeno”, una manifestación secundaria dependiente causalmente de los procesos bioquímicos que tienen lugar en el sustrato. Aunque sabemos suficientemente cómo afectan a la función psíquica los procesos que demostrablemente tienen lugar en el carebro. (…) No obstante, los fenómenos parapsicológicos nos exhortan a ser prudentes, pues indican una relatividad del espacio y tiempo…”C. G. Jung, O. C. T10, “Presente y Futuro”, pág. 254, párr. 527.

[23] Para la definición ampliada de este concepto, ver el Glosario.

[24] C. G. Jung, O. C. T10, “Presente y Futuro”, pág. 256, párr. 530..

[25] Desarrollaré esta noción más adelante, pero para ampliarla, consultar el Glosario.

[26] Un hombre íntegro es un desafío mucho más complejo que el de un hombre bueno meramente, ya que el primero tiene como condición sine quanon la aceptación de la vivencia de la tremenda tensión psíquica que implica una confrontación interna con aspectos considerados moralmente incompatibles entre sí.

[27] O, expresado en términos religiosos: “la encarnación de Dios en el hombre”.

[28] C. G. Jung, “Memorias, sueños y reflexiones”, párr.756. Al hablar de “Opus”, hace clara referencia a que lo que él  denomina proceso de individuación, es análogo a lo que los alquimistas de toda época  consideraban la Obra , o proceso alquímico de transmutación del ser.

[29] Párrafo extraído de “The myth of meaning, pág.84.

[30] Unus mundus, literalmente Un mundo, o Un solo mundo, es un término que se refiere al concepto de una realidad subyacente unificada a partir de la cual todo emerge y a la cual todo retorna. Fue popularizado por el psicólogo analítico suizo Carl Gustav Jung, aunque el término se utilizó también en el siglo XVI por Gerhard Dorn, un discípulo del famoso alquimista Paracelso. Aparece ya en El Timeo.

Los conceptos junguianos de Arquetipo y Sincronicidad están relacionados con el Unus mundos; el Arquetipo sería una expresión del Unus mundus. La Sincronicidad, o Coincidencia significativa, son factibles por el hecho de que ambos, el observador y el acontecimiento concurrente, se derivan en última instancia de la misma fuente, el Unus mundus.

Por tanto, es de resaltar que este mundo es, de hecho, un ser viviente dotado con alma e inteligencia... una entidad única y tangible que contiene, a su vez, a todos los seres vivientes de universo, los cuales por naturaleza propia están todos interconectados. Platón, El Timeo 29,30

[31] C. G. Jung. Adaptación, individuación y Colectividad”, O.C. T18/2, pág. 9, párr. 1086.

[32] Etimológicamente, significa “delante del templo”.

[33] El cual nos habilita a habitar el propio templo (psíquico) y a tomar conciencia del universo mismo como templo.

[34] Este término se explica más adelante, o aconsejamos ir al Marco Teórico para mayor detalle.

[35] Para ver los conceptos ampliados de ánim,a y ánimus, recomendamos ir al Marco teórico.

[36] La psicología de Jung, capítulo “El sí mismo”, pág. 193.

[37] C. G. Jung, Glosario de Los Tipos Psicológicos[37]

[38] Frase tomada de Fernando Schwarz, de su libro: Mitos, ritos y Símbolos. Antropología de los Sagrado.

[39] Aión, , capítulo 4: El Sí mismo, pág. 37, C.G. Jung

[40] C. G. Jung, O.C. T. 10, El problema anímico del hombre moderno”, pág. 83, párrafo175.

[41] Para ver la relación entre el Punto Primordial y el Selbst, consultar Aión, capítulo trece: “Símbolos gnósticos del Sí mismo”, de C.G. Jung, pág. 228 y siguientes.

[42] Esta situación ya  fue entrevista por C. G. Jung, quien en su libro Respuesta a Job, hace referencias alusivas al “descenso del Paráclito” ( o “Consuelo”) como se lo denomina en el Evangelio de San Juan; dejando entrever la posibilidad de un proceso de Cristificación grupal. La figura de Cristo, según Jung está esencialmente vinculada con el Arquetipo del Selbst.

[43] El término postmodernismo o postmodernidad designa generalmente un amplio número de movimientos artísticos, culturales, literarios y filosóficos del siglo XX, definidos en diverso grado y manera por su oposición o superación del moderno.

Las diferentes corrientes del movimiento postmoderno aparecieron durante la segunda mitad del siglo XX. Aunque dicho término se aplica a corrientes muy diversas, todas ellas comparten la idea de que el proyecto modernista fracasó en su intento de renovación radical de las formas tradicionales del arte y la cultura, el pensamiento y la vida social.

Uno de los mayores problemas a la hora de tratar este tema resulta justamente en llegar a un concepto o definición precisa de lo que es la postmodernidad. La dificultad de ello reside en diversos factores, entre los cuales se halla su actualidad, con los otros inconvenientes que ésta trae aparejados: la escasez e imprecisión de los datos a considerar. Como también la fa   lta de un marco teórico válido para poder analizar extensivamente todos los hechos que se van dando a lo largo de este complejo proceso que se llama postmodernismo. Pero el principal obstáculo proviene justamente del mismo proceso que se quiere definir, porque es precisamente eso lo que falta en esta era: un sistema, una totalidad, un orden, una unidad, en definitiva coherencia.

Características histórico-sociales

·        En contraposición con la Modernidad, la Postmodernidad es la época del desencanto. Se renuncia a las utopías y a la idea de progreso.

·        Se produce un cambio en el orden económico capitalista, pasando de una economía de producción hacia una economía del consumo.

·        Desaparecen las grandes figuras carismáticas, y surgen infinidad de pequeños ídolos que duran hasta que surge algo más novedoso y atractivo.

·                    La revalorización de la naturaleza y la defensa del medio ambiente se mezcla con la compulsión al consumo.

·                    Los medios de masas y el mercadeo se convierten en centros de poder.

·                    Deja de importar el contenido del mensaje, para revalorizar la forma en que es transmitido y el grado de convicción que pueda producir.

·                    Desaparece la ideología como forma de elección de los líderes siendo reemplazada por la imagen.

·                    Los medios de masas se convierten en transmisoras de la verdad, lo que se expresa en el hecho de que lo que no aparece por un medio de comunicación masiva, simplemente no existe para la sociedad.

·                    Aleja al receptor de la información recibida quitándole realidad y pertinencia, convirtiéndola en mero entretenimiento.

·                    Se pierde la intimidad y la vida de los demás se convierte en un show.

·                    Desacralización de la política.

·                    Desmitificación de los líderes.

Características socio-psicológicas:

·                    Los individuos sólo quieren vivir el presente; el futuro y el pasado pierden importancia.

·                    Hay una búsqueda de lo inmediato.

·                    Proceso de pérdida de la personalidad individual.

·                    La única revolución que el individuo está dispuesto a llevar a cabo es la interior.

·                    Se rinde culto al cuerpo y la imitación masiva, con una pretendida libertad individual.

·                    Retorno a lo mágico (en sentido infantil) como justificación de sucesos.

·                    Pérdida de confianza en la razón y la ciencia, pero en contrapartida se rinde culto a la tecnología.

·                    El hombre basa su existencia en el relativismo y la pluralidad de opciones, al igual que el              subjetivismo impregna la mirada de la realidad.

·                    Pérdida de  confianza en el poder público.

·                    Despreocupación ante la injusticia.

·                    Desaparición de idealismos.

·                    Ausencia de proyecto vital.

·                    Desaparición de la valoración del esfuerzo.

·                    Existen divulgaciones diversas y muy diferentes sobre la Iglesia y la creencia  en un Dios.

·                    Aparecen grandes cambios en torno a las diversas religiones.

·                    Desaparece la literatura fantástica.

·                    La gente se acerca cada vez más a la inspiración 'vía satelital'.

·         Las personas aprenden a compartir la diversión vía Internet. (Fuente: www.wikipedia.com en español)

[44] C. G. Jung, Obras Completas T. 10, “Presente y Futuro”, p.247.

[45] Se estaba refiriendo en el texto, puntualmente a la “función religiosa”.

[46] Op. Cit. P. 264.

[47] El Proyecto Genoma Humano (PGH) es un proyecto internacional de investigación científica con el objetivo fundamental de determinar la secuencia de pares de bases químicas que componen el ADN e identificar y cartografiar los aproximadamente -25.000 o 30.000 genes del genoma humano desde un punto de vista físico y funcional.

El proyecto, fue fundado en 1990 en el Departamento de Energía y los Institutos de la Salud de los Estados Unidos, bajo la dirección de James D. Watson, con un plazo de realización de 15 años. Debido a la amplia colaboración internacional, a los avances en el campo de la genómica, así como los avances en la tecnología computacional, un borrador inicial del genoma fue terminado en el año 2001. Finalmente el genoma completo fue presentado en abril del 2003, dos años antes de lo esperado.              El Genoma Humano es la secuencia de ADN de un ser humano. Está dividido en 24 fragmentos, que conforman los 23 pares de cromosomas distintos de la especie humana (22 autosomas y 1 par de cromosomas sexuales). Está compuesto por aproximadamente entre 25000 y 30000 genes distintos. Cada uno de estos genes contiene codificada la información necesaria para la síntesis de una o varias proteínas (o ARN funcionales, en el caso de los genes ARN). El "genoma" de cualquier persona (a excepción de los gemelos idénticos y los organismos clonados) es único. (Fuente: www.wikipedia.com en español)

[48] En relación al humano y sus ancestros, se llamó eslabón perdido al hipotético espécimen que uniría a los humanos actuales con sus antepasados simios. Los Australopithecus, antiguos homínidos bípedos con un mosaico de rasgos simiescos y humanos, cumplen bien ese papel.

El concepto de eslabón perdido se considera hoy en día científicamente incorrecto porque no hay uno, sino muchos, y justamente no son “eslabones de una cadena” sino partes o ramas de un árbol.     Desde aquellos años los medios de comunicación vienen anunciando el encuentro del eslabón perdido en cada descubrimiento de homínido fósil. Lo hicieron con el Hombre de Neandertal en 1865, con los Australopithecus en 1925, con el Proconsul, el Ramapithecus, con el Homo erectus y hasta hoy en día lo siguen haciendo.

El 19 de mayo de 2009 fue anunciado el hallazgo de un fósil de 47 millones de años de antigüedad, denominado Ida, es considerado el "eslabón perdido" entre los primates haplorrinos -monos, simios y humanos- y sus parientes más lejanos.

[49]             La Arqueología (del griego άρχαίος 'viejo' o 'antiguo', y λόγος 'estudio') es una disciplina que estudia las sociedades a través de sus restos materiales, sean estos intencionales o no. Es una ciencia social autónoma, que estudia a los seres humanos a través de su cultura material y psicológica.

[50]             Para mayor información ver, “La primera civilización”, de C. Knight y A. Butler, editorial Zenith, España, 2005.

[51] Para profundizar en el tema, recomiendo la lectura de “Mitos, ritos, símbolos. Antropología de lo Sagrado”, de Fernando Schwarz. (Ver bibliografía)

[52]             El término astrofísica se refiere al estudio de la física de todos los astros u objetos astronómicos, en general. Si bien se usó originalmente para denominar la parte física y explicativa de las observaciones astronómicas teórica de dicho estudio, la imposibilidad de separar ambos aspectos debido a la complejidad abarcada, explicación a ha llevado a cabo que los términos astronomía y astrofísica sean usados en forma equivalente. (Fuente: www.wikipedia.com en español)  

[53]         La cosmología física, es la rama de la astrofísica, que estudia la estructura a gran escala y la dinámica del Universo. En particular, trata de responder las preguntas acerca del origen, la evolución y el destino del Universo.         

                La cosmología física, Tal y como se comprende actualmente, comienza en el siglo XX con el desarrollo de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein y la mejora en las observaciones astronómicas de objetos extremadamente distantes. Estos avances hicieron posible pasar de la mera especulación a la búsqueda científica empírica de los orígenes del universo, y permitió a los científicos establecer firmemente la teoría del Big Bang (con todas sus posibles variantes). Dicha teoría que se ha convertido en el modelo estándar mayoritariamente aceptado por los cosmólogos debido al el amplio rango de fenómenos que abarca y a las numerosas evidencias observacionales que la apoyan. aunque todavía existe una minoría de investigadores que presenten otros puntos de vista basados en alguno de los modelos cosmológicos alternativos.

            La cosmología física trata de entender las grandes estructuras del universo en el presente (galaxias, agrupaciones galácticas, cúmulos y supercúmulos), utilizando los objetos más distantes y energéticos (quásares, supernovas y GRB’s) para comprender la evolución del universo y estudiar los fenómenos ocurridos en el universo primigenio cerca de la singularidad inicial (inflación cósmica, nucleosíntesis primordial y la radiación cósmica de fondo de microondas). (Fuente: www.wikipedia.com en español)

[54] C. G. Jung, Obras Completas, T 10. “El hombre arcaico”, pág. 49 y 50.

[55] Aión, capítulo XIII, Símbolos gnósticos del sí mismo, apartado 8, pag. 231, de C.G. Jung

[56] Michael Maier, fue un famoso alquimista que nació en Rendsburg, Holstein, en 1568. Estudió filosofía y medicina en Rostock (1587), Fráncfort del Óder (M.A. 1592), y Padua. Logró en 1596 un doctorado en medicina, en Basilea, y volvió a Rostock para practicar la profesión médica. También trabajó brevemente en Kaliningrado y Gdansk. Durante este periodo de tiempo empezó a interesarse por la alquimia. En 1608 marchó a Praga, y en 1609 llegó a ser médico y consejero imperial de Rodolfo II. El interés del emperador por lo oculto fue la razón de su alta estima por Maier.

Maier escribió un comentario sobre Hermes Trismegisto y fue dedicado, con el emperador, a investigar los secretos de la naturaleza.

Entre 1611 y 1616, Maier pasó un tiempo en Inglaterra en la corte de Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra, y también sirvió a otros príncipes alemanes, en particular el príncipe de Nassau, gran protector de la alquimia.

Su Fuga de Atalanta (Atalanta fugiens), libro emblemático sobre alquimia, fue publicado en 1617; junto a imágenes, poémas y discusión incluyó cincuenta piezas de música. (Fuente: www.wikipedia.com en español)

[57] John Dee (13 de julio de 1527 – finales de 1608 o principios de 1609) fue un notorio matemático, astrónomo, astrólogo, ocultista, navegante, y consultor de la reina Isabel I. Dedicó gran parte de su vida al estudio de la alquimia, la adivinación y la filosofía hermética.

Dee incursionó en los mundos de la ciencia y de la magia tal y como estaban siendo distinguidos. Uno de los hombres más eruditos de su época, fue invitado a disertar sobre álgebra avanzada en la Universidad de París, mientras aun no superaba la veintena. Dee fue un ardiente promotor de las matemáticas y un respetado astrónomo, así como un destacado experto en navegación.

Estudiante del neoplatonismo renacentista de Marsilio Ficino, Dee no hacía distinciones entre su investigación matemática y su estudio de la magia hermética, la invocación de ángeles y la adivinación. Consideró sin embargo que todas sus actividades constituían diferentes facetas de la misma búsqueda: la indagación de una comprensión trascendente de las formas divinas que subyacen al mundo visible, que Dee llamó "verdades puras".A lo largo de su vida Dee acumuló la biblioteca más grande en Inglaterra y una de las más grandes en Europa.

[58] Podría decir también “grano de arena”, pero no se me escapan las implicancias cristianas de la metáfora.

[59] El arquetipo del Selbst en tanto pone de manifiesto la complexio oppositorum, nos hace percibir todas las paradojas y contradicciones que se nos presentan en la vida cotidiana, algunas de las cuales abordaremos en el presente trabajo: Por ejemplo, ¿La psique es materia o espíritu?; ¿La luz onda o corpúsculo?, etc.

[60] C. G. Jung., Obras Completas, T. 10, “Presente y Futuro”, “La amenaza del individuo en la sociedad moderna”, pág. 235.

[61] Este texto fue escrito en el año 1957, esta tendencia ha seguido incrementándose.

[62] C. G. Jung., Obras Completas, T. 10 “El problema anímico del hombre moderno”.,pág. 79 y 90

[63] Op. Cit., pág. 88- 89.

[64] El escotoma es un área ciega o parcialmente ciega de la retina debido a alguna patología. En psicología se utiliza este término por extensión para referirse a la incapacidad de “ver”, y por la tanto a la negación     de algo que está en conflicto con su ego. (Fuente: Diccionario de Psicología)

[65] Se sabe que hubo culturas astrológicas desde la más remota antigüedad (como la védica, la caldea, la sabea, etc.). Pero hoy nos limitaremos a la historia que es más conocida para nosotros en Occidente.

[66] Desde la perspectiva de la física actual –a partir de Einstein-, es más correcto decir “al modo copernicano”: Supongamos que la Tierra girase alrededor del Sol…” y no meramente afirmar “la Tierra efectivamente gira alrededor del Sol”, porque Einstein mostró que todo movimiento es relativo. Es decir que, para la física moderna, es tan válido tomar como punto de observación “en reposo” a la Tierra (y mirar desde aquí “el movimiento” celeste), como tomar de punto de observación “en reposo” al Sol o cualquier otro lugar del universo.

[67] Los “Cúmulos estelares” son condensaciones locales de estrellas unidas por fuerzas gravitacionales que aparecen en el cielo como concentraciones de puntos luminosos o, incluso, como tenues nebulosidades.

Según su estructura se subdividen en cúmulos abiertos y cúmulos globulares.

Los cúmulos abiertos, contienen estrellas de joven y media edad pertenecientes a la llamada Población I, similares a las estrellas que caracterizan las zonas circundantes de nuestro Sol. Los cúmulos globulares, en cambio, son de antigua formación: unos diez mil millones de años. (Fuente: www.astronomia.com).

[68] Tras el descubrimiento de Urano, se observó que las órbitas de Urano, Saturno y Júpiter no se comportaban tal como predecían las leyes de Kepler y de Newton. Adams y Le Verrier, de forma independiente, calcularon matemáticamente la posición de otro planeta, Neptuno. Finalmente lo encontró Galle, en 1846, a menos de un grado de la posición calculada por Adams y Le Terrier. (Fuente: www.wikipedia.com).

[69] En astronomía, Plutón era considerado un planeta enano. Recientemente se ha creado una nueva categoría llamada “plutoide” en la que se incluye a Plutón, (sustituyendo al nombre de planeta enano) que forma parte de un sistema planetario doble con Caronte. Es también el prototipo de una categoría de objetos transneptunianos denominada plutinos, y también de los plutoides. Posee una órbita excéntrica y altamente inclinada con respecto a la eclíptica, que recorre acercándose en su perihelio hasta el interior de la órbita de Neptuno. (www.wikipedia.com)

[70] Como sucede en el caso de Neptuno, que fue descubierto por sus efectos en la órbita de Urano.

[71] C.G. Jung, Psicología y Religión.

[72] Op. Cit.

[73] La comunidad científica se encontró en la década del ’20 con otra crisis tan fuerte como la que enfrentó con la transición del sistema geocéntrico al heliocéntrico. Sólo que esta vez, lo inaceptable era la finitud y el carácter dinámico del universo-.

[74] Textos sagrados muy antiguos de la India.

[75] C.G. Jung, O.C. T. 10, El problema anímico del hombre moderno”, pág. 78, párr 162 y 163.

[76] C.G. Jung, O.C. T. 10,”Presente y Futuro”, pág. 238, párr 496

[77] Ver libro: “El problema anímico del hombre moderno”,  C. G. Jung, O.C. T. 10

[78] Ver Marco Teórico.

[79] C. G. Jung, , O.C. T. 10, “El problema anímico del hombre moderno”, p. 72, párr. 150.

[80] C.G. Jung, O.C. T. 10, “El problema anímico del hombre moderno”, pág. 78, párr 155.

[81] C.G. Jung, O.C. T. 10, “El problema anímico del hombre moderno”, pág. 78, párr 163.

[82] C.G.Jung, “Aión”, pág. 259 y 260.

[83] C. G. Jung, La Realidad del Alma, capítulo 1, pág. 31 y 32.

[84] Ver Marco Teórico.

[85] C. G. Jung, Aión, Cap. 4,  pág. 47.

[86] Ibídem, anterior, pág.40 y 41.

[87] C. G. Jung, “Memorias, sueños y reflexiones”, Cap. El análisis de lo Inconsciente, pág. 229.

[88] C. G. Jung, “Memorias, sueños y reflexiones”, Cap. El análisis de lo Inconsciente, pág. 237.

[89] E. F. Edinger, “The Creation of Consciousness. Jung’s Myth for Modern Man”. Cap. 1, pág 12.

[90] C. G. Jung, “Memorias, sueños y reflexiones”, Cap. El análisis de lo Inconsciente, pág. 229.

[91] Aniela Jaffé, The myth of Meaning, Cap. 8, pág. 107 y 108.

[92] … “Yo mismo me encontraba –así me lo parecía- en el Pardes rimmonim, en el jardín de las granadas y tenía lugar la Boda de Tiféret y Maljút. O yo era como el rabí Simón ben Jochai, cuyas bodas se celebraban entonces. Se trataba de las bodas místicas, tal como se presentan en la tradición cabalística. (…)

Paulatinamente la vivencia del jardín de las granadas fue desvaneciéndose y se transformó: Siguió “la fiesta Pascual de Jerusalén”… (…) Había ángeles y luz: Yo mismo era la “fiesta pascual”.

También esto desapareció y se me presentó una última representación, la última visión. (…) Y allí, en el teatro, tenía lugar el hierosgamos (…) me sumergía noche tras noche en la más pura bienaventuranza. (…) No es posible hacerse una idea de la belleza e intensidad del sentimiento que experimentaba durante las visiones (…) ¡Y luego el contraste con el día! Entonces me sentía atormentado y con los nervios enteramente destrozados. Todo me irritaba. Todo era demasiado material, demasiado grosero, y demasiado torpe, limitado espacial y espiritualmente (…).

Entonces comprendí porqué se habla del “olor” del Espíritu Santo que llena el espacio. Así era. Había un espíritu en la habitación, de inexpresable beatitud, cuya explicación era la Mysterium Conjunctionis. (…)…  Las visiones y vivencias fueron completamente reales; nada quedó por experimentar, sino que todo fue de la máxima objetividad”. Fuente: C. G. Jung, “Memorias, sueños y reflexiones”, Capítulo: “Visiones”,  pág. 345, 346 y 347.

[93] Aniela Jaffé, The myth of Meaning, Cap. 8, pág.107

[94] C. G. Jung. O.C. T.10, Presente y Futuro, pág. 245, párr. 511.

[95] Ver C. G. Jung. O.C. T . 10, “Presente y Futuro”, capítulo: Occidente ante la cuestión religiosa,.

[96] C. G. Jung, Respuesta a Job, capítulo 13, pág. 99.

[97] C.G.Jung, O.C., T. 10 “El problema anímico del hombre moderno”, párr.171, pág. 80.

[98] C.G.Jung, O.C., T. 10 “El problema anímico del hombre moderno”, párr.173, pág. 81.

[99] C.G. Jung, “Aión”, Cap. 14, p. 259.

[100] Ibídem ant.

[101] C. G. Jung, Respuesta a Job, capítulo 18, pág. 119 y 120

[102] Ver Las relaciones entre el yo y el Inconsciente, cap. 4: Los intentos por liberar a la individualidad de la psique colectiva.

[103] Ídem anterior.

[104] C.G.Jung. OC. T.10, “Presente y Futuro”, pág. 236.

[105] [105] C.G.Jung. OC. T.10, “la Lucha contra la Sombra párr. 448, pág. 211.

[106] Ver C. G. Jung,  O.C., T.7, p 185 párr 254.

[107] C.G.Jung, O.C., T. 10, “La lucha con la sombra”, párr. 451, pág. 212.

[108] Ver, C.G. Jung,, “las relaciones entre el yo y el inconsciente”,capítulo 3, pág. 121 y siguientes.

[109] C.G. Jung,, “las relaciones entre el yo y el inconsciente”,capítulo 3,pág. 123.

[110] C.G. Jung,, “las relaciones entre el yo y el inconsciente”,capítulo 3,pág. 125.

[111] C. G. Jung, Aión, Cap. 5,  pág. 58

[112] Y Job respondió a Yaveh: “Sé que eres todopoderoso: Ningún proyecto te es irrealizable. Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro. (…) Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos: Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza”. Libro de Job, versículo 42.

[113] C. G. Jung, Respuesta a Job”, cap. 7, Job y Cristo, pág. 61.

[114] C. G. Jung, Respuesta a Job”, cap. 17, La Madre y el Niño, pág. 117..

[115] Evangelio de Juan, capítulos 14: 16, y 14:15, 15 y 16.

[116] C.G. Jung, Respuesta a Job, cap. XX, pág. 131.

[117] C. G. Jung, “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”, pág.129.

[118] C. G. Jung. , “Obras Completas, T. 10, “La lucha con la Sombra”, pág. 212.

[119] En El hombre y sus Símbolos,  Jung comenta los casos del famoso matemático Henri Poincaré y el del químico Kekulé, siendo ellos mismos quienes habían reconocido que ciertas ideas se les ocurrieron “de forma repentina y pintoresca”. La idea de Kekulé sobre la estructura del benceno según la versión más conocida, es que tras mucho trabajar en el problema, terminó hallando la solución en un sueño. Ver pág.38.

[120] Algunos otros ejemplos de estas “casualidades  o coincidencias significativas” son los descubrimientos de la penicilina, el velcro, el teflón o la dinamita, dado que sus afortunados descubridores no estaban buscando estas cosas. “Serendipia” es un término que describe el descubrimiento accidental de cosas no buscadas. Es ubicua en la ciencia y la tecnología, y detrás de muchos de los avances científicos fundamentales hay una historia curiosa. (Fuente: Glosario de Ciencia Ficción, comentario de Jacobo Cruces Colado, www.ciencia-ficcion.com).

[121] El agregado [consciente] es mío: En la literatura de la psicología analítica junguiana se suele homologar “racionalidad= consciente”, “irracionalidad= inconsciente”. Como vimos, el inconsciente está dotado de intencionalidad, y de un sentido de propósito incluso trascendente. Por tal motivo, prefiero personalmente, hablar de “racionalidad trascendente o supraconsicente”, en lugar de denominar “irracional” a su operatividad, habidas cuentas de su direccionalidad y del complejo orden que despliega en su accionar.

[122] Extr. de “El Hombre y sus Símbolos”, capítulo: “La ciencia y el inconsciente.”

[123] Wolfgang Ernest Pauli, (nacido en Austria el 25 de abril de 1900,  –   † 15 de dic. de 1958). Se nacionalizó primero   suizo y luego, estadounidense. Fue un físico teórico austríaco y uno de los pioneros de la física cuántica. Luego de ser nominado por Albert Einstein, recibió el Premio Nobel de Física, por su “decisiva contribución de una nueva ley de la Naturaleza, el Principio de Exclusión de Pauli”, que involucra a la teoría del espín, apuntalando la estructura de la materia y de toda la química. Hacia finales de 1930, muy poco después de su postulación teórica de la existencia del neutrino, e inmediatamente seguido de su divorcio en noviembre, Pauli sufrió un colapso psíquico severo. En ese momento lo consultó a Jung, quien como Pauli, vivía cerca de Zürich. Jung rápidamente comenzó a interpretar sus sueños profundamente arquetípicos, y Pauli, se convirtió en uno de sus mejores estudiantes de psicología profunda. Pronto, él   mismo comenzó a aportar con su vasta experiencia científica a la epistemología de la teoría junguiana, y esto contribuyó a una clarificación de los pensamientos posteriores,  especialmente los relacionados con el concepto de sincronicidad. Una gran cantidad de estas discusiones están documentadas en las cartas entre Pauli y Jung, publicadas hoy como Atom and Archetype. Jung elaboró el análisis de más de 400 sueños de Pauli, los cuales aparecen en Psicología y Alquimia. Si bien Jung no da la identidad del soñante y se refiere él como un ser con un carácter espiritual superior, se supone que  los mismos pertenecen al físico austríaco. (Fuente: www.wikipedia.com en inglés)

[124] Fuente: Marie Luise von Franz, capitulo “La ciencia y lo inconsciente”, del libro “El hombre y sus símbolos.”

[125] Íbídem

[126] C.G.Jung, “Aión”, Cap. 11, p. 173.

[127] Jürgen  Hoffmann: Jung, Diccionario  de alquimia y hermética

[128] Y no sólo de ellas, sino también de la hija y de la hermana: ver Aión, pág. 26.

[129] Aión, capítulo Tres, La Sicigia: Ánima y ánimus

[130] Ídem

[131] Idem.

[132]The Myth of Meaning”, cap.2. Aniela Jaffé

[133] Los Arquetipos y el Icc. Colectivo”, C.G.Jung

[134] Jürgen  Hoffmann: Jung, Diccionario  de alquimia y hermética.

[135] Recuerdos, sueños, pensamientos. Glosario, pág.473.

[136]La psicología de C.G.Jung”,Jolande Jacobi., pag.85.

[137] Op. Cit., pág. 475.

[138]La psicología de C.G.Jung”,Jolande Jacobi.

[139] Ver “enantiodromía”.

[140] Tipos Psicológicos.

[141]La psicología de C.G.Jung”,Jolande Jacobi.

[142] C.G.Jung, “Las Relaciones entre el yo y lo Inconsciente”, Cap. 3, pág. 125

[143] C.G.Jung, “Las Relaciones entre el yo y lo Inconsciente”, Cap. 3, pág. 126

[144] C.G.Jung, “Las Relaciones entre el yo y lo Inconsciente”, Cap. 3, pág. 121, 122.

[145] J. Jacobi, (ver bibliografía) aclara, que el uso de la palabra “energía”, en Jung, tiene un carácter empírico, tal como el uso que se le da en física; y no meramente metafísico como el uso que hace Aristóteles de la misma: la energía como un poder formativo universal. Para Jung, la energía psíquica es más vale la tensión que surge a partir del encuentro entre opuestos, tales como “espíritu” y “materia”. “Este par de contrarios es no sólo la expresión, sino quizá también la base de aquella tensión que nosotros denominamos energía psíquica”.

[146] Símbolos de Transformación.

[147] Tipos Psicològicos. Definiciones.

[148] “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”. Pág. 10-, 130 y sgtes. C. G. Jung

[149] Extraído de  “Tipos Psicológicos”

[150] Jung denomina “factor subjetivo” a aquella acción o reacción que se funda con la influencia ejercida por el objeto, y que da forma a un nuevo hecho psíquico”. (Ver “Tipos Psicológicos”, pág.447, apartado: “El tipo Introvertido”)

[151]Recuerdos, sueños, pensamientos”. Glosario.

[152]Mitos, ritos, símbolos. Antropología de lo sagrado.”  Cap. 4, pag. 49 y sgtes, de F. Schwarz. 

[153] Jung,  Carl G.Dos escritos sobre Psicología Analítica”, Cap. 3, p. 179.

[154] Jung,  Carl G “Tipos Psicológicos” Definiciones.

[155] .Jolande JacobiLa Psicología de Jung.” Cap.3.

[156]  Jolande JacobiLa Psicología de Jung.” Cap.3.

[157]La Psicología de Jung.” Cap.3. Jolande Jacobi

[158] La Sincronicidad. ¿Existe un orden a-causal?

[159] El Hombre y sus Símbolos. Capítulo: La ciencia y el Inconsciente. M.L. von Franz

[160] C.G.Jung, “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”, Cap. 4, pág. 122.

[161] Ídem.

[162] Tipos Psicológicos. Glosario. C.G. Jung

[163] El Hombre y sus Símbolos. Capítulo: Proceso de Individuación. M.L. von Franz

[164] Tipos Psicológicos. Glosario. C.G. Jung

[165] El Hombre y sus Símbolos”. Cap. 1: Acercamiento al inconsciente . C.G. Jung

[166]  “Jung y el principio de sincronicidad”, de A. Haber

 

 

[168] Aión, capítulo 1: El Yo. C.G. Jung

[169] El Hombre y sus Símbolos, capítulo 3: El proceso de individuación. M. L von Franz